Pasaron 72 hs, las necesarias creiamos para enfriar la cabeza y un curar un poco el corazón, pero no.
El corazón sigue dañado
y la cabeza da mil vueltas. Crea sueños con posibles escenarios donde todo
salió bien. Te levantaste feliz hasta que reaccionas y te das cuenta que solo
fue un sueño.
Duele, como pocas veces dolió. Duele como cuando te rompen el corazón y pensas
que eso no puede volver a pasar. Por lo menos no de la misma forma, pero ahí está
otra vez ese dolor. Estamos tristes, angustiados, con dolor en el pecho, sin
ganas de decir o hacer nada.
El sueño se transformó en pesadilla en cuestión de minutos,
la fiesta que esperábamos nos la quitamos y nos la prohibimos nosotros mismos
como si no fuéramos merecedores de la misma.
No hubo reacción, es eso quizás lo que nos provoca este
dolor, lo que más nos deja tristes.
Estas personas, que se hicieron de una esencia guerrera, no tuvieron el
fuego sagrado que derrocharon en otras oportunidades. ¿Por qué? Nos preguntamos
una y otra vez. No lo sabemos.
Las cosas se dieron así. La reacción de ellos, de nosotros,
de todos, fue así. Seguimos y seguiremos
toda la vida tratando de entender que pasó o porque sucedieron las cosas de esa
manera.
La tecnología es simplemente nuestra excusa consuelo. La que nos sirve para aliviarnos un poco,
para seguir pensando que si no se cometían esos errores, todo hubiera sido
distinto. Es una venda que nos gusta usar para no ver la verdad. Sin embargo, la realidad es dura.
Creo que ninguno de nosotros pensó que esto sucedería y
sucedió. Un golpe inesperado en un
momento innecesario. La tristeza sigue
presente y será difícil de olvidar, por lo menos hasta el domingo a las 16…




