Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Capítulo IV: Una extraña señorita llamada Melodía

Empecé mi largo viaje en busca del asesino de los Sinsé, andando de pueblo en pueblo, intentando conseguir alguna información que me guiara a aquel hombre. Nadie conocía a un mago de ojos azules y si lo conocían, ocultaban la información que tenían porque la gente les tenía mucho miedo a los magos.  Me decían que no existían los buenos hechiceros y que todos buscaban estafar a la gente con obras de bondad.   No les parecía extraño que ese mago haya asesinado a los ancianos, comentaban que en está época suele suceder,  y que seguramente los Sinsé debían haber estado en deuda con aquel hombre.    Lo que no sabían ellos, era que ese hombre me conocía, sabía quien era yo, sin embargo ese dato no le podía decir a cualquiera porque la gente como yo era mal vista en la mayor parte de la sociedad.

En los pueblos que iba visitando, el bien y el mal estaban divididos, en algunos lugares la paz se hacía presente y en otros el caos era una cosa cotidiana.  Me decidí  por ayudar a las personas que sufrían algún peligro, utilicé un pañuelo para ocultar mi rostro y desde las sombras usé mi magia para evitar robos, asesinatos y torturas a cambio de un poco de comida y un techo para dormir, no quería aprovecharme pero otra opción no me quedaba.  Mi viaje se tornó algo desesperante porque ya eran varios los meses que habían pasado desde la noche en que murieron Don Julio y Nora. Comencé a cansarme y cada día aguantaba menos las constantes pesadillas que tenía, los ojos azules, el fuego, esa risa insoportable, todo me volvía loco. Esos sueños se hacían cada vez más fuertes y más incontrolables, siempre me despertaba asustado y nervioso. 

Pasó más de un año desde el comienzo de mi nefasta busqueda de alguna pista que me guíe a la verdad.  El otoño se hizo presenté y junto con él, llegué a un pueblo llamado "Lafitá". Un pueblo raro lleno de magos y hechiceras, hecho que me sorprendió bastante. Ya había escuchado algo sobre este lugar pero nunca creí que fuera verdad, me sentí libre luego de mucho tiempo ocultando mi identidad y me tomé el trabajo de hablar con cada persona que se prestaba a una charla.  Hace rato no me sentía tan bien conmigo mismo, los magos que vivían ahí eran bastante amigables, el lugar parecía perfecto para mí.  Luego de un par de día conociendo el lugar, decidí tomarme un descanso para relajarme, era la primera vez que me permitía descansar en todo este tiempo. Fui a una plaza donde las hojas de otoño no caían y donde el tibio rayo de sol, entre tanto frío, tranquilizaba el alma.   Me relajé, me saqué el sombrero y cerré los ojos para disfrutar de la paz que generaba aquella plaza.   Me sumergí en mis pensamientos y pareció que habían pasado horas cuando de repente una chica se me acercó.

"¿Le molesta si me siento a su par?" me preguntó. "¿Ah? No, claro que no, es libre de sentarse donde guste" respondí. Es lindo el otoño en esta plaza, ¿no? dijo sin que yo le hablara, "Supongo, no tuve el tiempo de admirar los paisajes" contesté indiferentemente.  ¿Es nuevo en la ciudad? me siguió hablando, "Estoy de paso, estoy de viaje en busca de un mago". "Acá hay muchos" dijo ella entre risas. "Sí, lo sé, espero que alguno pueda ayudarme a encontrar al asesino de mi familia" con tranquilidad y desinterés el mago continuo la charla. "¿Asesino?, No creo que alguien sepa algo de asesinos, los últimos murieron hace unos años atrás y desde ese entonces este pueblo a estado en paz" ¿Asesinos magos? Una pequeña gota de curiosidad despertó en el ser de Nygma. "Sí, habían torturado a mucha gente de este pueblo, les robaban y luego los mataban, eran magos que utilizaban la magia negra. Los mejores magos del pueblo juntaron fuerzas y entre todos lograron matarlos, es triste pero según me cuenta mi madre, no había otra forma de detenerlos".   "Supongo que hicieron bien, debe haber sido bastante malo vivir en ese momento" le contesté un poco más atento a su historia.

La chica que llevaba un vestido verde agua y una vincha blanca en su pelo rubio continuo contando la historia. "Todavía recuerdo la última noche de su hijo, yo era casi una niña y estaba jugando por los alrededores del bosque sin darme cuenta que perseguían a aquel niño.  Fui a perseguir una mariposa, y un niño me chocó, él quedó tendido en el piso, un poco mareado, lo quise ayudar y rápidamente llegó mi madre y me alejó de él muy asustada. Yo no se porque le tenían miedo, no parecía un chico malo. Tenía unos ojos azules muy oscuros, con una mirada muy penetrante pero llena de tristeza y un pelo negro de la misma tonalidad.  Fui a la única que no le dio miedo su mirada".  Nygma quedó impactado, su indiferencia se transformó en adrenalina por las palabras de la chica, luego de mucho tiempo había encontrado por fin una pista, el mago de ojos azules era hijo de unos asesinos y había nacido en este pueblo.  "¿N-no, n-no sabes más sobre ese mago?" preguntó Nygma sorprendido.  "No recuerdo mucho, yo tenía sólo 11 años además mi madre me apartó lo más rápido posible del lugar para salvarme, sólo recuerdo su mirada triste parecida a la tuya.  Lo último que logré ver fue fuego y escuché un grito que no llegué a entender. Nunca más se habló de él,  lo dieron por muerto, y desde ese entonces este lugar se transformó en el hogar de todos los magos". ¿Parecida a la mia? preguntó muy curioso, "Sí, tu tienes esa mirada de que perdiste a alguien, pero tus ojos son marrones".

"Aquí los magos viven en paz, no son perseguidos ni discriminados por las personas normales, digamos que es nuestro lugar en el mundo, yo adoro este lugar" contó la chica con una sonrisa en su rostro. "¿Tu eres maga?", "No, mi padre era mago pero yo no heredé sus poderes. Vivo aquí porque mi padre era el mago más poderoso del pueblo, él le hizo frente a los asesinos sin embargo entre ambos lograron matarlo.  Desde ese momento, ellos impusieron las órdenes en el pueblo hasta que sucedió lo que te conté. Yo tenía tan sólo tres años, ni siquiera recuerdo el rostro de mi padre, sólo lo vi por fotos.  Me dijeron que fue un hombre muy valiente y eso me llena de orgullo, mi madre me contó mil historias sobre él, fue todo un héroe, me hubiera gustado conocerlo.  Nygma posó su mirada en el rostro de aquella chica que le resultaba muy familiar, le daba una sensación de tranquilidad, algo que no había sentido en mucho tiempo. "El pueblo se llama Lafitá en honor a mi padre, ese era su nombre" terminó de contar la joven con los ojos un poco llorosos.

Nygma estuvo más atento a la chica y comenzó a hablarle como si la conociera de toda la vida,  le contó la causa de su viaje y le habló sobre su misterioso origen, él cual desconocía.  "Tengo que encontrar a ese mago, tengo que descubrir porque mató a los únicos seres que amé y sobre todo necesito saber porque me conocía, cuando lo encuentre pienso que encontraré la verdad sobre mi pasado".  "Es una historia muy triste, ¿Todo este tiempo has viajado sólo?" le preguntó la mujer de pelo dorado. "Sí, hice buenos amigos durante mis viajes" le contestó él rápidamente sin responder a su pregunta.  "Igual por momentos debe haber sido triste haber estado solo" siguió la chica.  El mago sabía que la joven tenía razón, esas noches interminables de soledad eran lo más pesado de su viaje, andar por su cuenta sin amigos y  sin compartir nada con nadie era realmente triste, pero era el camino que había elegido y él lo sabía muy bien, su meta era encontrar al mago a toda costa. .

Nygma decidió buscar profundamente en Lafitá información sobre aquel mago y le pidió ayuda a esa misteriosa señorita. Ella sintió una extraña atracción hacía el mago de ojos marrones, sentía que ya lo había visto en alguna parte, por alguna razón le recordaba a aquel niño de ojos azules. No tenía nada que perder, le daría un poco de acción a su tan pasiva vida y si todo marchaba bien, a pesar del propósito del hombre, ella volvería a ver esos ojos azules. Sin dudar aceptó la propuesta y junto con el mago fue en busca de esos ojos que supieron cautivarla alguna vez.  ¿Cómo te llamas? preguntó el hombre de cabello marrón estrechando su mano, "Melodía" respondió la chica con un beso en la mejilla del hombre. "Las señoritas saludamos con un beso, ¿señor...?" dijo la joven cautivada por la mirada del mago. "Nygma, sólo dime Nygma".  "¿Qué llevas en la bolsa Nygma?”Preguntó Melodía, "el ultimo regalo de mis padres" contestó el mago, ¿Qué es? siguió curiosamente la joven, "Un traje" respondió con paciencia el mago, "suficientes preguntas Melodía, comencemos nuestro viaje" le dijo a la joven con una sonrisa, agarró su sombrero y luego estiró su brazo, ella lo tomó y juntos, luego de un misterioso encuentro planeado por el destino, iniciaron una nueva aventura.

