Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

martes, 26 de julio de 2011

Capítulo VIII: La última Melodía de Nygma

Ahí se encontraba Nygma, recostado sobre el verde cesped viendo, viviendo sus últimos minutos.
Es un lugar lindo para morir pensó, mientras con su mano ensangrentada agarró un diente de león.  Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro.  Ahí estaba el hombre pensando en morir, ya quería llegar al próximo al próximo mundo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.

Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quien él amaba con todo su corazón.  Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, en su boca se dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por las lágrimas que brotaban constantemente de sus ojos.  Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible.  Lloraba, gritaba, le confesaba su amor, y él tan sólo sonreía sin escuchar esas importantes palabras.  El mago había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.

Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas.  Y pronto su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía.  El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amada llorar, sin poder decir una palabra.  Fue entonces cuando comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado. Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire  el suelo comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable barrera de cristal. Un pequeño lirio violeta creció ante la sorpresa de todos los presentes.  Ella lo vio inmediatamente y con una dulce tristeza agarró la flor y la apoyó sobre su pecho.  Aquellos ojos verdes dejaron de llorar y una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Melodía.

-Yo hice está pared para protegerte y protegerte de mi- dijo el Mago. La chica de cabellos dorados se emocionó y apretó fuertemente el lirio que sostenía en sus manos.  La flor que sostenía en sus manos comenzó a brillar e hizo un agujero que le permitió atravesar aquel muro de cristal para llegar al lugar donde se encontraba Nygma.  La furia del pueblo desapareció ante la impactante escena de los enamorados. Todos se quedaron en su lugar viendo como Melodía se dirigía al mago.   -Lamento mucho lo que pasó, siempre supe que algo andaba mal en mi sin embargo me hago cargo de tal destrucción- se disculpó el joven.  -Lo sé, cuando te miré aquella vez de niña vi tristeza, amor y también vi maldad por eso cuando nos volvimos a reencontrar supe que eras aquel chico desde un primer momento y decidí acompañarte- respondió entre lágrimas la señorita.  Ella lo abrazó y se sentó apoyando la cabeza en su hombro.

 -Dime tu nombre antes de irte, necesito saberlo- pidió con mucha dulzura al mago. -Me llamo casi igual a esa flor, mi nombre es Liro- respondió.  La chica volvió a estallar en lágrimas y se aferró muy fuerte al mago.  -Sé que te tienes que ir pero ¿no existe algún truco que elimine la muerte o algo parecido?- preguntó ingenuamente la mujer y Liro respondió -Siempre sabes como sacarme una sonrisa, nos veremos pronto Melodía, te estaré cuidando desde algún lugar-.  Los ojos de diferentes colores del muchacho, uno azul y otro marrón claro, se cerraron y se dibujó una sonrisa en su rostro despidiendose de Melodía. El cuerpo de Nygma se desvaneció y en el lugar donde estaba brotaron más lirios haciendo eterno su último truco. Melodía agarró un lirio del suelo y sonrió mirando al cielo.  Desde ese día, Melodía cuida ese jardín de lirios esperando algún día reecontrarse con su amado.

                                                                    FIN

Atte: Javier Romero Ulic




domingo, 17 de julio de 2011

Capítulo VII: La magia de los sentimientos


Las lágrimas de Melodía en sus ojos y una risa lunática en sus oídos era lo único que reconocía Nygma. Estaba fuera de sí y destruía todo lo que se cruzaba en su camino.  El pueblo que tanta paz había tenido miraba al mago con mucho temor, todo había vuelto a ser como aquella noche que mataron a los magos malignos.  Mujeres y niños corrían a sus hogares mientras los hombres trataban de hacerle frente sin éxito alguno a este poderoso mago.     

Lafitá ardía como en viejas épocas y nadie podía salvarlo o eso pensaron los habitantes del pueblo.  Nygma desde el pico de aquel árbol hacía correr sangre y terror dentro de las personas, había centenares de muertos por la grandiosa magia del mago azul y el pacifico pueblo en un abrir y cerrar de ojos, era ceniza.  Sólo habitaba el miedo, los llantos y la tristeza.   El poder de Nygma era incomparable e incontrolable, mientras Melodía seguía en un estado de shock y era la única que no había recibido daño alguno, misterioso pero cierto. El lugar donde se encontraba la niña que supo cautivar al joven Nygma y que enamoró al mago no había sido atacada.    

