Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Los Archundia merecen morir

Con tan solo 19 años Álvaro Archundia era la figura del equipo campeón de Polo, La Dorada.  El joven talentoso que se destacaba por transformar todo lo que tocaba en gol, era la envidia de todos sus compañeros, en especial de su hermanastro Joel Buenaventura. 
     Joel y Álvaro no se llevaban bien pero dentro de la cancha dejaban sus problemas de lado y se transformaban en algo más que hermanos cuando se ponían la camiseta de La Dorada.  Ambos vivían en la misma casa debido a que la madre de Álvaro se había mudado junto con el padre de Joel, luego de un tiempo de haber salido junto con él.  Lamentablemente para ambos padres la relación de sus hijos no era la mejor, casi no se podían mirar a la cara, discutían por todo y en todo momento, pero mágicamente cuando pisaban el verde césped del Country de La Dorada todo desaparecía o al menos eso creían sus padres.
   En la fiesta del décimo campeonato obtenido por La Dorada, que lo transformó en el equipo más ganador de la historia argentina, ocurrió lo menos pensado.  A la hora de la presentación de la joven figura Archundia, no apareció nadie.  El conductor de la fiesta repitió varias veces el nombre de Álvaro Archundia pero ninguna persona apareció sobre el escenario.  Sus  compañeros y familiares comenzaron a preocuparse incluso Joel hasta que de repente las luces del salón se apagaron por un instante y cuando volvieron, un grito colectivo y estremecedor se hizo dueño y señor de la noche. Álvaro Archundia apareció colgado con sus rostro sonriendo y un cartel pegado a su cuerpo “Los Archundia merecen morir”.   Nadie comprendía nada, hasta su hermanastro estaba shockeado por el acontecimiento ¿Quién podría haber matado a Alvarito con tanto futuro por delante? La fiesta se suspendió y cada integrante de La Dorada fue interrogado por la Policía en busca de respuestas pero sin éxito alguno.
     Este no fue el primer asesinato que sufría la familia Archundia y eso la madre de Alvarito lo sabia. Mintiéndole a la gente que su marido había fallecido a causa de un ataque al corazón, logró ocultar la verdad del primer asesinato. En esos momentos difíciles fue el padre de Joel,  Julio quien era uno de los mejores amigos del asesinado y su ayudante técnico en el equipo de polo La Colorada, fue quien la acompañó sin dejarla sola en un solo momento. Esto terminó forjando una relación entre ambos y enamorando a la madre de Álvaro. 
Sin embargo, está vez era su hijo el que sorpresivamente estaba muerto y todo el mundo lo había visto, Laura ya no podría mentir más y eso que ni siquiera se había resuelto el caso del primer asesinato.  Laura estaba consternada sobre todo por el mensaje en el pecho de su hijo, el cual era el mismo que el de su padre: “Los Archundia merecen morir”.  Pasó el tiempo y al igual que con su marido, la policía no logró encontrar al asesino.  Los años fueron pasando y la muerte de la joven promesa de Polo se fue olvidando hasta quedar en el recuerdo.
    El 17 de Octubre, La Dorada había organizado un pequeño acto en conmemoración al aniversario de la muerte de su más joven promesa, Alvarito Archundia. Ese día la madre del difunto se vistió de negro, preparó el  almuerzo y se sentó a comer con la que se había transformado en su nueva familia, Los buenaventura.  Las conversaciones en la mesa iban y venían como una familia, y uno de los temas más destacados  era  la consagración de Joel como mejor jugador de Polo en Argentina con el menor Hándicap que se podía tener.  Era el orgullo de su padre, quien lo felicitaba ante la mirada de su madrastra.  Pero el inexperto Joel diría algo que cambiaría totalmente a la familia “Gracias Laura, Gracias papá sin la muerte de Álvaro esto no hubiera sido posible”.  Laura se quedó boquiabierta por el comentario tan frío y desubicado de Joel quien la miraba con una sonrisa diabólica. El padre se levantó de la mesa, serio y fue hasta el lavamanos.  La madre había quedado shockeada por esas palabras, su marido levantó un cuchillo y dijo “Joel, por tu culpa ahora tendremos que matar a otro Archundia”, la madre giró para ver la cara de su amante y él con la misma sonrisa diabólica que tenía su hijo dijo “¿Y cómo crees que fui técnico de La Colorada?
   Al aniversario sólo fueron Joel y su padre, y ante la pregunta de la gente por la esposa y madre de los Archundia, ellos con lágrimas en los ojos respondieron que murió por una grave enfermedad.



Javier Romero Ulic

martes, 26 de julio de 2011

Capítulo VIII: La última Melodía de Nygma

Ahí se encontraba Nygma, recostado sobre el verde cesped viendo, viviendo sus últimos minutos.
Es un lugar lindo para morir pensó, mientras con su mano ensangrentada agarró un diente de león.  Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro.  Ahí estaba el hombre pensando en morir, ya quería llegar al próximo al próximo mundo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.

Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quien él amaba con todo su corazón.  Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, en su boca se dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por las lágrimas que brotaban constantemente de sus ojos.  Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible.  Lloraba, gritaba, le confesaba su amor, y él tan sólo sonreía sin escuchar esas importantes palabras.  El mago había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.

Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas.  Y pronto su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía.  El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amada llorar, sin poder decir una palabra.  Fue entonces cuando comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado. Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire  el suelo comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable barrera de cristal. Un pequeño lirio violeta creció ante la sorpresa de todos los presentes.  Ella lo vio inmediatamente y con una dulce tristeza agarró la flor y la apoyó sobre su pecho.  Aquellos ojos verdes dejaron de llorar y una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Melodía.

-Yo hice está pared para protegerte y protegerte de mi- dijo el Mago. La chica de cabellos dorados se emocionó y apretó fuertemente el lirio que sostenía en sus manos.  La flor que sostenía en sus manos comenzó a brillar e hizo un agujero que le permitió atravesar aquel muro de cristal para llegar al lugar donde se encontraba Nygma.  La furia del pueblo desapareció ante la impactante escena de los enamorados. Todos se quedaron en su lugar viendo como Melodía se dirigía al mago.   -Lamento mucho lo que pasó, siempre supe que algo andaba mal en mi sin embargo me hago cargo de tal destrucción- se disculpó el joven.  -Lo sé, cuando te miré aquella vez de niña vi tristeza, amor y también vi maldad por eso cuando nos volvimos a reencontrar supe que eras aquel chico desde un primer momento y decidí acompañarte- respondió entre lágrimas la señorita.  Ella lo abrazó y se sentó apoyando la cabeza en su hombro.

 -Dime tu nombre antes de irte, necesito saberlo- pidió con mucha dulzura al mago. -Me llamo casi igual a esa flor, mi nombre es Liro- respondió.  La chica volvió a estallar en lágrimas y se aferró muy fuerte al mago.  -Sé que te tienes que ir pero ¿no existe algún truco que elimine la muerte o algo parecido?- preguntó ingenuamente la mujer y Liro respondió -Siempre sabes como sacarme una sonrisa, nos veremos pronto Melodía, te estaré cuidando desde algún lugar-.  Los ojos de diferentes colores del muchacho, uno azul y otro marrón claro, se cerraron y se dibujó una sonrisa en su rostro despidiendose de Melodía. El cuerpo de Nygma se desvaneció y en el lugar donde estaba brotaron más lirios haciendo eterno su último truco. Melodía agarró un lirio del suelo y sonrió mirando al cielo.  Desde ese día, Melodía cuida ese jardín de lirios esperando algún día reecontrarse con su amado.

                                                                    FIN

Atte: Javier Romero Ulic




domingo, 17 de julio de 2011

Capítulo VII: La magia de los sentimientos


Las lágrimas de Melodía en sus ojos y una risa lunática en sus oídos era lo único que reconocía Nygma. Estaba fuera de sí y destruía todo lo que se cruzaba en su camino.  El pueblo que tanta paz había tenido miraba al mago con mucho temor, todo había vuelto a ser como aquella noche que mataron a los magos malignos.  Mujeres y niños corrían a sus hogares mientras los hombres trataban de hacerle frente sin éxito alguno a este poderoso mago.     

Lafitá ardía como en viejas épocas y nadie podía salvarlo o eso pensaron los habitantes del pueblo.  Nygma desde el pico de aquel árbol hacía correr sangre y terror dentro de las personas, había centenares de muertos por la grandiosa magia del mago azul y el pacifico pueblo en un abrir y cerrar de ojos, era ceniza.  Sólo habitaba el miedo, los llantos y la tristeza.   El poder de Nygma era incomparable e incontrolable, mientras Melodía seguía en un estado de shock y era la única que no había recibido daño alguno, misterioso pero cierto. El lugar donde se encontraba la niña que supo cautivar al joven Nygma y que enamoró al mago no había sido atacada.    