¿Quién será Melodía y por qué dijo que Nygma posee la misma mirada del asesino de los Sinsé? Nygma se acerca a la verdad de la mano de esa misteriosa chica.
Atte: Javier Romero Ulic

lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo III: El mago de ojos azules

¿Papá?, ¿Mamá? , ¿Dónde están?, ¿Alguien está ahí?, no me dejen solo. No me dejen solo en la oscuridad, alguien ayúdeme por favor, no quiero estar solo. Mamá, papá ¿donde están? ¿Por qué todo se está quemando? "Debes morir" ¿Quién me habla? ¿Quién está ahí?, ¡auxilio! por favor alguien... por favor.  ¡Despierta joven!, ¿Qué te pasó?, abrí los ojos y vi una señora mayor que me transmitía tranquilidad con tan sólo verla.  Estaba todo transpirado, nervioso, asustado y el corazón se me salía del cuerpo.  Me dolía la cabeza, tenía puesto un pijama a rayas blanco y no entendía nada, no soportaba el dolor.

¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Qué era este lugar? ¿Quién era la señora? ¿Quién era yo?, la señora sin decir nada me trajo el desayuno a la cama.  Un té y unas galletas para calmarme, y luego de eso me pidió que descanse y sin esfuerzo me volví a dormir.   Me desperté con el sol en lo más alto del cielo, tranquilo, renovado y con mucha energía.  Poco a poco, me puse de pie y me levanté, bajé las escaleras de la habitación en donde me encontraba y llegué a lo que parecía el comedor de la casa. "Por fin despertaste" dijo una voz muy dulce, la miré e inmediatamente me vinieron mil preguntas a la cabeza y antes de poder pronunciar alguna palabra, la mujer de cabellos blancos me dijo "tranquilo chico siéntate, voy a contarte todo".  Hice caso, ella sirvió el almuerzo y empezamos a hablar.

"Antes que nada debo decirte que no se nada de ti"¿Cómo que no sabe nada de mi? No sé nada de ti, te encontramos tirado en el jardín y te trajimos hasta nuestra casa. Pasó una semana hasta que te despertaste, tu piel tenía algunas señales de quemaduras, que no nos costó curar, pero lo raro es que el traje que llevabas puesto estaba intacto.  Te trajimos, te quitamos tu ropa para curarte y pasó otra cosa extraña. Tu pelo negro se hizo castaño, algo que nos sorprendió bastante, se nota que ese traje es mágico o tu lo eres ¿Recuerdas algo? No, respondió el joven. Sólo tuve sueños extraños que consistían en fuego, oscuridad y soledad. Ninguna imagen se podía entender bien.

 Los magos como tu,  son rechazados en algunos pueblos, tienes suerte que te hayamos encontrado, cualquiera ya te hubiera matado, nosotros tuvimos muchos amigos magos a lo largo de nuestras vidas, es por eso que no te haremos daño.  Disculpa mi falta de respeto, me llamo Nora Sinsé ¿Y tú te acuerdas cómo te llamas? Trato, pero por más esfuerzo que haga no logró recordar.  Entonces que te parece si te llamamos Enygma, ya que tu nombre es un acertijo. ¿Enygma? Prefiero sin la E. Nygma ¿Qué le parece? Me parece bien, es más rápido de pronunciar. Entonces querido Nygma te quedarás con nosotros hasta que descubras quien eres, practicaras tu magia y nos ayudaras con algunas tareas de la casa porque nosotros ya estamos viejitos.  El mago sonrió y aceptó la propuesta de Nora.

Comieron y horas después, un viejito con un rompevientos verde entró a la casa.  ¿Nora me guardaste comida? ¿Nora? ¡Si! viejo gruñón, deja de gritar.  Bueno Nora estoy viejo y no te escucho, el viejo colgó el rompevientos y se sentó en la mesa, yo estaba lavando los platos cuando me dijo "Mago, veo que despertaste", "Si señor" respondí tímidamente. Es un gusto tenerte en casa, voy a trabajar menos (risas). ¡Julio por pícaro vas a trabajar más ahora! desde el patio se escuchó el grito agudo y furioso de su esposa.  Chico , está mujer me tiene loco, todo el tiempo se queja y me pide que trabajé, no entiende que tengo 70 años,  me  decía el viejo riéndose.  Yo no se porque pero ese par de ancianos me hacían feliz, me daban tranquilidad y de alguna forma disfrutaba su compañía.

Luego de un par de meses de tareas domésticas y de charlas con el viejo matrimonio, decidí buscar mi traje e intentar practicar la magia de la que tanto hablaban. Me dijeron que la magia era algo sobrenatural y que muchas personas no creían en ello, que a otras le asustaba y que algunas la querían para usarla a su beneficio. Saqué el traje del placard y en su bolsillo encontré una varita roja con negro, así me habían dicho que se llamaba ese artefacto.  No sabía como funcionaba hasta que Don Julio se me acercó.  Yo tuve muchos amigos magos que fueron asesinados, ellos me enseñaron que la magia está dentro tuyo, piensa en lo que quieres con fervor, seguridad y decisión, luego con un par de giros de la varita lo que pensaste se hará realidad.

Comencé por algo pequeño como tratar de revivir una flor marchita, esa era mi meta. Aunque no lo crean estuve un año tratando de revivir esa flor, rompí miles de jarrones y ensucié un millón de veces la casa. Los retos de Doña Nora y Don Julio fueron interminables, así como también su apoyo incondicional, ambos comprendían el rechazo de la gente hacía mi porque ellos lo habían sufrido con sus mejores amigos.  Yo era un joven solitario, no andaba mucho con la gente, dedicaba mi tiempo a las tareas del hogar y a cuidar el jardín de los Sinsé, ese lugar era mi favorito, sentía tanta serenidad allí.  A los 21 años ya era todo un mago, controlaba la magia a mi placer y volví todo más fácil para los Sinsé.  Por fin pude darles el descanso que se merecían,  ellos eran felices conmigo a su lado.   Todo marchaba muy normal en mi vida, lo que más disfrutaba era revivir las flores del viejo jardín para la alegría de doña Nora y el orgullo de Don Julio, ese jardín ya llevaba 50 años ahí y el trabajo del anciano era impecable.   Era tan feliz ahí a pesar de que por ahí tenía sueños extraños, no me inquietaba saber de mi pasado, ni de alejarme a de ese lugar.  Con 21 años decidí que era hora de usar ese traje, con mi magia hice que fuera de mi talla y me lo puse. Don Julio me regaló un sombrero azul porque según él, un traje no era traje si no se llevaba un sombrero.  Le hice caso al anciano y me puse el sombrero, y como un niño empecé a  practicar mis poses de magia frente al espejo, estuve horas jugando y riendo hasta que el sueño me venció.

¡No, por favor no nos mates!, ¿no nos recuerdas? Somos los Sinsé, Don Julio  y Nora. La casa estaba en llamas, el aire faltaba y los gritos de la señora se hacían cada vez más débiles.  “Por favor no nos mates, por favor" rogaba la señora.  "Jajajaja" se reía aquel hombre de cabellos negros.  Yo los miraba con sufrimiento y por más que quería hacer algo mi cuerpo no se movía, intentaba detener a aquel hombre de ojos azules pero mis gritos, mis movimientos, mis trucos todo era en vano. Ese hombre mató a Don Julio con sólo un movimiento de su varita.  Es mago, pensé y no podía detenerlo,  me desesperaba, sufría, lloraba. El mago se digirió adonde se encontraba la mujer,  "Nooooo Doña Nora, nooooo" grité con todas mis fuerzas derramando lágrimas y la pobre mujer fue atravesada por un rayo de luz blanca que salió de aquella varita.

"Jajajajajaja, ¿viste Nygma? ¿Viste?" De repente ese hombre con pelo negro y ojos azules oscuros me habló, no podía distinguir su cara, sólo veía esos ojos penetrantes y me quedaba inmóvil ¿Cómo sabía mi nombre?, ¿Cómo me conocía? Ni siquiera podía  acercarme a él.  "Maldita seaaaaaa, hijo de puta, hijo de puta te voy a encontrar" grité con todas mis fuerzas pero su risa tapó mi grito. "jajajajajaja, están muertos Nygma, están muertos". Don Julio y Nora, yacían en el piso de la casa incendiada sin vida , sin ningún tipo de salvación.  "Jajajajaja, es nuestro primer triunfo Nygma, jajajaja" No soportaba esa risa, no la soportaba, “Mira Nygma ¿acaso no es hermosa la muerte? Jajajaja” Quería que terminara, era inaguantable, insoportable.  "Bastaaaaaa yaaaaa" grité con todas mis fuerzas y la risa se fue.  Pude mover mi débil cuerpo y con mi último esfuerzo apagué el fuego, el mago había desaparecido junto con su insoportable risa y yo quedé tendido en el suelo inconsciente.