Entre tanto caos, temor y confusión aparecieron cuatro hombres vestidos con un negro intenso a los cuales no se les veía el rostro.  Estos magos rodearon el árbol donde se encontraba el causante de tal destrozo y con un par de movimientos psicodélicos  encerraron al mago en una especie de cuadrado.  El muchacho que estaba poseído por su otra personalidad paró de repente el ataque hacía el pueblo y se quedó inmóvil.  Los magos siguieron con su truco y el cuadrado se iba achicando cada vez más hasta que tomó la forma del mago.   No podía moverse ni un centímetro sin embargo esto parecía no afectarle, ya que seguía en la misma posición sin hacer un movimiento desde que esos magos aparecieron.  Los magos terminaron el truco y sellaron al mago en aquel árbol y la gente sobreviviente comenzó a sentir un alivio.  “Gracias Darmagos” se escuchó en un grito unísono del pueblo para aquel grupo de cuatro magos, los cuatro mejores y más antiguos, los mismos que habían detenido años anteriores a los padres de Nygma. Ellos mismos, hoy volvían a cumplir una hazaña, volvían a ser los héroes de pueblo o eso creyeron.  

La gente comenzó a salir de sus escondites y los magos sacaron sus capuchas para mostrar que a pesar de los años, todavía eran capaces de realizar grandes cosas. Lafitá comenzaba a festejar y mientras Melodía observaba lo que pasaba shockeada y atónita sin explicación alguna, una risa se comenzó a escuchar a lo largo y ancho del lugar.  “¿Pensaron qué cuatro ancianos podrían derrotarme? jajaja ilusos ¡mueran!”.   El árbol de los recuerdos se partió en dos y rodeado por llamas azules, el mago rompió el hechizo de los Darmagos y todo el pueblo se vio rodeado de fuego.   “No nos venciste todavía Nygma” dijo uno de los Darmagos. “Sabíamos que ibas a romper el hechizo y por eso caíste en la trampa” sentenció otro integrante.  Nygma sonrió y potenció su ataque sin embargo este no funcionó.   El mago comenzó a sentirse desesperado sin entender que había hecho su rival y en ese momento vio como ese sello que rompió en mil pedazos estaba flotando en el aire. Cada pedazo era una flecha que apuntaba a él, intentó neutralizarlas pero fue en vano.

Los Darmagos iniciaron el ataque y el cuerpo de Nygma fue atravesado en mil pedazos.  El mago con su traje roto pero con esa sonrisa que lo caracteriza, esa triste sonrisa hizo un ultimo truco.   Volvió a la normalidad al árbol de los recuerdos y se apoyó en él para recibir el ultimo ataque de Los Darmagos.  El famoso clan se puso en posición y agitando sus varitas dispararon los últimos cuatro fragmentos del sello que había roto Nygma, para acabar con él.  Las cuatro flechas estaban a punto de matar al mago de ojos azules cuando un grito mezclado de llanto se escuchó detrás de toda la gente.  Las cuatro flechas chocaron contra una pared de cristal. El pueblo no entendía quien había hecho ese truco y sólo vieron un destello. Melodía estaba envuelta de una brillante luz  y con sus manos había creado una pared de cristal para evitar la muerte de su amado.  Una pared tan fuerte como el sello de los héroes,  una pared hecha con sentimientos y con el corazón ... 

 ¿Melodía tenía magia? ¿Por qué salvó a Nygma de su muerte despues del daño que causo? ¿Cómo hizo esa pared y por qué la hizo?  Todo esto y más en el ultimo capítulo de está emocionante historia.

Gracias a todos los que leen y a todos los que leyeron alguna vez. Espero que les guste este capítulo y que la historia los haya atrapado. ¡El capítulo final muy pronto!
Atte: Javier Romero Ulic