Entre tanto caos, temor y confusión aparecieron cuatro hombres vestidos con un negro intenso a los cuales no se les veía el rostro.  Estos magos rodearon el árbol donde se encontraba el causante de tal destrozo y con un par de movimientos psicodélicos  encerraron al mago en una especie de cuadrado.  El muchacho que estaba poseído por su otra personalidad paró de repente el ataque hacía el pueblo y se quedó inmóvil.  Los magos siguieron con su truco y el cuadrado se iba achicando cada vez más hasta que tomó la forma del mago.   No podía moverse ni un centímetro sin embargo esto parecía no afectarle, ya que seguía en la misma posición sin hacer un movimiento desde que esos magos aparecieron.  Los magos terminaron el truco y sellaron al mago en aquel árbol y la gente sobreviviente comenzó a sentir un alivio.  “Gracias Darmagos” se escuchó en un grito unísono del pueblo para aquel grupo de cuatro magos, los cuatro mejores y más antiguos, los mismos que habían detenido años anteriores a los padres de Nygma. Ellos mismos, hoy volvían a cumplir una hazaña, volvían a ser los héroes de pueblo o eso creyeron.  

La gente comenzó a salir de sus escondites y los magos sacaron sus capuchas para mostrar que a pesar de los años, todavía eran capaces de realizar grandes cosas. Lafitá comenzaba a festejar y mientras Melodía observaba lo que pasaba shockeada y atónita sin explicación alguna, una risa se comenzó a escuchar a lo largo y ancho del lugar.  “¿Pensaron qué cuatro ancianos podrían derrotarme? jajaja ilusos ¡mueran!”.   El árbol de los recuerdos se partió en dos y rodeado por llamas azules, el mago rompió el hechizo de los Darmagos y todo el pueblo se vio rodeado de fuego.   “No nos venciste todavía Nygma” dijo uno de los Darmagos. “Sabíamos que ibas a romper el hechizo y por eso caíste en la trampa” sentenció otro integrante.  Nygma sonrió y potenció su ataque sin embargo este no funcionó.   El mago comenzó a sentirse desesperado sin entender que había hecho su rival y en ese momento vio como ese sello que rompió en mil pedazos estaba flotando en el aire. Cada pedazo era una flecha que apuntaba a él, intentó neutralizarlas pero fue en vano.

Los Darmagos iniciaron el ataque y el cuerpo de Nygma fue atravesado en mil pedazos.  El mago con su traje roto pero con esa sonrisa que lo caracteriza, esa triste sonrisa hizo un ultimo truco.   Volvió a la normalidad al árbol de los recuerdos y se apoyó en él para recibir el ultimo ataque de Los Darmagos.  El famoso clan se puso en posición y agitando sus varitas dispararon los últimos cuatro fragmentos del sello que había roto Nygma, para acabar con él.  Las cuatro flechas estaban a punto de matar al mago de ojos azules cuando un grito mezclado de llanto se escuchó detrás de toda la gente.  Las cuatro flechas chocaron contra una pared de cristal. El pueblo no entendía quien había hecho ese truco y sólo vieron un destello. Melodía estaba envuelta de una brillante luz  y con sus manos había creado una pared de cristal para evitar la muerte de su amado.  Una pared tan fuerte como el sello de los héroes,  una pared hecha con sentimientos y con el corazón ... 

 ¿Melodía tenía magia? ¿Por qué salvó a Nygma de su muerte despues del daño que causo? ¿Cómo hizo esa pared y por qué la hizo?  Todo esto y más en el ultimo capítulo de está emocionante historia.

Gracias a todos los que leen y a todos los que leyeron alguna vez. Espero que les guste este capítulo y que la historia los haya atrapado. ¡El capítulo final muy pronto!
Atte: Javier Romero Ulic

lunes, 27 de junio de 2011

Capítulo VI: Una misteriosa doble personalidad


Nygma y Melodía continuaron buscando pistas sin mucha satisfacción y con pocas esperanzas. Los Aldeanos no sabían mucho sobre la historia, ya que sus padres habían muerto en aquella pelea y mucho de ellos eran jóvenes para ese entonces.  Poco tenían para decir.  Lo único que mantenía la esperanza de Nygma, la llama viva de la venganza eran las constantes visiones que se transformaron en sueños repetidos y cotidianos del árbol de los recuerdos.  El reiterado sueño con el fuego, el niño y los ojos azules se repetía hasta el hartazgo del mago.

Buscaba cada noche, en cada sueño, alguna nueva pista pero cada vez que intentaba hablar con el chico este desaparecía. Su visión era débil y no le brindaba las respuestas que él quería.  La información que buscaba estaba lejos de esa aldea, donde todo había sucedido pero antes de partir debía ir al árbol de los recuerdos una vez más.  Pasó el tiempo necesario con Melodía, aparentando haber perdido ese objetivo que lo había llevado hasta el pueblo de Lafitá, y ayudando a todos los aldeanos con sus poderes en sus diferentes labores. La relación con Melodía creció y floreció de una manera inesperada, se sentía querido y había encontrado en quien confiar pero su pasado no le permitía ser feliz. 

Un día de otoño, con sus poderes llevó a Melodía al jardín de Lirios de los Sinsé.  Hizo conocer lo que sus abuelos, sus padres adoptivos, habían construido.  El jardín estaba abandonado y las flores marchitas, sin vida alguna. Melodía miró ese Jardín con tristeza y un poco desentendida ya que no sabía porque Nygma había elegido ese lugar.  Este lugar es muy triste dijo la señorita de cabellos dorados, el mago de ojos marrones claros le respondió con una sonrisa y le dijo “Párate en medio de este triste jardín y cierra los ojos”.  Ella se ubicó entre muchos lirios sin vida, hizo caso al hombre y cerró sus ojos. Con tres movimientos de su varita, Nygma transformó ese jardín en un lugar llenó de vida y esperanza.  Hizo de un suelo gris, un arcoiris en un abrir y cerrar de ojos.  Tomó de la mano a su chica y juntos se recostaron en esa cama de muchos colores, el aprovechó ese momento como una especie de despedida sin que ella supiera y le contó su historia o lo poco que sabía de su historia.  Ella pasó uno de los días más felices de su vida y guardó ese momento en su corazón.

Volvieron al pueblo y juntos pasaron una noche mágica.  Ella se durmió en su pecho y espero a que se durmiera para sacar muy dulcemente su cabeza y la dejó sola.   Nygma se alistó para nunca volver y salió sin hacer ruido alguno, se despidió de la gente dejando un sombrero en cada puerta.   Inició su marcha caminando nada más y nada menos que hacía el árbol de los recuerdos, entró al bosque y se apoyó en el árbol pero algo raro sucedió. Empezó a escuchar gritos de desesperación, sentía el fuego quemar su piel, abrió los ojos y vio a Melodía y el resto del pueblo saliendo aterrados de sus casas.  Él se encontraba parado en el pico del árbol de los recuerdos y girando su varita con llamas que lo rodeaban y con una risa desquiciada que le aturdía la cabeza.

El pueblo ardía, una vez más y cuando bajó la mirada desde aquel punto tan alto, sólo ahí pudo darse cuenta quien era el culpable.  Melodía dirigía su mirada hacía él con lágrimas en los ojos y con mucho miedo en su mirada.   El mago Nygma recordó todo su pasado, volvió su memoria y pudo ver quién causaba ese desastre.  Bajó rodeado de las llamas y pudo ver en el reflejo del lago quién había causado tanto desastre.   Con una mirada soberbia y una sonrisa escalofriante se encontró con el mago de ojos azules, el mago Nygma de ojos azules…  

Nygma resultó ser el mago de Ojos Azules, Melodía quedó aterrada por la doble personalidad de este misterioso mago que lo único que hace es dejar más misterios ...
Próximo capítulo muy pronto ...

PD: Cumpliendo promesas capítulo dedicado a esos pocos seguidores, que a pesar del tiempo que pasó siguieron insistiendo con el descenlace de está historia ... 

Atte: Javier Romero Ulic

sábado, 14 de mayo de 2011

Capítulo V: El árbol de los recuerdos

Lafitá era un pueblo bastante chico, donde todas las personas se conocían.  Eran de esos lugares poco usuales donde reinaba la paz y que, cuando te vas, extrañas.   La gente te producía esa misma sensación, la amabilidad y la ternura reinaban en cada uno de ellos.  Melodía me hizo conocer el pueblo para verificar si yo no había estado antes ahí o si no encontraba algo que me resultase familiar, lamentablemente todo era desconocido para mí.

Me tomé unos días de descanso en mi búsqueda para asentarme al pueblo y para que la gente confíe más en mí y pueda contarme con más detalle la historia de Lafitá.  Pasaron dos semanas desde mi llegada, en las cuales, la relación con Melodía creció bastante.  Me sentía muy bien a su lado,  sentía que podía confiar en ella y sobre todo, el corazón duro que crié a fuerza de muertes, se iba ablandando.  Empezamos por amigos y conocidos de ella sin éxito y terminamos en bares, librerías, comercios hablando con cada persona que cruzábamos.   La historia sobre aquellos magos malignos era confusa y nadie sabía con exactitud como había sido.  

Las semanas se hicieron meses y con la compañía de Melodía, mi soledad disminuyó y mi vida era más tranquila. Me hice de amigos, de vecinos, me rodee de gente buena y mi sed de venganza por momentos desaparecía sin embargo los sueños, no.  Cada día eran más intensos. El fuego, la oscuridad,  esos ojos azules, aquel hombre que mató a los Sinsé y la frase de Nora preguntándole “¿Acaso no te acuerdas de nosotros?”.    Esos sueños me desesperaban y cada día eran más intensos, ya no podía aguantar.    En una noche tranquila, me levanté asustado, por otro sueño más y decidí salir solo para calmar mi desesperación.

