Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Corazón roto


Pasaron 72 hs, las necesarias creiamos para enfriar la cabeza y un curar un poco el corazón, pero no. 

 El corazón sigue dañado y la cabeza da mil vueltas. Crea sueños con posibles escenarios donde todo salió bien. Te levantaste feliz hasta que reaccionas y te das cuenta que solo fue un sueño.

Duele, como pocas veces dolió.  Duele como cuando te rompen el corazón y pensas que eso no puede volver a pasar. Por lo menos no de la misma forma, pero ahí está otra vez ese dolor. Estamos tristes, angustiados, con dolor en el pecho, sin ganas de decir o hacer nada. 

El sueño se transformó en pesadilla en cuestión de minutos, la fiesta que esperábamos nos la quitamos y nos la prohibimos nosotros mismos como si no fuéramos merecedores de la misma. 

No hubo reacción, es eso quizás lo que nos provoca este dolor, lo que más nos deja tristes.  Estas personas, que se hicieron de una esencia guerrera, no tuvieron el fuego sagrado que derrocharon en otras oportunidades. ¿Por qué? Nos preguntamos una y otra vez. No lo sabemos.


Las cosas se dieron así. La reacción de ellos, de nosotros, de todos, fue así.  Seguimos y seguiremos toda la vida tratando de entender que pasó o porque sucedieron las cosas de esa manera. 

La tecnología es simplemente nuestra excusa consuelo.  La que nos sirve para aliviarnos un poco, para seguir pensando que si no se cometían esos errores, todo hubiera sido distinto. Es una venda que nos gusta usar para no ver la verdad.  Sin embargo, la realidad es dura.

Creo que ninguno de nosotros pensó que esto sucedería y sucedió.  Un golpe inesperado en un momento innecesario.  La tristeza sigue presente y será difícil de olvidar, por lo menos hasta el domingo a las 16…

sábado, 21 de noviembre de 2015

Joaquin



Joaquín era un muchacho introvertido, raro y callado.  Decía lo justo y necesario. No expresaba emociones, era prácticamente una utopía verlo enojado o feliz.  Se llevaba bien con todo el mundo y todo el mundo lo quería.   Sin embargo, era de las personas que no se involucraba demasiado en la sociedad.

Así era Joaquín, un chico que disfrutaba de escuchar música y quedarse en casa.  Que de vez en cuando conversaba con extraños y sobretodo se ponía de muy buen humor al escuchar anécdotas banales en cualquier lugar y a cualquier hora.  Cuentos o historias de Mujeres, fiestas, amigos, o un simple hecho, eso lo divertía.  Lo divertía a tal punto que ni siquiera necesitaba hablar, se sentía en su zona de confort.  Escuchar a las personas era lo suyo.

Joaquín tenía sentimientos encontrados.  Su mente era crítica en todo momento, trabajaba como un reloj las 24 hs del día.  Iba y venia con pensamientos sobre todo lo que pasaba pero ninguno de esos pensamientos salían a la luz. Nacían y morían dentro de él.  Joaquín también era terco.  El pensaba que tenía la razón y cuando sabia que no la tenía, sacarle una disculpa era como intentar tocar el cielo con las manos. Algo Imposible.

En esa ciudad de locura que estaba dentro de la cabeza del hombre, habitaba una sola persona. Su nombre variaba según la situación.  Un día era luz y al otro, Micaela.  Una vez se vistió de Carolina y otras veces hizo de Florencia.  Ella era la única protagonista en ese cóctel que se mezclaba constantemente en el cerebro de Joaquín.

Ella era especial y él lo sabía.  Era producto de esos pensamientos que nunca salen, de esas palabras nunca dichas, de esas situaciones nunca concretadas.  Joaquín se procesaba por dentro y por fuera si lo analizabas con atención, parecía miserable.  Acumulaba pensamientos, palabras, sentimientos y nunca se los sacaba.  Se guardaba odios y rencores, se guardó amor y se sometió al olvido, para sentirse mejor.  Se llenó de frustración.

Un día pasó lo que tenía que pasar. Joaquín explotó y no tuvo nadie que lo detenga, ni contenga. Estalló como Hiroshima y no sobrevivió nadie.  Se sacó todo, en el peor lugar y momento posible.  Vació esa ciudad de pensamientos y la convirtió en una película de terror.  Recibió todo tipo de golpes, quedó knock out y cuando tomó consciencia se arrepintió.  

