Ahí se encontraba Nygma, recostado sobre el verde cesped viendo, viviendo sus últimos minutos.
Es un lugar lindo para morir pensó, mientras con su mano ensangrentada agarró un diente de león. Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro. Ahí estaba el hombre pensando en morir, ya quería llegar al próximo al próximo mundo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.
Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quien él amaba con todo su corazón. Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, en su boca se dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por las lágrimas que brotaban constantemente de sus ojos. Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible. Lloraba, gritaba, le confesaba su amor, y él tan sólo sonreía sin escuchar esas importantes palabras. El mago había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.
Es un lugar lindo para morir pensó, mientras con su mano ensangrentada agarró un diente de león. Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro. Ahí estaba el hombre pensando en morir, ya quería llegar al próximo al próximo mundo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.
Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quien él amaba con todo su corazón. Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, en su boca se dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por las lágrimas que brotaban constantemente de sus ojos. Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible. Lloraba, gritaba, le confesaba su amor, y él tan sólo sonreía sin escuchar esas importantes palabras. El mago había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.
Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas. Y pronto su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía. El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amada llorar, sin poder decir una palabra. Fue entonces cuando comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado. Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire el suelo comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable barrera de cristal. Un pequeño lirio violeta creció ante la sorpresa de todos los presentes. Ella lo vio inmediatamente y con una dulce tristeza agarró la flor y la apoyó sobre su pecho. Aquellos ojos verdes dejaron de llorar y una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Melodía.
-Yo hice está pared para protegerte y protegerte de mi- dijo el Mago. La chica de cabellos dorados se emocionó y apretó fuertemente el lirio que sostenía en sus manos. La flor que sostenía en sus manos comenzó a brillar e hizo un agujero que le permitió atravesar aquel muro de cristal para llegar al lugar donde se encontraba Nygma. La furia del pueblo desapareció ante la impactante escena de los enamorados. Todos se quedaron en su lugar viendo como Melodía se dirigía al mago. -Lamento mucho lo que pasó, siempre supe que algo andaba mal en mi sin embargo me hago cargo de tal destrucción- se disculpó el joven. -Lo sé, cuando te miré aquella vez de niña vi tristeza, amor y también vi maldad por eso cuando nos volvimos a reencontrar supe que eras aquel chico desde un primer momento y decidí acompañarte- respondió entre lágrimas la señorita. Ella lo abrazó y se sentó apoyando la cabeza en su hombro.
-Dime tu nombre antes de irte, necesito saberlo- pidió con mucha dulzura al mago. -Me llamo casi igual a esa flor, mi nombre es Liro- respondió. La chica volvió a estallar en lágrimas y se aferró muy fuerte al mago. -Sé que te tienes que ir pero ¿no existe algún truco que elimine la muerte o algo parecido?- preguntó ingenuamente la mujer y Liro respondió -Siempre sabes como sacarme una sonrisa, nos veremos pronto Melodía, te estaré cuidando desde algún lugar-. Los ojos de diferentes colores del muchacho, uno azul y otro marrón claro, se cerraron y se dibujó una sonrisa en su rostro despidiendose de Melodía. El cuerpo de Nygma se desvaneció y en el lugar donde estaba brotaron más lirios haciendo eterno su último truco. Melodía agarró un lirio del suelo y sonrió mirando al cielo. Desde ese día, Melodía cuida ese jardín de lirios esperando algún día reecontrarse con su amado.
FIN
Atte: Javier Romero Ulic