Recorrí las calles del lugar, el pueblo estaba muy tranquilo y vacío a la madrugada.  Aproveché para admirar con más tranquilidad a este pueblo lleno de paz y tranquilidad que supo pasar por malos momentos y hasta estar lleno de maldad.  Caminando distraído, o quizás por inercia, llegué a aquel Bosque donde todo había sucedido.  Ese Bosque todavía tenía señales de las quemaduras de fuego mágico, que duran para siempre, un par de árboles ciados y sin hojas. Era el único lugar que desentonaba con el pueblo.   

Caminé y caminé, recorriendo ese bosque, buscando alguna pista o simplemente algo que me dijera que estaba cerca de aquel mago de ojos azules.   Me paré frente a un árbol raro y muy viejo.  Estaba todo quemado y rasguñado, parecía que había sufrido mil batallas, presenciado mil hechos, vivido mil vidas.  Me sentí atraído y me senté apoyado en él quedándome dormido.   De repente estaba en el mismo árbol, rodeado de fuego con un niño adelante mío.

El fuego no me dejaba respirar, aquel niño sufría y se notaba muy cansado.  Toda la gente lo odiaba, querían matarlo, a mi ni siquiera me veían, parecía invisible.  Ese niño no podía ni moverse casi, el fuego era insoportable quemaba por dentro. No aguantaba más ni tampoco el niño, no sé porque presentía todo el dolor que sufría aquel niño, parecía que estábamos conectados.   El fuego se intensificó, la gente se puso más furiosa y entre tanto alboroto escuché “Ese es el artefacto, destrúyanlo”.  Miré al niño, él sacó algo de su bolsillo y antes de desaparecer se dio la vuelta y me sonrió.

Me desperté sentado en el mismo árbol, gracias a los gritos de Melodía.  Pensó que algo malo me había pasado. ¿Qué hacía sentado en el árbol de los recuerdos? Me preguntó y le respondí que me quede dormido sin darme cuenta.  ¿Y soñaste algo? No, no soñé nada, le mentí.   Ya me parecía dijo ella, ese árbol ya no funciona, hace tiempo no recupera algún recuerdo como dice la historia, el último al que le brindo un recuerdo fue a mi padre.  ¿Entonces este árbol recupera recuerdos? Le pregunté inocentemente. Si, pero como ya te dije, hace rato no funciona.  Me tomó de la mano y nos fuimos caminando a buscar más pistas.  El árbol de los recuerdos, aquel niño de ojos azules ¿Por qué sentí lo mismo que él?, ¿Por qué me sonrió? Será que yo soy el mago de ojos azules…


Nygma queda más confundido con las visiones que le brinda el mágico árbol de los recuerdos ... ¿Será él quien mató a los Sinsé? ¿Será el mago de ojos azules?
Atte: Javier Romero Ulic

miércoles, 27 de abril de 2011

Capítulo IV: Una extraña señorita llamada Melodía

Empecé mi largo viaje en busca del asesino de los Sinsé, andando de pueblo en pueblo, intentando conseguir alguna información que me guiara a aquel hombre. Nadie conocía a un mago de ojos azules y si lo conocían, ocultaban la información que tenían porque la gente les tenía mucho miedo a los magos.  Me decían que no existían los buenos hechiceros y que todos buscaban estafar a la gente con obras de bondad.   No les parecía extraño que ese mago haya asesinado a los ancianos, comentaban que en está época suele suceder,  y que seguramente los Sinsé debían haber estado en deuda con aquel hombre.    Lo que no sabían ellos, era que ese hombre me conocía, sabía quien era yo, sin embargo ese dato no le podía decir a cualquiera porque la gente como yo era mal vista en la mayor parte de la sociedad.

En los pueblos que iba visitando, el bien y el mal estaban divididos, en algunos lugares la paz se hacía presente y en otros el caos era una cosa cotidiana.  Me decidí  por ayudar a las personas que sufrían algún peligro, utilicé un pañuelo para ocultar mi rostro y desde las sombras usé mi magia para evitar robos, asesinatos y torturas a cambio de un poco de comida y un techo para dormir, no quería aprovecharme pero otra opción no me quedaba.  Mi viaje se tornó algo desesperante porque ya eran varios los meses que habían pasado desde la noche en que murieron Don Julio y Nora. Comencé a cansarme y cada día aguantaba menos las constantes pesadillas que tenía, los ojos azules, el fuego, esa risa insoportable, todo me volvía loco. Esos sueños se hacían cada vez más fuertes y más incontrolables, siempre me despertaba asustado y nervioso. 

Pasó más de un año desde el comienzo de mi nefasta busqueda de alguna pista que me guíe a la verdad.  El otoño se hizo presenté y junto con él, llegué a un pueblo llamado "Lafitá". Un pueblo raro lleno de magos y hechiceras, hecho que me sorprendió bastante. Ya había escuchado algo sobre este lugar pero nunca creí que fuera verdad, me sentí libre luego de mucho tiempo ocultando mi identidad y me tomé el trabajo de hablar con cada persona que se prestaba a una charla.  Hace rato no me sentía tan bien conmigo mismo, los magos que vivían ahí eran bastante amigables, el lugar parecía perfecto para mí.  Luego de un par de día conociendo el lugar, decidí tomarme un descanso para relajarme, era la primera vez que me permitía descansar en todo este tiempo. Fui a una plaza donde las hojas de otoño no caían y donde el tibio rayo de sol, entre tanto frío, tranquilizaba el alma.   Me relajé, me saqué el sombrero y cerré los ojos para disfrutar de la paz que generaba aquella plaza.   Me sumergí en mis pensamientos y pareció que habían pasado horas cuando de repente una chica se me acercó.

"¿Le molesta si me siento a su par?" me preguntó. "¿Ah? No, claro que no, es libre de sentarse donde guste" respondí. Es lindo el otoño en esta plaza, ¿no? dijo sin que yo le hablara, "Supongo, no tuve el tiempo de admirar los paisajes" contesté indiferentemente.  ¿Es nuevo en la ciudad? me siguió hablando, "Estoy de paso, estoy de viaje en busca de un mago". "Acá hay muchos" dijo ella entre risas. "Sí, lo sé, espero que alguno pueda ayudarme a encontrar al asesino de mi familia" con tranquilidad y desinterés el mago continuo la charla. "¿Asesino?, No creo que alguien sepa algo de asesinos, los últimos murieron hace unos años atrás y desde ese entonces este pueblo a estado en paz" ¿Asesinos magos? Una pequeña gota de curiosidad despertó en el ser de Nygma. "Sí, habían torturado a mucha gente de este pueblo, les robaban y luego los mataban, eran magos que utilizaban la magia negra. Los mejores magos del pueblo juntaron fuerzas y entre todos lograron matarlos, es triste pero según me cuenta mi madre, no había otra forma de detenerlos".   "Supongo que hicieron bien, debe haber sido bastante malo vivir en ese momento" le contesté un poco más atento a su historia.

La chica que llevaba un vestido verde agua y una vincha blanca en su pelo rubio continuo contando la historia. "Todavía recuerdo la última noche de su hijo, yo era casi una niña y estaba jugando por los alrededores del bosque sin darme cuenta que perseguían a aquel niño.  Fui a perseguir una mariposa, y un niño me chocó, él quedó tendido en el piso, un poco mareado, lo quise ayudar y rápidamente llegó mi madre y me alejó de él muy asustada. Yo no se porque le tenían miedo, no parecía un chico malo. Tenía unos ojos azules muy oscuros, con una mirada muy penetrante pero llena de tristeza y un pelo negro de la misma tonalidad.  Fui a la única que no le dio miedo su mirada".  Nygma quedó impactado, su indiferencia se transformó en adrenalina por las palabras de la chica, luego de mucho tiempo había encontrado por fin una pista, el mago de ojos azules era hijo de unos asesinos y había nacido en este pueblo.  "¿N-no, n-no sabes más sobre ese mago?" preguntó Nygma sorprendido.  "No recuerdo mucho, yo tenía sólo 11 años además mi madre me apartó lo más rápido posible del lugar para salvarme, sólo recuerdo su mirada triste parecida a la tuya.  Lo último que logré ver fue fuego y escuché un grito que no llegué a entender. Nunca más se habló de él,  lo dieron por muerto, y desde ese entonces este lugar se transformó en el hogar de todos los magos". ¿Parecida a la mia? preguntó muy curioso, "Sí, tu tienes esa mirada de que perdiste a alguien, pero tus ojos son marrones".

"Aquí los magos viven en paz, no son perseguidos ni discriminados por las personas normales, digamos que es nuestro lugar en el mundo, yo adoro este lugar" contó la chica con una sonrisa en su rostro. "¿Tu eres maga?", "No, mi padre era mago pero yo no heredé sus poderes. Vivo aquí porque mi padre era el mago más poderoso del pueblo, él le hizo frente a los asesinos sin embargo entre ambos lograron matarlo.  Desde ese momento, ellos impusieron las órdenes en el pueblo hasta que sucedió lo que te conté. Yo tenía tan sólo tres años, ni siquiera recuerdo el rostro de mi padre, sólo lo vi por fotos.  Me dijeron que fue un hombre muy valiente y eso me llena de orgullo, mi madre me contó mil historias sobre él, fue todo un héroe, me hubiera gustado conocerlo.  Nygma posó su mirada en el rostro de aquella chica que le resultaba muy familiar, le daba una sensación de tranquilidad, algo que no había sentido en mucho tiempo. "El pueblo se llama Lafitá en honor a mi padre, ese era su nombre" terminó de contar la joven con los ojos un poco llorosos.