Al día siguiente despertó con su personalidad potenciada, como un efecto rebote, todo lo que salió, volvió a entrar y mas pesado que nunca. ¡Mierda! – pensó y seguido de eso, escuchó su celular. Un mensaje de texto, a las 13:47 del día 27 de Noviembre.  Con un ojo cerrado y el otro semiabierto leyó: ¿Estás bien Joaquín? Soy Catalina.  Él sonrió y se permitió ser feliz un instante.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Rock y luces



Lo que él recuerda son sus piernas bailando al compás de Chuck.  Lo que él recuerda es la energía del ambiente, la sonrisa en su boca y sus ojos cerrados.  Ni sabe como se llamaba, ni siquiera necesitó preguntarle.   Anonadado por sus movimientos, se mimetizó con ella y juntos parecían Johnny y June. 

Luego Elvis los transportó a otro lugar mágico donde nadie había podido llegar.  La música sonaba, ella bailaba, él con sus pasos graciosos la seguía con la mirada y como un adicto se enfocó en esa cintura que iba y venia.

El rock les dio un tiempo para hablarse, pero ellos decidieron besarse y aumentar su locura.  Ella lo agarró de la cabeza suavemente, él tocó su cintura y sus manos acompañaban el ritmo de ese cuerpo lleno de buena vibra.  Los minutos parecían horas y las horas días, los temas pasaban ya sin importar y ellos dos seguían ahí, entre la multitud bailando un vals lleno de pasión.   


Sus cuerpos se pegaban y se separaban. Se tomaban de las manos y se soltaban. Veían los flashes de la noche, las luces locas que los iluminaban y de vez en cuando, se permitían una mirada seductora. Verlos era una manifestación muy hermosa de cómo dos personas conectadas por el ritmo de la música tenian la necesidad de sentirse el uno al otro. O en otras palabras, era magia.

El clímax llegó con “start me up” y fue ahí cuando ella ganó la guerra.  Levantó las manos, se agarró la cabeza y dejó que él la persiga con la mirada.  Sin dudas, el muchacho se rindió ante tanto encanto y sólo supo hacer una sola cosa.  Se acercó lentamente y la besó.  Apagó el fuego con más fuego y ella no se resistió.  

Las luces se prendieron y todo terminó. No hacía falta seguir, se miraron por última vez y sonrieron cómplices del rock.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Gris

Cuando no alcanza el amor que ofrecés
y peleás una causa perdida
el amor se transforma en herida


que no cierra, y que no deja ver 

Y ceder en la apuesta es tan duro
sin apuro y sin pausa empezás a perder.


(Los Piojos)



 

martes, 8 de octubre de 2013

Un loco y un laberinto



Suelo escuchar, suelo leer y a veces, hasta suelo preguntarme porque toda la gente dice que conoce gente loca y/o que el/ella está loco.  ¿Qué es la locura? No sé,  pero lo que si sé es que yo no conocí ningún loco todavía.  Porque, el loco, no sabe donde está. No sabe quien es, no es coherente.  Yo conozco gente coherente, que no rompe esquemas, que no sale de su rutina y de su vida depresiva.  Porque una rutina es depresiva, a largo plazo.  Y la gente que yo conozco, incluyéndome, es rutinaria.  Ninguna locura les vi hacer, ninguna incoherencia les oí decir.   Por eso, me gustaría conocer a un loco/a.

Me gustaría, además que ese loco, no diga que está loco. Si no, que no lo sepa.  Que su locura me haga, nos haga, pensar que realmente no es cuerdo.  Me encantaría conocer a esa persona que me saqué de donde estoy y me muestre algo diferente a lo que ya conozco, a lo que ya soy, a lo que ya hago.  Que, con su locura o como se llame eso, me haga reír, me haga sentir miedo, me haga sentir incomodo, me lleve de aventuras y otras cosas más.  Me muestre cosas que no sabía que existían o simplemente me diga incoherencias.  
Hay que darse cuenta, que a este mundo le faltan locos.  Los locos no dicen que estan locos y los que conocen locos, no andan diciendo que los conocen.  Pues, si lo dijeran sería difícil no pensar que son normales.  ¿Dónde están los locos? ¡Adonde se metieron! ¿O será que son una raza en extinción? Quien sabe, lo cierto es que son difíciles de encontrar.  O por lo menos para mí, porque parece que para los demás es tan fácil como encontrar un edificio por la 25 de Mayo.    Basta de rutinas, basta de gente normal, necesitamos a quien nos sacuda la cabeza y nos muestre que la vida no es un circulo donde siempre volves a un mismo lugar, que nos muestre que la vida no es un cuadrado en el cual estás encerrado y no tenes salida.  Necesitamos que nos muestren que la vida es un laberinto con miles de formas divertidas, tristes, interesantes y hasta escalofriantes de llegar a la meta final.   Eso necesitamos,  un loco y un laberinto.  Si alguien conoce al loco o sabe donde está el laberinto, por favor que nos avise.