Me desperté tirado fuera de la casa, lo primero que sentí fue alivio porque había sido un sueño pero luego miré la casa quemada y el terror inundo mi cuerpo. Entre corriendo y gritando “Don Julio, Nora ¿Dónde están?, empecé a revolver los escombros y los encontré.  Los cuerpos de ambos yacían sin vida, tirados en el suelo de madera quemado.  Me arrodillé ante ellos y las lágrimas brotaron de mis ojos, ¿Quién pudo haber hecho esto? ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué ellos y no yo? “Maldita seaaaaaa, te voy a encontrar, te voy a encontrar maldito”  Los levanté, cerré sus ojos y los tapé con una manta blanca. Los llevé hacía afuera y los enterré juntos frente al jardín de lirios que tanto amaban. Arreglé la casa con mi magia y decidí partir de ahí, sin saber adonde ir con la tristeza como bandera, sin entender una vez más que había pasado, con muchas preguntas en mi cabeza y con una sola meta: Encontrar al mago de ojos azules.

La historia toma un giro inesperado, ¿Podrá encontrar Nygma al asesino de los Sinsé?
Atte: Javier Romero Ulic

jueves, 21 de abril de 2011

Capítulo II: El traje y el artefacto

Todo estaba caliente y confuso, no sabía que pasaba y mucho menos donde estaba. No encontraba a nadie, escuchaba gritos y llantos, había gente furiosa, había gente triste.   Todo pasaba muy rápido y sólo podía ver una luz amarilla mezclada con rojo, parecida al color del atardecer, a través del pequeño agujero que me daba aire en esa habitación.  Estaba oscuro, no veía ni mis propias manos,  me habían dicho que por nada del mundo hiciera algún sonido y que escuche lo que escuche jamás salga de esa pieza.

Este es un personaje de Lost Canvas, Nygma sería muy parecido a él.
 Me mantuve quieto, haciendo caso como un niño, oyendo a la gente decir cosas que más tarde entendería.  Lloraba en silencio, en mi corazón sentía tristeza y angustia a pesar de no comprender la situación, en el fondo de mi ser notaba que algo andaba mal.  Me tapaba los oídos  para no escuchar nada y contenía mi llanto para que nadie me oyera, todas las noches en aquel cuarto hacía lo mismo cada vez que alguien entraba a la casa.  No se cansaban de buscar un artefacto que según la descripción de aquellos visitantes, era finito y de un color negro mezclado con rojo.  Decían que esa era la clave de la salvación del pueblo, decían que necesitaban eliminar eso para luego poder vivir en paz.  "La magia no se ha ido" decían desesperados, yo me preguntaba quien o que era la magia cada vez que la nombraban, no entendía nada.

"Eliminamos a todos, no queda ninguno, sólo falta destruir ese artefacto que trajo tanta desgracia a nuestro pueblo" solían decir para darse ánimos y no rendirse.  Debo admitir que por momentos era chistoso ver como se desesperaban buscando el objeto y en otros momentos me mataba la curiosidad de saber porque lo querían destruir.  Luego de un par de meses con los que sobreviví con los pocos alimentos que se hallaban dentro y la escasa agua, me animé a salir.  Espere a que las visitas se fueran y abrí la puerta.  Estaba todo destruido y no quedaba rastro de nada, ni nadie que conociera, todas mis cosas estaban destruidas, no había nada.  Me puse a inspeccionar lo que quedaba de ese lugar en el que había crecido, fui de pieza en pieza buscando algún recuerdo, pasé horas y horas entre los escombros hasta que  algo me llamó la atención.

Me apoyé en mi placard y de repente se abrió.  De él salió un traje de mi talla, impecable y muy bonito, no le había pasado nada. Adentro suyo tenía una nota que decía "Feliz cumpleaños hijo, da tres giros en el aire y sabrás la verdad". No entendí la última parte, y no me había acordado que ese día era mi cumpleaños.  Fue raro pero inmediatamente me lo puse y me fasciné, empecé a jugar y a hacer ruidos, a imitar a mis padres y reír. De alguna forma sentí que estaban conmigo, ellos a veces hacían cosas que yo no entendía y siempre que preguntaba me decían que no tenía edad para saber, pensar en  eso me distrajo y la gente se dio cuenta de que había una persona en la casa.   Me puse nervioso y no supe donde esconderme, en tan sólo segundos entraron hombres con capuchas rojas y antorchas.   Yo no entendía nada de lo que hablaban, salí por la ventana y me empezaron a perseguir. Corría tan rápido como podía pero tarde o temprano me iban a alcanzar.  "Niño maldito ven para acá, te mataremos", cuando escuché esas palabras fue tanto el susto que me cegué, no vi lo que tenía en frente y choqué contra una niña.

La miré asustado pero no me podía levantar, noté que ella no me miraba con odio ni con miedo como las demás personas, me temblaban las piernas y era tan fuerte el golpe que no me permitía reaccionar.  Una señora vino rápido y alejo a aquella niña de mi con mucha velocidad " No toques al último hijo de la magia " dijo la mujer que tenía un pelo negro y una cara muy pálida.  Logré pararme y apoyarme en un árbol, pero los encapuchados estaban rodeándome.  "Debes morir, por el bien del pueblo, debes morir", " Maldito, trajiste la desgracia a la población", " Bastardo, tu y tus padres merecen la muerte”,  "último hijo de la magia, este es el lugar donde dejaras de vivir" me decían en tono agresivo.   Pusieron antorchas a mí alrededor y de repente estaba en un círculo de fuego, me hacía mucho calor y me arrodillé. No podía mantenerme de pie y mucho menos pensar, me saqué aquel saco que seguía impecable y un segundo antes de perder la consciencia vi que en su bolsillo se encontraba un pequeño palito de color rojo y negro.

Lo agarré pero no sabía como utilizarlo. De repente noté como la gente se asustó y comenzó a intensificar el fuego a mí alrededor, tiraron aceite y el fuego me quemaba.  El calor era insoportable, la gente se puso más nerviosa y entre tanto alboroto logré escuchar una frase "Ese es el artefacto, destrúyanlo". Esas palabras me reanimaron, agarré el saco, pensé en la nota que me habían dejado y antes de desmayarme hice girar el artefacto tres veces en el aire.  Me desperté en un jardín muy colorido, sin entender nada y sin saber que era lo que había pasado.  No recordaba quien era, ni como había llegado hasta ahí.  Me sentía cansado, me dolía la cabeza y sin darme cuenta perdí el conocimiento quedándome tirado en aquel jardín de colores...

Espero les guste la continuación de la historia, gracias por leer y por comentarAtte: Javier Romero Ulic

martes, 19 de abril de 2011

Capítulo I: El jardín de lirios

Ahí se encontraba Nygma, tirado en el verde pasto viendo las últimas imágenes de su vida a través de sus ojos.  Era un lugar lindo para morir pensó mientras con su mano ensangrentada agarraba un diente de león.  Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro.  Ahí estaba el hombre Pensando en que ese lugar era lindo para morir, ya quería irse de ese mundo y llegar al próximo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.

Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quién el amaba con todo su corazón.  Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, su boca dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por lágrimas que brotaban de sus ojos.  Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible.  Lloraba, gritaba, pronunciaba su nombre, le declaraba su amor, le decía que no la abandoné y él sólo sonreía sin saber que decían las palabras de la chica.  El mago se dio cuenta que había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.

Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas.  Su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía.  El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amor llorar, sin poder decir una palabra porque claro, él no se escuchaba.  Comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado ... 

¿Qué hacemos acá? preguntó la chica y él respondió "Este jardín era cuidado por la familia Sinsé, era muy hermoso en su época, sin embargo desde que los Sinsé fallecieron, nadie se hizo cargo y este sitio fue totalmente abandonado".  ¿Y cómo sabes esa historia? cuestionó ella con dulzura y curiosidad "Solía venir de chico, de grande  y en todas mis edades, este lugar me daba tranquilidad y sobretodo le daba magia a mi magia" ¿Magia a tu magia? “Sí, yo hacía que el jardín se viera más hermoso de lo que era, dime cuál es tu flor favorita y te mostraré". Mi favorita es el Lirio, le contestó ella, el mago sacó su varita y con un par de giros en el aire hizo desaparecer la oscuridad y melancolía de ese jardín.   El suelo negro y seco, se llenó de lirios de todos colores y como por arte de magia, valga la redundancia, el lugar cobró vida.

Él la tomo de la mano y la llevó a dar un paseo por el jardín, intercambiaron risas y anécdotas, jugaron con las flores como dos niños, compartieron gustos y discutieron un poco sobre sus diferencias. El cansancio se hizo presente y juntos se recostaron mirando el cielo en pleno jardín.   En ese momento,  la miró a los ojos muy fijamente y la besó tiernamente, en ese momento el mago se enamoró.  Ella devolvió su afecto con una caricia tierna en su mejilla y un posterior beso, contestando amor con amor.   Esa tarde quedó en la memoria de aquel mago, que seguía moribundo sentado en un árbol mirando a aquella chica.