Nygma estuvo más atento a la chica y comenzó a hablarle como si la conociera de toda la vida,  le contó la causa de su viaje y le habló sobre su misterioso origen, él cual desconocía.  "Tengo que encontrar a ese mago, tengo que descubrir porque mató a los únicos seres que amé y sobre todo necesito saber porque me conocía, cuando lo encuentre pienso que encontraré la verdad sobre mi pasado".  "Es una historia muy triste, ¿Todo este tiempo has viajado sólo?" le preguntó la mujer de pelo dorado. "Sí, hice buenos amigos durante mis viajes" le contestó él rápidamente sin responder a su pregunta.  "Igual por momentos debe haber sido triste haber estado solo" siguió la chica.  El mago sabía que la joven tenía razón, esas noches interminables de soledad eran lo más pesado de su viaje, andar por su cuenta sin amigos y  sin compartir nada con nadie era realmente triste, pero era el camino que había elegido y él lo sabía muy bien, su meta era encontrar al mago a toda costa. .

Nygma decidió buscar profundamente en Lafitá información sobre aquel mago y le pidió ayuda a esa misteriosa señorita. Ella sintió una extraña atracción hacía el mago de ojos marrones, sentía que ya lo había visto en alguna parte, por alguna razón le recordaba a aquel niño de ojos azules. No tenía nada que perder, le daría un poco de acción a su tan pasiva vida y si todo marchaba bien, a pesar del propósito del hombre, ella volvería a ver esos ojos azules. Sin dudar aceptó la propuesta y junto con el mago fue en busca de esos ojos que supieron cautivarla alguna vez.  ¿Cómo te llamas? preguntó el hombre de cabello marrón estrechando su mano, "Melodía" respondió la chica con un beso en la mejilla del hombre. "Las señoritas saludamos con un beso, ¿señor...?" dijo la joven cautivada por la mirada del mago. "Nygma, sólo dime Nygma".  "¿Qué llevas en la bolsa Nygma?”Preguntó Melodía, "el ultimo regalo de mis padres" contestó el mago, ¿Qué es? siguió curiosamente la joven, "Un traje" respondió con paciencia el mago, "suficientes preguntas Melodía, comencemos nuestro viaje" le dijo a la joven con una sonrisa, agarró su sombrero y luego estiró su brazo, ella lo tomó y juntos, luego de un misterioso encuentro planeado por el destino, iniciaron una nueva aventura.

¿Quién será Melodía y por qué dijo que Nygma posee la misma mirada del asesino de los Sinsé? Nygma se acerca a la verdad de la mano de esa misteriosa chica.
Atte: Javier Romero Ulic

lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo III: El mago de ojos azules

¿Papá?, ¿Mamá? , ¿Dónde están?, ¿Alguien está ahí?, no me dejen solo. No me dejen solo en la oscuridad, alguien ayúdeme por favor, no quiero estar solo. Mamá, papá ¿donde están? ¿Por qué todo se está quemando? "Debes morir" ¿Quién me habla? ¿Quién está ahí?, ¡auxilio! por favor alguien... por favor.  ¡Despierta joven!, ¿Qué te pasó?, abrí los ojos y vi una señora mayor que me transmitía tranquilidad con tan sólo verla.  Estaba todo transpirado, nervioso, asustado y el corazón se me salía del cuerpo.  Me dolía la cabeza, tenía puesto un pijama a rayas blanco y no entendía nada, no soportaba el dolor.

¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Qué era este lugar? ¿Quién era la señora? ¿Quién era yo?, la señora sin decir nada me trajo el desayuno a la cama.  Un té y unas galletas para calmarme, y luego de eso me pidió que descanse y sin esfuerzo me volví a dormir.   Me desperté con el sol en lo más alto del cielo, tranquilo, renovado y con mucha energía.  Poco a poco, me puse de pie y me levanté, bajé las escaleras de la habitación en donde me encontraba y llegué a lo que parecía el comedor de la casa. "Por fin despertaste" dijo una voz muy dulce, la miré e inmediatamente me vinieron mil preguntas a la cabeza y antes de poder pronunciar alguna palabra, la mujer de cabellos blancos me dijo "tranquilo chico siéntate, voy a contarte todo".  Hice caso, ella sirvió el almuerzo y empezamos a hablar.

"Antes que nada debo decirte que no se nada de ti"¿Cómo que no sabe nada de mi? No sé nada de ti, te encontramos tirado en el jardín y te trajimos hasta nuestra casa. Pasó una semana hasta que te despertaste, tu piel tenía algunas señales de quemaduras, que no nos costó curar, pero lo raro es que el traje que llevabas puesto estaba intacto.  Te trajimos, te quitamos tu ropa para curarte y pasó otra cosa extraña. Tu pelo negro se hizo castaño, algo que nos sorprendió bastante, se nota que ese traje es mágico o tu lo eres ¿Recuerdas algo? No, respondió el joven. Sólo tuve sueños extraños que consistían en fuego, oscuridad y soledad. Ninguna imagen se podía entender bien.

 Los magos como tu,  son rechazados en algunos pueblos, tienes suerte que te hayamos encontrado, cualquiera ya te hubiera matado, nosotros tuvimos muchos amigos magos a lo largo de nuestras vidas, es por eso que no te haremos daño.  Disculpa mi falta de respeto, me llamo Nora Sinsé ¿Y tú te acuerdas cómo te llamas? Trato, pero por más esfuerzo que haga no logró recordar.  Entonces que te parece si te llamamos Enygma, ya que tu nombre es un acertijo. ¿Enygma? Prefiero sin la E. Nygma ¿Qué le parece? Me parece bien, es más rápido de pronunciar. Entonces querido Nygma te quedarás con nosotros hasta que descubras quien eres, practicaras tu magia y nos ayudaras con algunas tareas de la casa porque nosotros ya estamos viejitos.  El mago sonrió y aceptó la propuesta de Nora.

Comieron y horas después, un viejito con un rompevientos verde entró a la casa.  ¿Nora me guardaste comida? ¿Nora? ¡Si! viejo gruñón, deja de gritar.  Bueno Nora estoy viejo y no te escucho, el viejo colgó el rompevientos y se sentó en la mesa, yo estaba lavando los platos cuando me dijo "Mago, veo que despertaste", "Si señor" respondí tímidamente. Es un gusto tenerte en casa, voy a trabajar menos (risas). ¡Julio por pícaro vas a trabajar más ahora! desde el patio se escuchó el grito agudo y furioso de su esposa.  Chico , está mujer me tiene loco, todo el tiempo se queja y me pide que trabajé, no entiende que tengo 70 años,  me  decía el viejo riéndose.  Yo no se porque pero ese par de ancianos me hacían feliz, me daban tranquilidad y de alguna forma disfrutaba su compañía.

Luego de un par de meses de tareas domésticas y de charlas con el viejo matrimonio, decidí buscar mi traje e intentar practicar la magia de la que tanto hablaban. Me dijeron que la magia era algo sobrenatural y que muchas personas no creían en ello, que a otras le asustaba y que algunas la querían para usarla a su beneficio. Saqué el traje del placard y en su bolsillo encontré una varita roja con negro, así me habían dicho que se llamaba ese artefacto.  No sabía como funcionaba hasta que Don Julio se me acercó.  Yo tuve muchos amigos magos que fueron asesinados, ellos me enseñaron que la magia está dentro tuyo, piensa en lo que quieres con fervor, seguridad y decisión, luego con un par de giros de la varita lo que pensaste se hará realidad.

Comencé por algo pequeño como tratar de revivir una flor marchita, esa era mi meta. Aunque no lo crean estuve un año tratando de revivir esa flor, rompí miles de jarrones y ensucié un millón de veces la casa. Los retos de Doña Nora y Don Julio fueron interminables, así como también su apoyo incondicional, ambos comprendían el rechazo de la gente hacía mi porque ellos lo habían sufrido con sus mejores amigos.  Yo era un joven solitario, no andaba mucho con la gente, dedicaba mi tiempo a las tareas del hogar y a cuidar el jardín de los Sinsé, ese lugar era mi favorito, sentía tanta serenidad allí.  A los 21 años ya era todo un mago, controlaba la magia a mi placer y volví todo más fácil para los Sinsé.  Por fin pude darles el descanso que se merecían,  ellos eran felices conmigo a su lado.   Todo marchaba muy normal en mi vida, lo que más disfrutaba era revivir las flores del viejo jardín para la alegría de doña Nora y el orgullo de Don Julio, ese jardín ya llevaba 50 años ahí y el trabajo del anciano era impecable.   Era tan feliz ahí a pesar de que por ahí tenía sueños extraños, no me inquietaba saber de mi pasado, ni de alejarme a de ese lugar.  Con 21 años decidí que era hora de usar ese traje, con mi magia hice que fuera de mi talla y me lo puse. Don Julio me regaló un sombrero azul porque según él, un traje no era traje si no se llevaba un sombrero.  Le hice caso al anciano y me puse el sombrero, y como un niño empecé a  practicar mis poses de magia frente al espejo, estuve horas jugando y riendo hasta que el sueño me venció.