lunes, 7 de octubre de 2013

Carta de una Pared



¿Qué culpa tengo yo, de que no haya justicia? Por que razón yo siempre sufro las consecuencias de los vándalos que se expresan a través de mi.  Dios le dio a ellos la habilidad de razonar, hablar, moverse y muchas cosas más.  A mi, que sólo soy una creación del ser humano, Dios me dio la fortaleza de aguantar todo lo que venga.  Pero a veces estoy sensible,  y una cosa es que me pinte la cara y el cuerpo un artista.  Ese artista que me llena de colores y me pone algún que otro pintoresco dibujo que muy pocos entienden. O una que otra frase con letras inentendibles.  Pero que venga una banda y sin piedad maltrate mi cuerpo, no tiene sentido.

La culpa no la tengo yo.  Y no es la forma de expresarse porque yo no hablo por ustedes.  Vaya señor a pintar otras cosas, pinté un papel que a ellos los hicieron para ser escritos. Vaya pinte en otro lado, porque no va a haber justicia con sólo dañar mi ser.  Asi que le pido encarecidamente a usted y a todos: no soy un vocero, no pidan justicia, no pidan amor, no pidan perdón. Si quieren todo eso, usen la cabeza y luego ejecuten con la boca.  Desde ya, muchas gracias.

Atte: Una Pared.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Sonrisa



Entonces en medio de esas caras desconocidas, cubiertas de luces y sombras, te vi.  Me enamoré y ni siquiera me pude acercar para saber tu nombre o escuchar tu voz.  Ahí estaba yo, tan cerca y tan lejos de ti.   Me separaban dos, tres, cuatro vasos de vodka, o quizás uno o dos de whisky, no lo sé.   Pero ahí estaba yo, con la mirada perdida en tu sonrisa, admirando tu graciosa forma de bailar, tratando de descifrar que era ese “no se qué” que todos dicen que tenes o que ves cuando te enamoras.   Ahí estaba yo, a tres temas de distancia tuyo, y a la vez a mil silencios lejos de vos.

Tu sonrisa no la olvido más.  Era una de esas sonrisas naturales, que enamoran pero que a la vez no te das cuenta que lo hacen.  Tu sonrisa era perfecta y yo la disfrutaba mientras sonaba algún tema de rock que en estos momentos no suelo recordar.  Miles de caras había y yo me fui a topar con la tuya, en medio de la oscuridad.  De esa noche en que te conocí, no recuerdo muchas cosas.  Recuerdo que no quería ir a ese boliche, recuerdo que me sentía triste, solo y amargado.  También me acuerdo que sólo quería emborracharme para tomar coraje y hacer algo con otra chica que me gustaba.  Porque, debo decirte, que soy cobarde.  No lo voy a negar, tímido y cobarde.  Pero ese día, quería dejar de serlo, no con vos (porque claro, no te conocía) sino con otra chica.  De esa chica si me acuerdo, tenía muchas cosas que no me gustaban pero igual yo me convencía de que si era para mi.  Esa noche, ni me acerqué a ella.  No hace falta explicar porque, simplemente el destino o quizás yo.  Si, yo, yo soy el culpable de que me pasen las cosas que me pasan, pero nada me importó cuando te vi.

Te movías muy femeninamente, pero a la vez no.  Era algo como forzado, pero a la vez no.  Me acuerdo que tu pierna izquierda era mucho menos hábil que la derecha, bailabas rodeada de tus amigas. Pero vos no eras así, vos no te destacabas entre esas chicas producidas hasta parecer payasos andantes.  Vos no querías ser como ellas, vos no estabas para ir y encontrar con quien pasar la noche.  Vos estabas ahí para divertirte.  No para olvidar penas, o lo difícil que es la vida como yo.  Vos estabas para disfrutar de las pequeñas cosas y yo, te juro que yo, no se ni porque estaba allí.   Pero te vi ¿no?, te vi y por un momento te sentí mía.  Creo que me lanzaste una mirada seductora acompañada de una sonrisa pícara. O quizá ese pensamiento fue un sueño, un deseo, una ilusión, realmente no recuerdo nada de esa noche.  Excepto tu sonrisa y una vaga imagen tuya en mi cabeza diciendo – ¿Estás bien?-.