Entonces Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire hizo crecer lirios, el suelo donde se encontraba el chico comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable pared de cristal y un pequeño Lirio violeta creció en el suelo donde se encontraba la chica.  Ella lo vio inmediatamente, con una dulce tristeza lo agarró y con sus dos manos apoyó la flor sobre su pecho,  aquellos ojos verdes dejaron de llorar y acompañados de una sonrisa comenzaron a despedirse del mago ...


Está historia recién comienza, es la historia de un mago, de un amor, de una chica.
Atte: Javier Romero Ulic

lunes, 18 de abril de 2011

El triste gol

Está historia no habla de grandes logros, ni de finales felices ni mucho menos de alcanzar sueños. Esta historia es sobre una promesa que solo fue promesa.

Érase los 80, para ser más preciso, 1987.  En un rincón del mundo nacía una promesa futbolística.  Con 17 años, Tristan Scheuermann debutó en la primera del Deportivo Ocaranza. Club con pocos recursos en la Republica del Líbano.  El joven de pelo castaño y ojos azules era la gran promesa de su equipo para llegar a la divisional mayor. Sutileza, agilidad y velocidad eran algunas de las características que tenía este humilde chico.

Ambidiestro, enganche natural y con una pegada digna de un Dios, hacía estragos en áreas rivales. Su equipo marchaba segundo, a un punto del liderazgo en la divisional menor. Faltaba una fecha y debía enfrentarse al puntero, el Sportivo Wanchas. Nunca había logrado vencer al terrible Wanchas que, para colmo de males marchaba invicto en el torneo y sin goles en contra, una verdadera maquina de fútbol.

La fé de los aficionados, de los dirigentes y hasta de los mismos jugadores era inmensa, pues claro este año tenían con que batallar. Scheuermann era el centro de todas las miradas, de todos los elogios y de casi todo el pueblito Ocarence.  Era la primera vez que un equipo del interior del país llegaría a la divisional mayor.  La motivación era inexplicable.

La semana previa al encuentro, los simpatizantes llenaron la cancha todos los días que entrenaba el equipo. El mini – centro del pueblo estaba cubierto de carteles y pancartas en apoyo al equipo y hasta el Alcalde de la ciudad había declarado feriado el día Domingo para que todos pudieran ver al gran Ocaranza.  Los días se hacían cortos y la ansiedad crecía entre la gente.

Entrevistas, regalos, autógrafos y un montón de infinidades recibía el querido Tristan del pueblo.  El gran Diez, que algunos hasta llegaron a comparar con el astro argentino Diezgol Maladroga, no tenia tiempo ni para estar en su casa. Todo era lujuria y belleza al lado de este jugador, quien nunca perdió su humildad.

Finalmente llegó el gran día ante el Wanchas, la ciudad estaba paralizada. No había personas en las calles, todas frente al televisor, los preparativos de la fiesta estaban listos, esperarían que los jugadores volvieran del Wancha Stadium para recibirlos con muchos elogios y sonrisas.

17 horas, el equipo salió a la cancha ovacionado por un puñado de hinchas que habían logrado llegar al estadio de la capital libanesa. El técnico escocés William Stranz había parado el clásico 4-3-1-2 para vencer al Wanchas.  El árbitro dio el silbatazo inicial y el sueño de un pueblo se puso en marcha.

El Wanchas dominó de entrada el partido y con una gran ofensiva puso al Ocaranza sobre su propio campo. El arquero estaba en su día: descolgaba cada centro y tapaba cada tiro que amenazaba su meta.   El tiempo pasaba lentamente y los minutos se hacían segundos, el avance de los capitalinos no parecía tener fin.  Luego de lo que pareció una eternidad, el árbitro finalizó el primer tiempo, o mejor dicho el bombardeo del local.

Ustedes se preguntarán ¿Y Scheuermann?, porque no lo nombró hasta ahora dirán. Bueno resulta que el “10”  se encontraba en el banco. Un problema en el corazón solo le permitía jugar 45 minutos sin excederse. Este sería su último partido en el banco ya que habían encontrado una cura. El chico viajaría a España para operarse y ponerle fin a su terrible enfermedad.

 En tanto el juego del Ocaranza consistía en aguantar el cero en su arco para que luego el joven maravilla los lleve al triunfo. El técnico escocés estaba contento con lo realizado y estaba listo para darle batalla a su mayor enemigo.  El pueblo estaba expectante y cuando la transmisión de la TV libanesa volvió, vieron a su ídolo.

Tristan estaba parado junto a la línea de cal, aguardando que el hombre de negro le diera la orden de ingresar al campo de juego, al verde césped que tanto lo alegraba.  Dio comienzo la segunda etapa y la actitud de los pueblerinos fue distinta. Mucha confianza y garra para conseguir el triunfo.  El ídolo del pueblo era marcado por dos Schiavis y un Laspada, cada vez que tocaba el balón recibía algún golpe de parte de los defensas. No podía moverse mucho, ni hacer las maravillas que sabia hacer.

Poco a poco esa confianza con la que entraron a jugar el segundo tiempo se perdió y el ataque del poderoso Wanchas volvía a aparecer, el arquero seguía en su mejor momento y lograba evitar la caída de su valla en cada ataque del elenco rival.  El tiempo se agotaba y el triunfo parecía lejano. El 0 a 0 se hacia inamovible y los habitantes del pueblo perdían poco a poco el brillo en sus ojos y la sonrisa de sus caras.

El juez ya había levantado su mano señalando dos minutos más, se acababa el partido.  Corner para el Wanchas, centro que rapidamente descolgó el portero, el esférico le cayó al defensa alemán Metzses, quien despejó como Germán Noce. La pelota fue a parar al círculo central donde se encontraba el chiquitín maravilla, solo contra dos defensas (un Schiavi y un Laspada). Tristan gambeteó a uno y arrancó con su velocidad,  dejó a otro desparramado por el suelo y se encaminó hacia la portería rival.  La gente se paró en casa, el brillo de sus ojos volvió y esa sonrisa de desesperación y fé  se hacía cada vez más grande.  El rubio piso el área rival y con un sombrerito sobre el arquero hizo delirar a todo una población.  La pelota entró en cámara lenta y acarició la red de una manera tal que hasta por televisión se podía escuchar ese bello sonido. El pueblo era alegría pura.

Entró la pelota y el árbitro decretó el final. Scheuermann quedó tendido en el suelo tras la barrida del arquero y no se levantó. Nadie se había dado cuenta, el chico no se levantó.  La alegría era inmensa, sus compañeros se abrazaban y juntos fueron al lugar donde se encontraba su héroe. El joven enganche,  yacía desplomado en el verde césped con una gran sonrisa. Nunca nadie se dio cuenta que ya habían pasado los 45 minutos.

Una promesa que solo fue promesa, un gol que valió la alegría. Hoy en día muchas personas  todavía recuerdan al querido Tristan,  lo recuerdan como el gol más triste de sus vidas.

*   Este cuento fue realizado en treinta minutos, una locura mía.  Perdón por los errores ortográficos y de repetición. Atte: Javier Romero Ulic    

domingo, 17 de abril de 2011

Sonrisas de Jazmín

 Estaba caminando por la calle, las mismas calles que siempre transitaba, era un día común como cualquier otro o al menos eso pensé.  Pasé por la cafetería a la que solíamos ir con amigos y sin querer queriendo la vi.   Tenía el pelo recogido, aros demasiado grandes para sus orejas, unos ojos que parecían luz y una sonrisa que obligaba a sonreír. 

Pase a su lado, la mire (la debía mirar, era un obligación) y ella me miró, había logrado el tan esperado Eyes Contact (técnica utilizada por un viejo amigo mío).  En el cruce de miradas habrán pasado unos cinco segundos y otros cinco más que compartieron nuestras sonrisas, pero parecieron una eternidad, una linda eternidad.  Seguí mi camino con un aire diferente, con buen humor y con felicidad. Impresionante lo que puede lograr la sonrisa de otra persona.

Llegué a mi trabajo, yo era florista.  No era una cosa que me gustase, pero sabía mucho sobre flores. Era algo en lo que realmente era bueno y mi florería era bastante buena también. Tenía mis clientes y algún que otro evento que me permitía hacer un buen dinero.  Mi especialidad eran los jazmines, hacía todo tipo de arreglo y decoración con ellos, a la mayoría de la gente les encantaba por su olor.

Mi vida era simple, trabajaba, tenía un buen grupo de amigos, familia, salud.  No me faltaba nada o tal vez sí pero por ahora no lo necesitaba.  Me encantaba el teatro, como verán, soy algo romántico.  Las comedías y el drama eran mis géneros preferidos, era de ir mucho al teatro y por ahí, solo por ahí, imaginaba escenas en mi mente y las actuaba o las escribía.  A veces me parecía patético y otras veces me divertía.

Era un poco solitario, no me gustaban las fiestas. Navidad, año nuevo y esas cosas las pasaba algo triste. Nunca entendí porque esos días me ponía así.  Como dije era romántico y a la vez no.  Debo decir que en mis 29 años, si bien había estado en varias relaciones, en ninguna realmente había sentido amor. Un poco triste, pero es la verdad.