¡No, por favor no nos mates!, ¿no nos recuerdas? Somos los Sinsé, Don Julio  y Nora. La casa estaba en llamas, el aire faltaba y los gritos de la señora se hacían cada vez más débiles.  “Por favor no nos mates, por favor" rogaba la señora.  "Jajajaja" se reía aquel hombre de cabellos negros.  Yo los miraba con sufrimiento y por más que quería hacer algo mi cuerpo no se movía, intentaba detener a aquel hombre de ojos azules pero mis gritos, mis movimientos, mis trucos todo era en vano. Ese hombre mató a Don Julio con sólo un movimiento de su varita.  Es mago, pensé y no podía detenerlo,  me desesperaba, sufría, lloraba. El mago se digirió adonde se encontraba la mujer,  "Nooooo Doña Nora, nooooo" grité con todas mis fuerzas derramando lágrimas y la pobre mujer fue atravesada por un rayo de luz blanca que salió de aquella varita.

"Jajajajajaja, ¿viste Nygma? ¿Viste?" De repente ese hombre con pelo negro y ojos azules oscuros me habló, no podía distinguir su cara, sólo veía esos ojos penetrantes y me quedaba inmóvil ¿Cómo sabía mi nombre?, ¿Cómo me conocía? Ni siquiera podía  acercarme a él.  "Maldita seaaaaaa, hijo de puta, hijo de puta te voy a encontrar" grité con todas mis fuerzas pero su risa tapó mi grito. "jajajajajaja, están muertos Nygma, están muertos". Don Julio y Nora, yacían en el piso de la casa incendiada sin vida , sin ningún tipo de salvación.  "Jajajajaja, es nuestro primer triunfo Nygma, jajajaja" No soportaba esa risa, no la soportaba, “Mira Nygma ¿acaso no es hermosa la muerte? Jajajaja” Quería que terminara, era inaguantable, insoportable.  "Bastaaaaaa yaaaaa" grité con todas mis fuerzas y la risa se fue.  Pude mover mi débil cuerpo y con mi último esfuerzo apagué el fuego, el mago había desaparecido junto con su insoportable risa y yo quedé tendido en el suelo inconsciente.

Me desperté tirado fuera de la casa, lo primero que sentí fue alivio porque había sido un sueño pero luego miré la casa quemada y el terror inundo mi cuerpo. Entre corriendo y gritando “Don Julio, Nora ¿Dónde están?, empecé a revolver los escombros y los encontré.  Los cuerpos de ambos yacían sin vida, tirados en el suelo de madera quemado.  Me arrodillé ante ellos y las lágrimas brotaron de mis ojos, ¿Quién pudo haber hecho esto? ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué ellos y no yo? “Maldita seaaaaaa, te voy a encontrar, te voy a encontrar maldito”  Los levanté, cerré sus ojos y los tapé con una manta blanca. Los llevé hacía afuera y los enterré juntos frente al jardín de lirios que tanto amaban. Arreglé la casa con mi magia y decidí partir de ahí, sin saber adonde ir con la tristeza como bandera, sin entender una vez más que había pasado, con muchas preguntas en mi cabeza y con una sola meta: Encontrar al mago de ojos azules.

La historia toma un giro inesperado, ¿Podrá encontrar Nygma al asesino de los Sinsé?
Atte: Javier Romero Ulic

jueves, 21 de abril de 2011

Capítulo II: El traje y el artefacto

Todo estaba caliente y confuso, no sabía que pasaba y mucho menos donde estaba. No encontraba a nadie, escuchaba gritos y llantos, había gente furiosa, había gente triste.   Todo pasaba muy rápido y sólo podía ver una luz amarilla mezclada con rojo, parecida al color del atardecer, a través del pequeño agujero que me daba aire en esa habitación.  Estaba oscuro, no veía ni mis propias manos,  me habían dicho que por nada del mundo hiciera algún sonido y que escuche lo que escuche jamás salga de esa pieza.

Este es un personaje de Lost Canvas, Nygma sería muy parecido a él.
 Me mantuve quieto, haciendo caso como un niño, oyendo a la gente decir cosas que más tarde entendería.  Lloraba en silencio, en mi corazón sentía tristeza y angustia a pesar de no comprender la situación, en el fondo de mi ser notaba que algo andaba mal.  Me tapaba los oídos  para no escuchar nada y contenía mi llanto para que nadie me oyera, todas las noches en aquel cuarto hacía lo mismo cada vez que alguien entraba a la casa.  No se cansaban de buscar un artefacto que según la descripción de aquellos visitantes, era finito y de un color negro mezclado con rojo.  Decían que esa era la clave de la salvación del pueblo, decían que necesitaban eliminar eso para luego poder vivir en paz.  "La magia no se ha ido" decían desesperados, yo me preguntaba quien o que era la magia cada vez que la nombraban, no entendía nada.

"Eliminamos a todos, no queda ninguno, sólo falta destruir ese artefacto que trajo tanta desgracia a nuestro pueblo" solían decir para darse ánimos y no rendirse.  Debo admitir que por momentos era chistoso ver como se desesperaban buscando el objeto y en otros momentos me mataba la curiosidad de saber porque lo querían destruir.  Luego de un par de meses con los que sobreviví con los pocos alimentos que se hallaban dentro y la escasa agua, me animé a salir.  Espere a que las visitas se fueran y abrí la puerta.  Estaba todo destruido y no quedaba rastro de nada, ni nadie que conociera, todas mis cosas estaban destruidas, no había nada.  Me puse a inspeccionar lo que quedaba de ese lugar en el que había crecido, fui de pieza en pieza buscando algún recuerdo, pasé horas y horas entre los escombros hasta que  algo me llamó la atención.

Me apoyé en mi placard y de repente se abrió.  De él salió un traje de mi talla, impecable y muy bonito, no le había pasado nada. Adentro suyo tenía una nota que decía "Feliz cumpleaños hijo, da tres giros en el aire y sabrás la verdad". No entendí la última parte, y no me había acordado que ese día era mi cumpleaños.  Fue raro pero inmediatamente me lo puse y me fasciné, empecé a jugar y a hacer ruidos, a imitar a mis padres y reír. De alguna forma sentí que estaban conmigo, ellos a veces hacían cosas que yo no entendía y siempre que preguntaba me decían que no tenía edad para saber, pensar en  eso me distrajo y la gente se dio cuenta de que había una persona en la casa.   Me puse nervioso y no supe donde esconderme, en tan sólo segundos entraron hombres con capuchas rojas y antorchas.   Yo no entendía nada de lo que hablaban, salí por la ventana y me empezaron a perseguir. Corría tan rápido como podía pero tarde o temprano me iban a alcanzar.  "Niño maldito ven para acá, te mataremos", cuando escuché esas palabras fue tanto el susto que me cegué, no vi lo que tenía en frente y choqué contra una niña.

La miré asustado pero no me podía levantar, noté que ella no me miraba con odio ni con miedo como las demás personas, me temblaban las piernas y era tan fuerte el golpe que no me permitía reaccionar.  Una señora vino rápido y alejo a aquella niña de mi con mucha velocidad " No toques al último hijo de la magia " dijo la mujer que tenía un pelo negro y una cara muy pálida.  Logré pararme y apoyarme en un árbol, pero los encapuchados estaban rodeándome.  "Debes morir, por el bien del pueblo, debes morir", " Maldito, trajiste la desgracia a la población", " Bastardo, tu y tus padres merecen la muerte”,  "último hijo de la magia, este es el lugar donde dejaras de vivir" me decían en tono agresivo.   Pusieron antorchas a mí alrededor y de repente estaba en un círculo de fuego, me hacía mucho calor y me arrodillé. No podía mantenerme de pie y mucho menos pensar, me saqué aquel saco que seguía impecable y un segundo antes de perder la consciencia vi que en su bolsillo se encontraba un pequeño palito de color rojo y negro.

Lo agarré pero no sabía como utilizarlo. De repente noté como la gente se asustó y comenzó a intensificar el fuego a mí alrededor, tiraron aceite y el fuego me quemaba.  El calor era insoportable, la gente se puso más nerviosa y entre tanto alboroto logré escuchar una frase "Ese es el artefacto, destrúyanlo". Esas palabras me reanimaron, agarré el saco, pensé en la nota que me habían dejado y antes de desmayarme hice girar el artefacto tres veces en el aire.  Me desperté en un jardín muy colorido, sin entender nada y sin saber que era lo que había pasado.  No recordaba quien era, ni como había llegado hasta ahí.  Me sentía cansado, me dolía la cabeza y sin darme cuenta perdí el conocimiento quedándome tirado en aquel jardín de colores...

Espero les guste la continuación de la historia, gracias por leer y por comentarAtte: Javier Romero Ulic

martes, 19 de abril de 2011

Capítulo I: El jardín de lirios

Ahí se encontraba Nygma, tirado en el verde pasto viendo las últimas imágenes de su vida a través de sus ojos.  Era un lugar lindo para morir pensó mientras con su mano ensangrentada agarraba un diente de león.  Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro.  Ahí estaba el hombre Pensando en que ese lugar era lindo para morir, ya quería irse de ese mundo y llegar al próximo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.

Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quién el amaba con todo su corazón.  Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, su boca dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por lágrimas que brotaban de sus ojos.  Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible.  Lloraba, gritaba, pronunciaba su nombre, le declaraba su amor, le decía que no la abandoné y él sólo sonreía sin saber que decían las palabras de la chica.  El mago se dio cuenta que había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.

Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas.  Su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía.  El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amor llorar, sin poder decir una palabra porque claro, él no se escuchaba.  Comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado ... 

¿Qué hacemos acá? preguntó la chica y él respondió "Este jardín era cuidado por la familia Sinsé, era muy hermoso en su época, sin embargo desde que los Sinsé fallecieron, nadie se hizo cargo y este sitio fue totalmente abandonado".  ¿Y cómo sabes esa historia? cuestionó ella con dulzura y curiosidad "Solía venir de chico, de grande  y en todas mis edades, este lugar me daba tranquilidad y sobretodo le daba magia a mi magia" ¿Magia a tu magia? “Sí, yo hacía que el jardín se viera más hermoso de lo que era, dime cuál es tu flor favorita y te mostraré". Mi favorita es el Lirio, le contestó ella, el mago sacó su varita y con un par de giros en el aire hizo desaparecer la oscuridad y melancolía de ese jardín.   El suelo negro y seco, se llenó de lirios de todos colores y como por arte de magia, valga la redundancia, el lugar cobró vida.

Él la tomo de la mano y la llevó a dar un paseo por el jardín, intercambiaron risas y anécdotas, jugaron con las flores como dos niños, compartieron gustos y discutieron un poco sobre sus diferencias. El cansancio se hizo presente y juntos se recostaron mirando el cielo en pleno jardín.   En ese momento,  la miró a los ojos muy fijamente y la besó tiernamente, en ese momento el mago se enamoró.  Ella devolvió su afecto con una caricia tierna en su mejilla y un posterior beso, contestando amor con amor.   Esa tarde quedó en la memoria de aquel mago, que seguía moribundo sentado en un árbol mirando a aquella chica.

Entonces Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire hizo crecer lirios, el suelo donde se encontraba el chico comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable pared de cristal y un pequeño Lirio violeta creció en el suelo donde se encontraba la chica.  Ella lo vio inmediatamente, con una dulce tristeza lo agarró y con sus dos manos apoyó la flor sobre su pecho,  aquellos ojos verdes dejaron de llorar y acompañados de una sonrisa comenzaron a despedirse del mago ...


Está historia recién comienza, es la historia de un mago, de un amor, de una chica.
Atte: Javier Romero Ulic

lunes, 18 de abril de 2011

El triste gol

Está historia no habla de grandes logros, ni de finales felices ni mucho menos de alcanzar sueños. Esta historia es sobre una promesa que solo fue promesa.

Érase los 80, para ser más preciso, 1987.  En un rincón del mundo nacía una promesa futbolística.  Con 17 años, Tristan Scheuermann debutó en la primera del Deportivo Ocaranza. Club con pocos recursos en la Republica del Líbano.  El joven de pelo castaño y ojos azules era la gran promesa de su equipo para llegar a la divisional mayor. Sutileza, agilidad y velocidad eran algunas de las características que tenía este humilde chico.

Ambidiestro, enganche natural y con una pegada digna de un Dios, hacía estragos en áreas rivales. Su equipo marchaba segundo, a un punto del liderazgo en la divisional menor. Faltaba una fecha y debía enfrentarse al puntero, el Sportivo Wanchas. Nunca había logrado vencer al terrible Wanchas que, para colmo de males marchaba invicto en el torneo y sin goles en contra, una verdadera maquina de fútbol.

La fé de los aficionados, de los dirigentes y hasta de los mismos jugadores era inmensa, pues claro este año tenían con que batallar. Scheuermann era el centro de todas las miradas, de todos los elogios y de casi todo el pueblito Ocarence.  Era la primera vez que un equipo del interior del país llegaría a la divisional mayor.  La motivación era inexplicable.

La semana previa al encuentro, los simpatizantes llenaron la cancha todos los días que entrenaba el equipo. El mini – centro del pueblo estaba cubierto de carteles y pancartas en apoyo al equipo y hasta el Alcalde de la ciudad había declarado feriado el día Domingo para que todos pudieran ver al gran Ocaranza.  Los días se hacían cortos y la ansiedad crecía entre la gente.

Entrevistas, regalos, autógrafos y un montón de infinidades recibía el querido Tristan del pueblo.  El gran Diez, que algunos hasta llegaron a comparar con el astro argentino Diezgol Maladroga, no tenia tiempo ni para estar en su casa. Todo era lujuria y belleza al lado de este jugador, quien nunca perdió su humildad.

Finalmente llegó el gran día ante el Wanchas, la ciudad estaba paralizada. No había personas en las calles, todas frente al televisor, los preparativos de la fiesta estaban listos, esperarían que los jugadores volvieran del Wancha Stadium para recibirlos con muchos elogios y sonrisas.

17 horas, el equipo salió a la cancha ovacionado por un puñado de hinchas que habían logrado llegar al estadio de la capital libanesa. El técnico escocés William Stranz había parado el clásico 4-3-1-2 para vencer al Wanchas.  El árbitro dio el silbatazo inicial y el sueño de un pueblo se puso en marcha.

El Wanchas dominó de entrada el partido y con una gran ofensiva puso al Ocaranza sobre su propio campo. El arquero estaba en su día: descolgaba cada centro y tapaba cada tiro que amenazaba su meta.   El tiempo pasaba lentamente y los minutos se hacían segundos, el avance de los capitalinos no parecía tener fin.  Luego de lo que pareció una eternidad, el árbitro finalizó el primer tiempo, o mejor dicho el bombardeo del local.

Ustedes se preguntarán ¿Y Scheuermann?, porque no lo nombró hasta ahora dirán. Bueno resulta que el “10”  se encontraba en el banco. Un problema en el corazón solo le permitía jugar 45 minutos sin excederse. Este sería su último partido en el banco ya que habían encontrado una cura. El chico viajaría a España para operarse y ponerle fin a su terrible enfermedad.

 En tanto el juego del Ocaranza consistía en aguantar el cero en su arco para que luego el joven maravilla los lleve al triunfo. El técnico escocés estaba contento con lo realizado y estaba listo para darle batalla a su mayor enemigo.  El pueblo estaba expectante y cuando la transmisión de la TV libanesa volvió, vieron a su ídolo.

Tristan estaba parado junto a la línea de cal, aguardando que el hombre de negro le diera la orden de ingresar al campo de juego, al verde césped que tanto lo alegraba.  Dio comienzo la segunda etapa y la actitud de los pueblerinos fue distinta. Mucha confianza y garra para conseguir el triunfo.  El ídolo del pueblo era marcado por dos Schiavis y un Laspada, cada vez que tocaba el balón recibía algún golpe de parte de los defensas. No podía moverse mucho, ni hacer las maravillas que sabia hacer.

Poco a poco esa confianza con la que entraron a jugar el segundo tiempo se perdió y el ataque del poderoso Wanchas volvía a aparecer, el arquero seguía en su mejor momento y lograba evitar la caída de su valla en cada ataque del elenco rival.  El tiempo se agotaba y el triunfo parecía lejano. El 0 a 0 se hacia inamovible y los habitantes del pueblo perdían poco a poco el brillo en sus ojos y la sonrisa de sus caras.

El juez ya había levantado su mano señalando dos minutos más, se acababa el partido.  Corner para el Wanchas, centro que rapidamente descolgó el portero, el esférico le cayó al defensa alemán Metzses, quien despejó como Germán Noce. La pelota fue a parar al círculo central donde se encontraba el chiquitín maravilla, solo contra dos defensas (un Schiavi y un Laspada). Tristan gambeteó a uno y arrancó con su velocidad,  dejó a otro desparramado por el suelo y se encaminó hacia la portería rival.  La gente se paró en casa, el brillo de sus ojos volvió y esa sonrisa de desesperación y fé  se hacía cada vez más grande.  El rubio piso el área rival y con un sombrerito sobre el arquero hizo delirar a todo una población.  La pelota entró en cámara lenta y acarició la red de una manera tal que hasta por televisión se podía escuchar ese bello sonido. El pueblo era alegría pura.

Entró la pelota y el árbitro decretó el final. Scheuermann quedó tendido en el suelo tras la barrida del arquero y no se levantó. Nadie se había dado cuenta, el chico no se levantó.  La alegría era inmensa, sus compañeros se abrazaban y juntos fueron al lugar donde se encontraba su héroe. El joven enganche,  yacía desplomado en el verde césped con una gran sonrisa. Nunca nadie se dio cuenta que ya habían pasado los 45 minutos.

Una promesa que solo fue promesa, un gol que valió la alegría. Hoy en día muchas personas  todavía recuerdan al querido Tristan,  lo recuerdan como el gol más triste de sus vidas.