Todos los jueves iba a mi florería, pasaba por esa cafetería y siempre estaba ella ahí, sonriéndome. Yo sonriéndole. Era inercia, era atracción, era una cosa inexplicable. Sin embargo, no le podía hablar. No le podía decir ni una palabra. Cada jueves que pasaba, más entraba en mi cabeza esa sonrisa.  Más entraba en mi corazón.

¿Una simple sonrisa? me volvía loco, que patético. Ni siquiera sabía su nombre y ya pensaba en un futuro para nosotros.  Estaba loco me decía, muy loco.  Y entre tanta locura, me decidí. El jueves iría al café y trataría de hablarle.  Me preparé y me puse en marcha. Miles de formas para hablarle recorrían mi cabeza, pero ninguna me convencía.  El día esperado llegó. Arribe al café temprano, me senté en donde ella solía sentarse y la espere.  Pasaron un par de horas y no llegó.

Espere otro par, tuve que almorzar porque sino me corrían y cuando terminé, me dije -"estoy loco, como voy a estar a esperando a una mujer que no conozco y ni siquiera me conoce"- me levanté y me fui.  Decidí no pensar más en eso y volver a la realidad, creo que fue toda una ilusión de mi corazón, de creer en algo más que no sea simplemente la rutina de la vida. Creo que en el fondo de mi corazón, necesitaba ilusionarme, necesitaba creer en el amor.

Llegue a la tarde a la florería, un poco decaído pero con el buen humor de siempre.  Me puse a hacer unos arreglos que había dejado a medias y me concentré en el trabajo.  Fue tanta la concentración, que no me di cuenta que ya eran las 10 de la noche. Me puse a acomodar unas cosas y en ese momento, sonaron las campanitas de la puerta.  -Disculpe, ya cerramos el local, vuelva mañana-  dije y no recibí respuesta.  Me di la vuelta y allí estaba ella.  Sonriendo en frente mío y yo sin una palabra que decir.  - Hoy no pude ir a la cafetería, tuve problemas en el trabajo-  dijo y no le respondí nada.

-Es extraño que este aquí, debía encontrarte - siguió hablando, yo solo me limitaba a escuchar.  Desde que te vi por primera vez, sentí algo,  no se que es pero me hace feliz sentirlo.  Verte y sonreír todos los jueves le daba a mi vida un poco más de sentido, es algo tonto, pero es por eso que estoy aquí.  Yo sentía lo mismo, era increíble, no lo podía creer, pensé.  Me saqué el delantal, y le dije ¿Cómo sabías donde trabajaba?, ella sonrió y me dijo "Hoy te vi salir de la cafetería y entrar en esta florería".  Me había seguido pensé y sin dudarlo, la invite a cenar.  Juntos salimos de la florería.  Y le pregunté ¿Cómo te llamas?, ella con una voz dulce y tierna, respondió, “me llamo Jazmín”.

Este es otro cuento espontáneo, espero que les guste.
Como ya es clásico, pido disculpas por los errores ortográficos y de repetición.  Muchas gracias por leer
Atte: Javier Romero Ulic

viernes, 15 de abril de 2011

Capítulo V: Bajo el sol de Roma

Abril corrió y corrió hasta que la tristeza y el cansancio no le permitieron seguir.   Se sentó en un banquito y se quedó llorando sin hablar, en plena noche.  Entendió que de alguna forma se merecía esto pero jamás imaginó que iba a suceder.  Sus esfuerzos fueron en vano, lo que hizo causó una fuerte desilusión en la persona que mas amaba y aunque para ella haya sido entendible, para Alejo no.  Ella pecó de egoísta, pensó en si misma y no en ellos, Alejo respondió de la misma forma dejando en claro que ya no existía un nosotros.

Sin embargo ya lo había perdido todo y haría todo por recuperarlo.  A pesar de no soportar sus palabras y de salir corriendo, una vez más, Abril no se rindió.  Intentó hablar con Alejo en millones de ocasiones pero nunca pudo contactarlo.  Siempre andaba ocupado, no estaba en casa y en su teléfono siempre atendía el contestador.  Pasaron dos semanas y por fin, Abril entendió que lo mejor que podía hacer esta vez era irse. Si algo deseaba la mujer era su la felicidad de su hombre y por eso decidió marcharse.   Decidió volverse a Italia, ya que su vida era bastante buena, aprovechó el tiempo que le quedaba antes de su partida para ponerse al día con algunas amigas y disfrutar de sus últimos momentos en la ciudad que la vio nacer.  El día de su viaje, decidió dejar una carta en la casa de Alejo, a pesar de no saber nada de el, sentía necesario avisarle de su partida y desearle una feliz vida.

Tiró la carta por debajo de la puerta y tomó un taxi directo al aeropuerto.  El vuelo salía a las 16:45, ella todavía tenia la esperanza de que su hombre apareciera, diciéndole que no se vaya y que juntos serían felices, soñaba con un final de película pero eso, eso no pasó.  El vuelo salió un poco retrasado y con mucha nostalgia vio como su ciudad iba quedando atrás, se limpió las pocas lágrimas que quedaban en sus ojos, entendió que cometió un error y pagó por el,  miro fijo hacia delante y pensó en un futuro mejor para ella.  En Italia, una buena vida la esperaba. Amigos, trabajo y un hombre que con el paso del tiempo podría llegar a querer.  Ya no había nada más que perder, su vida comenzaría de nuevo.

Llegó un día lunes a Roma, con la maldita ilusión de ver a Alejo esperándola, sin embargo esas cosas sólo suceden en las películas, esto era la realidad.  Francesca y Luca, esperaban muy felices por su regreso y con un gran abrazo compartió su tristeza con sus seres más cercanos en esa tierra.  Camino a casa contó un poco de lo que había pasado y ambos amigos coincidieron en que hizo lo mejor que pudo y además entendieron la reacción del hombre.  Llegó a su casa y se acostó, cansada por el viaje, por las emociones, por las despedidas, por la vieja vida, por la nueva vida.

Al día siguiente no dudó en empezar a trabajar y distraerse un poco.  Encontraba distracción en el trabajo,  diversión en sus amigos y un poco de ilusión en Luca.  Todas esas cosas llenaban ese vacío que llevaba dentro y su tristeza solía desaparecer por algunos momentos. No se podía quejar, no le faltaba nada y tenía muchas cosas que otras personas desearían tener.  En sus momentos de soledad o distracción, solía preguntarse sobre la vida de aquel hombre que amó (amaba), sobre su felicidad, sobre que estaría haciendo en estos momentos y recordaba momentos junto a el.  Era  normal, ya que un amor así es difícil de olvidar pero lo llevaba bastante bien.

Intentó llenar su vacío con Luca sin embargo le bastaron un par de meses para darse cuenta que no era para ella y que no generaba nada de lo que alguna vez había generado Alejo.  El rubio italiano comprendió los sentimientos de Abril y se resigno a ser tan solo su mejor amigo.  Transformó su resignación en una de las más fuertes confianzas y estuvo siempre para ella en los momentos en que el recuerdo de Alejo se hacía más fuerte. La aconsejó y le dio fuerzas para no rendirse, un verdadero hombre que supo aceptar su derrota.

Pasaron seis meses desde aquel día, Abril se hizo amiga de su tristeza y los sentimientos iban desapareciendo.  Un domingo decidió pasear por la ciudad, visitó los lugares más famosos por tercera o cuarta vez pero con mucha más atención en su historia, su arquitectura y en su fascinante belleza.  Miró a Roma con cariño y tuvo deseos de abrazarla, era la ciudad hecha para ella.  Se sentó en una fuente, no sabía cual era y mucho menos le importaba, pero vio muchas monedas dentro de ella y dedujo que era una de esas fuentes de amor, había leído algo sobre ellas.   Con una sonrisa picarona se aventuró a tirar una moneda imitando a las actrices de película e imaginando que su amor llegaría.   Lo hizo con gracia y muchas sonrisas,  le pareció divertido. Se puso de espaldas, tiró la moneda y escuchó el ruido del agua al caer la moneda, cerró los ojos, deseo que el amor llegará pronto y se volvió a sentar en la fuente.  Es imposible no decir que su corazón y su mente pensaron en Alejo, pero eso ustedes ya lo saben.

Mientras miraba a las personas pasar, comenzó a reflexionar sobre su vida. El giro inesperado que tomó, lo que perdió por tener miedo,  lo mal que le hizo al amor de su vida, lo mucho que lo extrañaba a pesar de querer disimularlo y sobre todo luego del tiempo que pasó.  Sin verlo, sin sentirlo, sin saber de el, lo seguía amando igual, pensó en lo patética que fue en abandonarlo y en lo mucho que le hubiera gustado despedirse de el personalmente.  Por primera vez desde su regreso a Italia, se tomó el tiempo de pensar, de ponerse realmente triste, por primera vez su corazón estaba llorando.  Aunque era una tristeza tranquila y la mantenía bien saber que en algún lugar del corazón de Alejo estaba ella,  ya no había vuelta atrás, la única opción era seguir adelante.  Se sumergió en sus pensamientos, sus recuerdos y se olvidó de Roma por un momento.