*   Este cuento fue realizado en treinta minutos, una locura mía.  Perdón por los errores ortográficos y de repetición. Atte: Javier Romero Ulic    

domingo, 17 de abril de 2011

Sonrisas de Jazmín

 Estaba caminando por la calle, las mismas calles que siempre transitaba, era un día común como cualquier otro o al menos eso pensé.  Pasé por la cafetería a la que solíamos ir con amigos y sin querer queriendo la vi.   Tenía el pelo recogido, aros demasiado grandes para sus orejas, unos ojos que parecían luz y una sonrisa que obligaba a sonreír. 

Pase a su lado, la mire (la debía mirar, era un obligación) y ella me miró, había logrado el tan esperado Eyes Contact (técnica utilizada por un viejo amigo mío).  En el cruce de miradas habrán pasado unos cinco segundos y otros cinco más que compartieron nuestras sonrisas, pero parecieron una eternidad, una linda eternidad.  Seguí mi camino con un aire diferente, con buen humor y con felicidad. Impresionante lo que puede lograr la sonrisa de otra persona.

Llegué a mi trabajo, yo era florista.  No era una cosa que me gustase, pero sabía mucho sobre flores. Era algo en lo que realmente era bueno y mi florería era bastante buena también. Tenía mis clientes y algún que otro evento que me permitía hacer un buen dinero.  Mi especialidad eran los jazmines, hacía todo tipo de arreglo y decoración con ellos, a la mayoría de la gente les encantaba por su olor.

Mi vida era simple, trabajaba, tenía un buen grupo de amigos, familia, salud.  No me faltaba nada o tal vez sí pero por ahora no lo necesitaba.  Me encantaba el teatro, como verán, soy algo romántico.  Las comedías y el drama eran mis géneros preferidos, era de ir mucho al teatro y por ahí, solo por ahí, imaginaba escenas en mi mente y las actuaba o las escribía.  A veces me parecía patético y otras veces me divertía.

Era un poco solitario, no me gustaban las fiestas. Navidad, año nuevo y esas cosas las pasaba algo triste. Nunca entendí porque esos días me ponía así.  Como dije era romántico y a la vez no.  Debo decir que en mis 29 años, si bien había estado en varias relaciones, en ninguna realmente había sentido amor. Un poco triste, pero es la verdad.

Todos los jueves iba a mi florería, pasaba por esa cafetería y siempre estaba ella ahí, sonriéndome. Yo sonriéndole. Era inercia, era atracción, era una cosa inexplicable. Sin embargo, no le podía hablar. No le podía decir ni una palabra. Cada jueves que pasaba, más entraba en mi cabeza esa sonrisa.  Más entraba en mi corazón.

¿Una simple sonrisa? me volvía loco, que patético. Ni siquiera sabía su nombre y ya pensaba en un futuro para nosotros.  Estaba loco me decía, muy loco.  Y entre tanta locura, me decidí. El jueves iría al café y trataría de hablarle.  Me preparé y me puse en marcha. Miles de formas para hablarle recorrían mi cabeza, pero ninguna me convencía.  El día esperado llegó. Arribe al café temprano, me senté en donde ella solía sentarse y la espere.  Pasaron un par de horas y no llegó.

Espere otro par, tuve que almorzar porque sino me corrían y cuando terminé, me dije -"estoy loco, como voy a estar a esperando a una mujer que no conozco y ni siquiera me conoce"- me levanté y me fui.  Decidí no pensar más en eso y volver a la realidad, creo que fue toda una ilusión de mi corazón, de creer en algo más que no sea simplemente la rutina de la vida. Creo que en el fondo de mi corazón, necesitaba ilusionarme, necesitaba creer en el amor.

Llegue a la tarde a la florería, un poco decaído pero con el buen humor de siempre.  Me puse a hacer unos arreglos que había dejado a medias y me concentré en el trabajo.  Fue tanta la concentración, que no me di cuenta que ya eran las 10 de la noche. Me puse a acomodar unas cosas y en ese momento, sonaron las campanitas de la puerta.  -Disculpe, ya cerramos el local, vuelva mañana-  dije y no recibí respuesta.  Me di la vuelta y allí estaba ella.  Sonriendo en frente mío y yo sin una palabra que decir.  - Hoy no pude ir a la cafetería, tuve problemas en el trabajo-  dijo y no le respondí nada.

-Es extraño que este aquí, debía encontrarte - siguió hablando, yo solo me limitaba a escuchar.  Desde que te vi por primera vez, sentí algo,  no se que es pero me hace feliz sentirlo.  Verte y sonreír todos los jueves le daba a mi vida un poco más de sentido, es algo tonto, pero es por eso que estoy aquí.  Yo sentía lo mismo, era increíble, no lo podía creer, pensé.  Me saqué el delantal, y le dije ¿Cómo sabías donde trabajaba?, ella sonrió y me dijo "Hoy te vi salir de la cafetería y entrar en esta florería".  Me había seguido pensé y sin dudarlo, la invite a cenar.  Juntos salimos de la florería.  Y le pregunté ¿Cómo te llamas?, ella con una voz dulce y tierna, respondió, “me llamo Jazmín”.

Este es otro cuento espontáneo, espero que les guste.
Como ya es clásico, pido disculpas por los errores ortográficos y de repetición.  Muchas gracias por leer
Atte: Javier Romero Ulic

viernes, 15 de abril de 2011

Capítulo V: Bajo el sol de Roma

Abril corrió y corrió hasta que la tristeza y el cansancio no le permitieron seguir.   Se sentó en un banquito y se quedó llorando sin hablar, en plena noche.  Entendió que de alguna forma se merecía esto pero jamás imaginó que iba a suceder.  Sus esfuerzos fueron en vano, lo que hizo causó una fuerte desilusión en la persona que mas amaba y aunque para ella haya sido entendible, para Alejo no.  Ella pecó de egoísta, pensó en si misma y no en ellos, Alejo respondió de la misma forma dejando en claro que ya no existía un nosotros.

Sin embargo ya lo había perdido todo y haría todo por recuperarlo.  A pesar de no soportar sus palabras y de salir corriendo, una vez más, Abril no se rindió.  Intentó hablar con Alejo en millones de ocasiones pero nunca pudo contactarlo.  Siempre andaba ocupado, no estaba en casa y en su teléfono siempre atendía el contestador.  Pasaron dos semanas y por fin, Abril entendió que lo mejor que podía hacer esta vez era irse. Si algo deseaba la mujer era su la felicidad de su hombre y por eso decidió marcharse.   Decidió volverse a Italia, ya que su vida era bastante buena, aprovechó el tiempo que le quedaba antes de su partida para ponerse al día con algunas amigas y disfrutar de sus últimos momentos en la ciudad que la vio nacer.  El día de su viaje, decidió dejar una carta en la casa de Alejo, a pesar de no saber nada de el, sentía necesario avisarle de su partida y desearle una feliz vida.

Tiró la carta por debajo de la puerta y tomó un taxi directo al aeropuerto.  El vuelo salía a las 16:45, ella todavía tenia la esperanza de que su hombre apareciera, diciéndole que no se vaya y que juntos serían felices, soñaba con un final de película pero eso, eso no pasó.  El vuelo salió un poco retrasado y con mucha nostalgia vio como su ciudad iba quedando atrás, se limpió las pocas lágrimas que quedaban en sus ojos, entendió que cometió un error y pagó por el,  miro fijo hacia delante y pensó en un futuro mejor para ella.  En Italia, una buena vida la esperaba. Amigos, trabajo y un hombre que con el paso del tiempo podría llegar a querer.  Ya no había nada más que perder, su vida comenzaría de nuevo.

Llegó un día lunes a Roma, con la maldita ilusión de ver a Alejo esperándola, sin embargo esas cosas sólo suceden en las películas, esto era la realidad.  Francesca y Luca, esperaban muy felices por su regreso y con un gran abrazo compartió su tristeza con sus seres más cercanos en esa tierra.  Camino a casa contó un poco de lo que había pasado y ambos amigos coincidieron en que hizo lo mejor que pudo y además entendieron la reacción del hombre.  Llegó a su casa y se acostó, cansada por el viaje, por las emociones, por las despedidas, por la vieja vida, por la nueva vida.

Al día siguiente no dudó en empezar a trabajar y distraerse un poco.  Encontraba distracción en el trabajo,  diversión en sus amigos y un poco de ilusión en Luca.  Todas esas cosas llenaban ese vacío que llevaba dentro y su tristeza solía desaparecer por algunos momentos. No se podía quejar, no le faltaba nada y tenía muchas cosas que otras personas desearían tener.  En sus momentos de soledad o distracción, solía preguntarse sobre la vida de aquel hombre que amó (amaba), sobre su felicidad, sobre que estaría haciendo en estos momentos y recordaba momentos junto a el.  Era  normal, ya que un amor así es difícil de olvidar pero lo llevaba bastante bien.

Intentó llenar su vacío con Luca sin embargo le bastaron un par de meses para darse cuenta que no era para ella y que no generaba nada de lo que alguna vez había generado Alejo.  El rubio italiano comprendió los sentimientos de Abril y se resigno a ser tan solo su mejor amigo.  Transformó su resignación en una de las más fuertes confianzas y estuvo siempre para ella en los momentos en que el recuerdo de Alejo se hacía más fuerte. La aconsejó y le dio fuerzas para no rendirse, un verdadero hombre que supo aceptar su derrota.