De repente sintió que algo golpeó su cabeza, le dolió un poco, miró al suelo y encontró su moneda. ¿Qué hacía su moneda fuera de la fuente? , “Llegué justo cuando tiraste la moneda”.   El corazón de Abril se detuvo por un segundo y de repente comenzó a latir muy rápidamente.   “Si quieres conseguir un gran amor que te quiera deberías tirar un billete de cien euros o algo así, un euro es muy poco” dijo la voz casi riéndose,  mientras la mujer miraba su moneda sin entender nada. ¿Por qué demoraste tanto? preguntó en un tono indiferente la mujer y el respondió con serenidad " Tuve miedo y cuando sentí el temor comprendí que te amaba demasiado"

¿Tuviste miedo y comprendiste? volvió a preguntar, esta vez con un tono sarcástico Abril. "Si, te voy a explicar" dijo el hombre.  No soy tuyo y vos no sos mía, ambos somos libres y nunca sabremos si vamos a terminar nuestras vidas juntos pero tenemos algo que es nuestro y sólo nuestro. ¿Qué es? preguntó curiosa y el chico, con una sonrisa triste respondió "Amor".

Abril se paró y con lágrimas en los ojos fue hasta el hombre que le lanzó la moneda. Le pegó un par de piñas en el pecho y lo abrazo tan fuerte como pudo.    “Roma es bastante linda pero me gusta más Madrid, creo que es más de mi estilo.  Esta ciudad es muy romántica para mi gusto, pero tiene algo tuyo, comprendo porque te viniste hasta aquí”.
“Madrid es más de tu estilo, ¿Eso es lo mejor que tienes para decir?” le preguntó Abril  y el hombre respondió “¿Y que quieres que le diga a una mujer desconocida que me habló en un banco de una plaza?”

                                                                        FIN


Para ustedes:

Debo decir que cuando comencé esta historia, no pensé que iba a generar tanto en mis tan pocos pero queribles seguidores.  Pasaron del amor al odio, del odio al amor. De maldecir a Abril, a sentir pena por ella. Pasaron de ver a un pobre Alejo y a un insensible hombre. Pasaron por cada etapa de una relación, en donde se mostraron todas las cosas que genera el amor: celos, tristeza, odio, pena, alegría, satisfacción, felicidad y muchas cosas más.

En cada capítulo se contó una historia de amor diferente, una historia que tuvo final y un nuevo comienzo.   En cada capítulo, al menos uno de ustedes se sintió cien por ciento identificado con la situación, con el hombre o con la mujer.  En cada capítulo estuvieron ustedes, porque hay un pedazo de sus historias incluidos en esta y  porque sobre todo hay algo de ustedes en Alejo y en Abril.   Pensé mucho el final, quise hacerlo único y diferente pero lamentablemente no pude porque está historia, por lo menos esta,  merecía un final así.  Lamento haber decepcionado a algunos que me sugirieron otro final y lamento a los que les parecerá aburrido y común este final. Les pido mil perdones, pero así debía terminar, luego de tantas idas y vueltas, Alejo y Abril se encontraron el uno al otro como aquel primer día bajo la lluvia de la ciudad y este último día bajo el sol de Roma.

Atte: Javier Romero Ulic 

Capítulo IV: La vuelta del adiós

Pasaron unos meses desde la inexplicable partida de Abril.   Alejo se había cansado de de buscar, ya había pasado un tiempo y la búsqueda fue perdiendo sentido.   Sin embargo, la tristeza que tenía antes de conocerla y tiempo después de perderla, había desaparecido. Su mirada hacía el mundo era más colorida, su sonrisa era pura alegría.  Se rindió y decidió no esperar, porque si Abril sentía algo, algún día iba a volver o tal vez no.

Con el paso de los días, el nombre Abril poco a poco fue despareciendo.  Dejó de aparecer en su boca, en sus conversaciones, en sus pensamientos, en sus sueños, en su alma.  Como toda cosa en la vida desapareció, pasó y se superó (lo correcto hubiera sido decir "olvidó", pero nada se olvida y es por eso que decidí utilizar esta palabra) o eso al menos pensó Alejo.

Mientras más olvidaba el hombre, más recordaba la mujer.  La decisión era ir, ya no había vuelta atrás, Abril tomó el avión de vuelta a la ciudad que la hizo conocer el amor, a la ciudad que la vio nacer, a la ciudad donde estaba el único ser del planeta que importaba.   Firme en su decisión, sabiendo que la respuesta que esperaba era un poco imposible, volvió para dar una explicación, para sentirse amada y volver a amar.

Alejo estaba saliendo con una abogada que le había presentado su amigo, compartían cosas y la pasaban bien sin embargo no era lo que quería, quizás todavía no estaba listo para entrar en otra relación o quizás el amor por Abril seguía muy firme.   El la invitó a cenar, le gustaba su compañía porque a veces la soledad lo desesperaba.  El pidió un lomo grillado y ella una simple ensalada.  Hablaron y rieron, se mostraron felices, “estoy bien” pensó el. “ella es linda, compañera y compartimos bastantes cosas, quizás funcioné” se convencía pero dentro suyo sabía que algo no funcionaba.

Ella tenía auto y lo llevó hasta su casa, se quedaron mirándose en la puerta y se despidieron con un beso.  Ninguno de ellos se enteró que mientras se besaban, un corazón se partía en mil pedazos. Abril miró esa escena con tristeza, con serenidad, con odio, celos y a la vez con mucha culpa.  Culpa que se atribuía porque ella era la responsable de ese beso, si nunca se hubiera ido esto no hubiera pasado.  Las lágrimas brotaron de sus ojos y lejos de la escena se fue corriendo.  
Alejo sintió un dolor en el pecho mientras ese beso culminaba, algo andaba mal.  Decidió despedirse con la excusa del cansancio y fue directo a su cama.    Se durmió con ese dolor y con las dudas que generaba.    Eran las tres de la mañana y llovía muy fuerte cuando sonó el timbre de su casa. No lo escuchó la primera vez, sin embargo el timbre volvió a sonar. Con insistencia el timbre, sonó y sonó hasta que lo despertó. Finalmente el ruido lo venció y se levantó, se acomodó un poco el pelo y fue a atender.

Para sorpresa de él, la vida volvió a hacer de las suyas, era esa misma chica con la cual se había encontrado en un banco de la plaza, aquel día lluvioso.  Está vez llevaba un aire de tristeza y lágrimas en los ojos. Alejo no entendía nada ¿Qué hacía Abril en su casa, luego de irse sin explicaciones y luego de haber pasado tanto tiempo? La hizo pasar y le prestó una toalla y un abrigo para que no se enferme.  El le ofreció una taza de café y ella asintió con la cabeza, no podía hablar.  Nadie decía nada, el silencio era la mejor conversación.   Pasados unos minutos, se tomó la valentía de decir unas palabras y con una voz serena le preguntó, ¿Qué haces aquí? Ella se quedó callada y al poco tiempo le respondió “necesitaba verte".

¿Por qué te fuiste entonces? Preguntó el hombre con ironía. "Me fui porque tenía miedo” dijo ella. Alejo no entendió esa respuesta y se quedó sin decir nada. Hubo otro silencio y a los pocos minutos ella dijo " Yo no lo entendía y no sabía por que me sentía así, solo sabía que me tenía que ir muy lejos tuyo".  Esas frías palabras desorientaron al hombre una vez más.  ¿Entonces por qué estás aquí? Volvió a preguntar.

“Porque te Amo” dijo Abril.  ¿Me amas? preguntó Alejo con sarcasmo. Si, aunque no lo creas, estoy aquí porque te amo. ¿Y cómo sabes que yo siento lo mismo? Cuestionando la respuesta con voz resentida.  “No lo se y no me importa, vine a decirte que yo te amo” contestó la mujer, tan rápido como pudo.  El silencio se hizo presente una vez más en la habitación.  Pasaron unos minutos más sin decir nada, Abril ya no lloraba. Y Alejo estaba confundido no sabía que pensar. Estaba furioso, triste, alegre, todo había vuelto.  El sabía que la amaba pero decírselo era demasiado. Abril no merecía tal información.

Abril lo había abandonado sin explicación alguna y por una razón estupida pensaba él. ¿Miedo al amor? quien puede tenerle miedo al amor se decía, se convencía, dudaba, se volvía a convencer y volvía a dudar. No podía pensar. Necesitaba más respuestas. Entonces volvió a mirar a Abril, quién permanecía callada. Necesito más respuestas dijo, necesito saber por qué lo hiciste, siguió preguntando insistentemente. ¿Qué es eso del miedo al amor?, necesito saberlo.

Abril suspiró y está vez con una voz serena dijo -nadie me quiso como tu, nadie me trató como vos y yo nunca me había sentido tan importante para alguien, y eso Alejo, eso fue lo que me asustó. Ser amada me asustó y por eso decidí hacer lo que cualquier persona hace al tener miedo de algo o alguien, escapé. Fue lo primero que se me ocurrió, me fui lo más lejos tuyo o eso creí. ¿Eso creíste? preguntó otra vez Alejo, como un niño que no entiende nada. Si, eso creí respondió ella sin perder la calma.

 Todo este tiempo estuve en Italia, intentando formar una nueva vida. Al principio me resultó fácil, conseguí un trabajo e hice algunos amigos. Tu recuerdo parecía lejano y mi plan parecía haber funcionado, ya te consideraba “uno más” en mi vida sin embargo pasó el tiempo y mi plan se complicó. Intenté iniciar una relación pero no pude y fue ahí cuando comencé a verte en todos lados, recordarte como nunca lo había hecho, soñarte todos los días y sentirte a mi lado sin que estuvieses ahí. No sabía que me pasaba, intenté olvidarte una vez mas, pero entre más te olvidaba más te recordaba, hasta que un día no pude más.

Me convencieron de que no volviera, de que ya era tarde. Y por un momento dudé en hacer esto cuando te vi con esa chica, pero no soporté la tristeza.  Vine a decirte que sos lo más importante de mi vida y no te quiero perder nunca más (y en ese momento, el amor de Alejo despertó y su corazón empezó a latir tan fuerte que parecía que iba a salir de su cuerpo), quiero estar a tu lado. Tuve que alejarme para comprender que necesito estar cerca de ti,  de que quiero una vida con vos, de que formas parte de mi y que sin ti no soy yo.  Y luego de esas palabras, Alejo se acercó a Abril, la miró fijamente a los ojos y con una frialdad le dijo: "Yo nunca hubiera necesitado estar lejos tuyo, ni mucho menos irme sin explicación para darme cuenta que eras lo más importante en mi vida y que deseaba una vida con vos".

Todo lo que viviste vos, lo pase yo cuando te fuiste. Te soñé, te imaginé, te sufrí, te recordé, te extrañé y te seguí amando a pesar de no saber nada de vos, supongo que eso es amor.  Sin embargo no puedo estar con vos, mi ser no me lo permite, no creo ser capaz de perdonar lo que hiciste y además estoy en buena compañía, una chica que no tiene dudas de quererme y ser querida. Abril lo miró y las lágrimas volvieron a acariciar sus mejillas.  Te voy a pedir que por favor que nunca vuelvas, que nunca me extrañes y sobretodo que nunca pero nunca... Abril no soportó escuchar esas palabras, tiró la silla y salió corriendo en plena lluvia de la casa de Alejo, dejando al hombre que amaba atrás… 

Espero que les guste. Atte: Javier Romero Ulic

Capítulo III: Noches de Abril

Allí estaba yo en frente del Café de Milán, mirando a ese hombre. Mirando a ese hombre que conocía tanto, que amaba tanto, que era todo para mi. Pero algo no me permitía ir, me sentía mal. Me dolía el pecho, sentía mucha tristeza y rechazo hacía el hombre que miraba. Me quede viendo un buen tiempo como ese hombre me esperaba y yo no me podía acercar.  No quería estar más cerca de él, sin embargo no quería lastimarlo. Decidí irme sin ninguna explicación, algún día el entendería o lo más seguro, es que con el tiempo me superé, encuentre otra y sea feliz. Es lo mejor, me voy.
Volví a mi casa, llamé al trabajo para pedir la renuncia. Llamé a una amiga que vivía en Italia y decidí irme para ese país. Siempre había soñado con conocer Europa, dinero no me faltaba y era el lugar ideal, cuánto más lejos mejor. No me permití dudar ni un segundo de mi decisión, yo no quería ese amor, yo no necesitaba tanto amor.  Al día siguiente me fui para el aeropuerto y reservé los boletos para viajar.  Aproveché el corto tiempo que me quedaba en esta ciudad y evitando los lugares que solía frecuentar, visité a unos viejos amigos y a unos familiares.  La semana pasó muy rápido y llegó el día de viajar.

Tomé unos calmantes y dormí todo el viaje. La Azafata logró despertarme y me bajé del avión.  Allí en el aeropuerto de Roma me esperaba mi amiga Francesca.  La rubia seguía igual de sonriente que siempre, me recibió con un fuerte abrazo y me prometió que todo iba a cambiar, me sentía muy feliz.  Francesca vivía sola en su departamento, en Italia los impuestos eran muy caros y yo iba a ser una ayuda en lo económico.  El fin de semana me llevó a conocer la capital italiana y salimos con unos amigos de ella. Todo parecía tan simple y lejano.

El lunes empecé a trabajar, debo decir que a veces todo iba muy rápido sin embargo lo disfrutaba.  Mi amiga tenía un pequeño negocio de dulces. Era un sitio agradable, con el paso del tiempo aprendí a manejarme con el idioma y cada vez me costó menos comunicarme.  Eran buenos tiempos no me había dado cuenta que en estos tres meses que habían pasado, Alejo no se me había cruzado en la mente.  Aunque por ahí me sentía algo triste, todo marchaba bien. “Es lo mejor para mí”, siempre pensaba y mantenía firme esa decisión que a veces, solo a veces, temblaba. 

Pasó el cuarto, quinto y hasta el sexto mes. Mi vida había cambiado por completo .Disfrutaba mis días, me encantaba Italia y su gente y por sobre todas las cosas amaba el spaghetti.  Empecé a conocer a un chico llamado Luca Chiarini, nos llevábamos muy bien, me lo había presentado mi amiga Francesca.  El era cocinero y tenía una pastelería.  Hacia muy ricos dulces.  Nos veíamos en fiestas o reuniones donde compartíamos amigos. Hablábamos de todo un poco y fluidamente ya que el sabía español, entre charlas y risas, un día me invitó a salir y sin dudar dije que sí.

Salimos un Sábado a un restaurante llamado La Vecchia Signora, era un bar temático con colores negros y blancos.  Ambos comimos Spaghetti, ya que para Luca eran los mejores de Italia. Luego fuimos a un Púb a tomar unos tragos italianos y paseamos por la hermosa Roma.  Para ser sincera, la pasé muy bien y no pensé en Alejo nunca. Sin embargo gracias a Luca, el volvió a mi mente.  Me llevó hasta mi casa y empezó a llover, a diferencia de Alejo, Luca detestaba la lluvia. Fuimos hasta la puerta y cuando me quiso despedir, me sentí mal. Rechacé su beso y lo despedí tan rápido como pude.  ¿Por qué me sentía mal? me pregunté.  Me pesaba el pecho y me costaba caminar así que me fui a acostar y sin darme cuenta me quede dormida.

De repente volví a estar parada en el Café Milán viendo una vez más como ese hombre al que amaba me esperaba. Esta vez quería llegar hacía el aunque por más que caminaba y caminaba no lograba llegar.  De pronto, una extraña mujer se sentó en su mesa, tomó su mano y plantó un beso en su boca.  El corazón se me quedó helado, empecé a gritar y a correr pero parecía que nadie me escuchaba.  Transpiraba, me sentía mal, se me salía el corazón, no lo soportaba. Corría y corría en vano, el café parecía muy lejano. Alejo se levantó y se fue con la mujer tomándola de la mano y pasando al lado mío, sin siquiera notarme.  De repente me levantó mi amiga, yo estaba exaltada gritando su nombre y un "no te vayas" desesperado.

A partir de ese momento me sentí vacía, Italia había perdido su color y yo mi sonrisa.  El trabajo se tornó algo tedioso y repetitivo, estaba harta. La única compañía que disfrutaba era la de mi amiga Francesca que me escuchaba día y noche hablar sobre este tipo.  También me despertó muchas veces de sueños que parecían pesadillas, mucha angustia y dolor eran lo único que me dejaban por más lindos que fuesen.   Donde iba veía su cara, su sonrisa, sus gestos y hasta su tristeza. Muchas veces caminaba sola y sentía que él estaba a mi lado mirándome y preguntándome cuando iba a volver.  Nunca me había sentido así, había perdido esa alegría que me caracterizaba pero ¿Qué debía hacer?

Lo consulté una y miles veces con mi amiga y siempre recibía la misma respuesta. El tiempo que pasó fue demasiado, déjalo ser feliz, no vale la pena volver. Sin embargo yo no estaba de acuerdo, mi corazón decía otra cosa.  Fui coleccionando opiniones y en todas encontraba la misma respuesta en diferentes palabras: NO.   Hasta que una noche de Abril, en una de nuestras clásicas reuniones de pizza y cerveza. Luego de un prolongado tiempo de aquella noche nefasta con él, apareció Luca. No se me acercó en toda la noche sin embargo por ahí intercambiábamos risas o chistes.

Cuando la noche estaba a punto de terminar, me dijo " Vuelve con el".  Yo no lo entendí y el siguió "te notó algo triste, seguramente debe ser por el hombre que dejaste en tu país. Cuando salí con vos me di cuenta que a pesar de que no lo decías, lo amabas. Deberías volver".  ¿Y qué te hace pensar eso? le pregunté algo histérica y de mala gana. "Pienso eso al verte sentada sola tomando un vaso de cerveza y mirando al horizonte, cuando estás en una reunión con tus amigos y deberías ir con ellos disfrutar y reír. Respondió con una sonrisa y se fue.  Luca tenía razón, no me podía engañar más. Tenía que volver, debía hacerlo por más que la respuesta sea negativa. Yo debía volver, necesitaba saber de Alejo y por fin me había dado cuenta cuanto lo amaba y de lo estupida que fui al dejarlo. Yo, debía volver.

Este capítulo no estaba pensando, pero me pareció (nos pareció) interesante contar sobre Abril, antes de llegar al final. Atte: Javier Romero Ulic

Capítulo II: En el Café de Milán

Dicen que luego de un gran sufrimiento viene una efímera felicidad, porque así se siente, sea a corto o a largo plazo. Este es el caso de Alejo, quien luego de esta gran tristeza tuvo su alegría. Abril apareció como un rayo de luz en una habitación oscura sin salida e iluminó todos sus días, todos sus momentos y hasta sus problemas parecían más simples al lado de ella.

Alejo era un tipo serio, que muy rara vez se divertía, en tanto ella era todo lo opuesto, dicen algunos que los opuestos se atraen. Divertida, jovial y con mucha energía, Abril vivía cada día con una sonrisa. Compartían intereses, ambos amaban el cine, podían pasar horas y horas viendo infinidades de películas de todo tipo.  A el le fascinaban las de ciencia ficción  y a ella, bueno como a la mayoría de mujeres, le gustaban las románticas.

Salían con diferentes amigos, algunos de él, otros de ella. Pasaban el rato, admiraban la naturaleza, Los árboles, la lluvia, el frío. No entendían porque la gente usaba paraguas, amaban la lluvia y hasta tenían una rutina. Todos los miércoles iban a una placita, cerca del trabajo de Abril. Alejo la pasaba a buscar con un mate bajo el brazo, se sentaban en el pasto y juntos se reían de un grupo de ancianos haciendo aerobics (Irónicamente, ya que ninguno de ellos era una persona que le gustase la gimnasia, ni que pudiera hacer esos ejercicios).   Todo era muy perfecto, como suelen serlo los primeros meses o primeros momentos del amor.

Pasaron ocho meses de aquel misterioso encuentro, de aquella decisión del destino.  Muchos dicen que los verdaderos problemas aparecen a partir de los ocho meses, rara teoría pero he coleccionado muchos testimonios y hasta empiezo a creer que es cierta, sigamos con la historia.   Día común, 15 de Julio de un año que había comenzado bastante bien para ambos.  Jueves 18:00 hs, Alejo salió de su trabajo, caminó por la peatonal Avellaneda, compró un par de facturas en lo de Doña María y fue directamente hacía su casa.  Entró, arregló un poco el desorden que había y se quedó dormido.  A las 21:00 se levantó exaltado por una pesadilla, había soñado que perdía algo, no recordaba que era. Fue a darse un baño, se cambió y cuando el reloj marcó las 23,  se fue al Café de Milán, donde había acordado encontrarse con Abril.

Estaba pleno, la tristeza había desaparecido y la vida le sonreía. Se detuvo en una florería y compró una pequeña flor de color azul cielo y siguió hacía el café.  Fue caminando sin prisa y sin apuro contemplando los rostros de las demás personas, feliz.  En ese trayecto se cruzó con un par de amigos a los que saludó con gran cariño, charló un par de temas, se despidió y siguió su camino.

Llegó a eso de las 23:20 al lugar, pidió una mesa para dos al lado de la ventana y se sentó. Mientras miraba a la gente pasar, esperaba. Abril solía ser puntual y si se demoraba, eran máximo 15 minutos. Se hicieron las doce y Abril no llegaba.  Pasó un par de horas, quizás tres hablando con el contestador y la taza de café ya estaba vacía.  Alejo decidió irse, pagó la cuenta, se tomó un taxi y volvió a su casa. No entendía el porque de la ausencia de su amada.  Decidió no pensar, se acostó en su cama y se sumergió en sus sueños.

A la mañana siguiente se despertó otra vez muy asustado, había soñado lo mismo.  No pensó mucho y se dirigió hacía la casa de Abril. Hacía mucho frío, las calles y la ciudad volvían a parecer gris.  Llegó, tocó el timbre y nadie lo atendió. Volvió a insistir pero era en vano, no había nadie. Algo había pasado, sentía la angustia en su pecho y sumisterioso sueño lo hacía pensar aún más.

Recorrió todos los lugares donde ella solía estar pero no la encontró.  Llamar era en vano, ya que cada vez que lo hacía le daba el contestador. No tenía señales, de un día para el otro todo se había esfumado.  Sentía una angustia mezclada con un enorme vacío.  Fue al trabajo de Abril pero nadie sabía nada, era como si hubiera desaparecido totalmente del mundo.

¿Por qué se habría ido?, ¿Por qué nunca se despidió?, ¿Por qué? Muchas preguntas invadían al hombre. Su cabeza no dejaba de pensar, repasaba sin éxito cada palabra, cada situación, cada momento, cada lugar para encontrar alguna pista.  Llegó a la conclusión de que no tenía ninguna explicación y no encontraba respuesta alguna, simplemente Abril se había ido.

Una vez más pido disculpas por errores ortográficos y de repetición, muchas gracias por leer.
Atte: Javier Romero Ulic

jueves, 14 de abril de 2011

Capítulo I: Día gris en la ciudad

Era un día gris, con mucho viento y una llovizna que parecía interminable. Un domingo más nostálgico que de costumbre. La ciudad estaba vacía y por las calles tan sólo se veían unas cuantas personas, con caras de fastidio, luchando contra el clima para volver a casa.

En ese mismo clima, salió un hombre a caminar, con el mismo ánimo que un atardecer sin sol.  A este hombre no le molestaba la lluvia, el frío o el mismísimo día, este hombre sólo quería caminar.  Era un señor de sonrisa triste pero que derrochaba alegría, con él llevaba soledad y triteza.  Se sentía incompleto, buscaba algo pero no sabía que buscaba o a quien.

Ese domingo sintió que ese algo que buscaba, se iba a cruzar en su camino. -¿Cómo encontrar algo en una ciudad vacía?- se preguntó,  y aunque no encontró respuesta, salió por inercia con una fé ciega.  Caminó y caminó mientras sus ojos se cerraban por la fuerte lluvia y el viento golpeaba su cara, recorrió muchos lugares sin éxito alguno. A medida que pasaban las horas, su desconsuelo crecía a pasos agigantados. No entendía porque, pero tenía un sentimiento de decepción.

Poco a poco se transformó en una más de esas pocas almas que habitaban la ciudad y que querían pronto llegar a su hogar. Bajo la lluvia caminaba con un gesto de disgusto, y aires de resignación, había perdido esa triste sonrisa que lo identificaba. - ¿Salir un domingo en medio de la lluvia, en una ciudad vacía a buscar algo que ni siquiera se qué es?- se preguntó. -Estoy loco- pensó y decidió  sentarse en un banquito una plaza a la que pocas veces iba.  Sin motivación y cabizbajo se relajó en medio del ruido de los arboles. Totalmente decepcionado.

El hombre se hundió en sus pensamientos y de repente dejó de prestarle atención a su entorno. En medio de la lluvia, desconcertado y a la deriva, pensaba en cosas sin sentido. De repente, una dulce voz, lo sacó de su trance. -Hola ¿cómo estás?"- fue lo primero que escuchó.  Levantó la cabeza, miró y una rara sensación de alegría inundo todo su cuerpo. Era una chica con un sobretodo negro, unos ojos color verde agua y una sonrisa muy similar a la suya. -Bien- respondió con voz tímida y sin preguntar, ella se sentó a su lado.
-¿Qué hace un hombre, un domingo a la tarde con este clima sentado en un banquito?- preguntó la mujer con dulzura. El muchacho sonrió y en tono sarcástico dijo: -Lo mismo que hace una mujer sentada al lado de un hombre desconocido-.  Ella soltó una risa bastante tierna y contestó “Seguí a mi corazón”. En ese momento se miraron fijamente como si se conocieran de toda la vida, como si siempre hubieran estado juntos.

-Me llamó Abril ¿y vos?- preguntó la mujer. -Yo,Alejo- contestó secamente el hombre. Se miraron y en ese instante de silencio, la llovizna que parecía interminable, terminó.  Se levantaron, un poco empapados y juntos decidieron caminar.  Mientras caía la noche, entre risas y miradas intercambiaron anécdotas, como dos locos que se conocían de toda una vida.  Las horas se hicieron minutos y la ciudad gris cambió su color. Fueron dos almas que disfrutaron de un cielo que no dio señales de luz

Debo decir que ese día, eran las únicas personas fuera de sus hogares, fuera de sus trabajos y fuera de cualquier obligación que disfrutaron de ese mal clima. Salieron en busca de algo, porque sentían que debían hacerlo, lo hicieron para encontrarse el uno al otro.

Atte: Javier Romero Ulic