Pasaron seis meses desde aquel día, Abril se hizo amiga de su tristeza y los sentimientos iban desapareciendo.  Un domingo decidió pasear por la ciudad, visitó los lugares más famosos por tercera o cuarta vez pero con mucha más atención en su historia, su arquitectura y en su fascinante belleza.  Miró a Roma con cariño y tuvo deseos de abrazarla, era la ciudad hecha para ella.  Se sentó en una fuente, no sabía cual era y mucho menos le importaba, pero vio muchas monedas dentro de ella y dedujo que era una de esas fuentes de amor, había leído algo sobre ellas.   Con una sonrisa picarona se aventuró a tirar una moneda imitando a las actrices de película e imaginando que su amor llegaría.   Lo hizo con gracia y muchas sonrisas,  le pareció divertido. Se puso de espaldas, tiró la moneda y escuchó el ruido del agua al caer la moneda, cerró los ojos, deseo que el amor llegará pronto y se volvió a sentar en la fuente.  Es imposible no decir que su corazón y su mente pensaron en Alejo, pero eso ustedes ya lo saben.

Mientras miraba a las personas pasar, comenzó a reflexionar sobre su vida. El giro inesperado que tomó, lo que perdió por tener miedo,  lo mal que le hizo al amor de su vida, lo mucho que lo extrañaba a pesar de querer disimularlo y sobre todo luego del tiempo que pasó.  Sin verlo, sin sentirlo, sin saber de el, lo seguía amando igual, pensó en lo patética que fue en abandonarlo y en lo mucho que le hubiera gustado despedirse de el personalmente.  Por primera vez desde su regreso a Italia, se tomó el tiempo de pensar, de ponerse realmente triste, por primera vez su corazón estaba llorando.  Aunque era una tristeza tranquila y la mantenía bien saber que en algún lugar del corazón de Alejo estaba ella,  ya no había vuelta atrás, la única opción era seguir adelante.  Se sumergió en sus pensamientos, sus recuerdos y se olvidó de Roma por un momento.

De repente sintió que algo golpeó su cabeza, le dolió un poco, miró al suelo y encontró su moneda. ¿Qué hacía su moneda fuera de la fuente? , “Llegué justo cuando tiraste la moneda”.   El corazón de Abril se detuvo por un segundo y de repente comenzó a latir muy rápidamente.   “Si quieres conseguir un gran amor que te quiera deberías tirar un billete de cien euros o algo así, un euro es muy poco” dijo la voz casi riéndose,  mientras la mujer miraba su moneda sin entender nada. ¿Por qué demoraste tanto? preguntó en un tono indiferente la mujer y el respondió con serenidad " Tuve miedo y cuando sentí el temor comprendí que te amaba demasiado"

¿Tuviste miedo y comprendiste? volvió a preguntar, esta vez con un tono sarcástico Abril. "Si, te voy a explicar" dijo el hombre.  No soy tuyo y vos no sos mía, ambos somos libres y nunca sabremos si vamos a terminar nuestras vidas juntos pero tenemos algo que es nuestro y sólo nuestro. ¿Qué es? preguntó curiosa y el chico, con una sonrisa triste respondió "Amor".

Abril se paró y con lágrimas en los ojos fue hasta el hombre que le lanzó la moneda. Le pegó un par de piñas en el pecho y lo abrazo tan fuerte como pudo.    “Roma es bastante linda pero me gusta más Madrid, creo que es más de mi estilo.  Esta ciudad es muy romántica para mi gusto, pero tiene algo tuyo, comprendo porque te viniste hasta aquí”.
“Madrid es más de tu estilo, ¿Eso es lo mejor que tienes para decir?” le preguntó Abril  y el hombre respondió “¿Y que quieres que le diga a una mujer desconocida que me habló en un banco de una plaza?”

                                                                        FIN


Para ustedes:

Debo decir que cuando comencé esta historia, no pensé que iba a generar tanto en mis tan pocos pero queribles seguidores.  Pasaron del amor al odio, del odio al amor. De maldecir a Abril, a sentir pena por ella. Pasaron de ver a un pobre Alejo y a un insensible hombre. Pasaron por cada etapa de una relación, en donde se mostraron todas las cosas que genera el amor: celos, tristeza, odio, pena, alegría, satisfacción, felicidad y muchas cosas más.

En cada capítulo se contó una historia de amor diferente, una historia que tuvo final y un nuevo comienzo.   En cada capítulo, al menos uno de ustedes se sintió cien por ciento identificado con la situación, con el hombre o con la mujer.  En cada capítulo estuvieron ustedes, porque hay un pedazo de sus historias incluidos en esta y  porque sobre todo hay algo de ustedes en Alejo y en Abril.   Pensé mucho el final, quise hacerlo único y diferente pero lamentablemente no pude porque está historia, por lo menos esta,  merecía un final así.  Lamento haber decepcionado a algunos que me sugirieron otro final y lamento a los que les parecerá aburrido y común este final. Les pido mil perdones, pero así debía terminar, luego de tantas idas y vueltas, Alejo y Abril se encontraron el uno al otro como aquel primer día bajo la lluvia de la ciudad y este último día bajo el sol de Roma.

Atte: Javier Romero Ulic 

Capítulo IV: La vuelta del adiós

Pasaron unos meses desde la inexplicable partida de Abril.   Alejo se había cansado de de buscar, ya había pasado un tiempo y la búsqueda fue perdiendo sentido.   Sin embargo, la tristeza que tenía antes de conocerla y tiempo después de perderla, había desaparecido. Su mirada hacía el mundo era más colorida, su sonrisa era pura alegría.  Se rindió y decidió no esperar, porque si Abril sentía algo, algún día iba a volver o tal vez no.

Con el paso de los días, el nombre Abril poco a poco fue despareciendo.  Dejó de aparecer en su boca, en sus conversaciones, en sus pensamientos, en sus sueños, en su alma.  Como toda cosa en la vida desapareció, pasó y se superó (lo correcto hubiera sido decir "olvidó", pero nada se olvida y es por eso que decidí utilizar esta palabra) o eso al menos pensó Alejo.

Mientras más olvidaba el hombre, más recordaba la mujer.  La decisión era ir, ya no había vuelta atrás, Abril tomó el avión de vuelta a la ciudad que la hizo conocer el amor, a la ciudad que la vio nacer, a la ciudad donde estaba el único ser del planeta que importaba.   Firme en su decisión, sabiendo que la respuesta que esperaba era un poco imposible, volvió para dar una explicación, para sentirse amada y volver a amar.

Alejo estaba saliendo con una abogada que le había presentado su amigo, compartían cosas y la pasaban bien sin embargo no era lo que quería, quizás todavía no estaba listo para entrar en otra relación o quizás el amor por Abril seguía muy firme.   El la invitó a cenar, le gustaba su compañía porque a veces la soledad lo desesperaba.  El pidió un lomo grillado y ella una simple ensalada.  Hablaron y rieron, se mostraron felices, “estoy bien” pensó el. “ella es linda, compañera y compartimos bastantes cosas, quizás funcioné” se convencía pero dentro suyo sabía que algo no funcionaba.

Ella tenía auto y lo llevó hasta su casa, se quedaron mirándose en la puerta y se despidieron con un beso.  Ninguno de ellos se enteró que mientras se besaban, un corazón se partía en mil pedazos. Abril miró esa escena con tristeza, con serenidad, con odio, celos y a la vez con mucha culpa.  Culpa que se atribuía porque ella era la responsable de ese beso, si nunca se hubiera ido esto no hubiera pasado.  Las lágrimas brotaron de sus ojos y lejos de la escena se fue corriendo.  
Alejo sintió un dolor en el pecho mientras ese beso culminaba, algo andaba mal.  Decidió despedirse con la excusa del cansancio y fue directo a su cama.    Se durmió con ese dolor y con las dudas que generaba.    Eran las tres de la mañana y llovía muy fuerte cuando sonó el timbre de su casa. No lo escuchó la primera vez, sin embargo el timbre volvió a sonar. Con insistencia el timbre, sonó y sonó hasta que lo despertó. Finalmente el ruido lo venció y se levantó, se acomodó un poco el pelo y fue a atender.

Para sorpresa de él, la vida volvió a hacer de las suyas, era esa misma chica con la cual se había encontrado en un banco de la plaza, aquel día lluvioso.  Está vez llevaba un aire de tristeza y lágrimas en los ojos. Alejo no entendía nada ¿Qué hacía Abril en su casa, luego de irse sin explicaciones y luego de haber pasado tanto tiempo? La hizo pasar y le prestó una toalla y un abrigo para que no se enferme.  El le ofreció una taza de café y ella asintió con la cabeza, no podía hablar.  Nadie decía nada, el silencio era la mejor conversación.   Pasados unos minutos, se tomó la valentía de decir unas palabras y con una voz serena le preguntó, ¿Qué haces aquí? Ella se quedó callada y al poco tiempo le respondió “necesitaba verte".

¿Por qué te fuiste entonces? Preguntó el hombre con ironía. "Me fui porque tenía miedo” dijo ella. Alejo no entendió esa respuesta y se quedó sin decir nada. Hubo otro silencio y a los pocos minutos ella dijo " Yo no lo entendía y no sabía por que me sentía así, solo sabía que me tenía que ir muy lejos tuyo".  Esas frías palabras desorientaron al hombre una vez más.  ¿Entonces por qué estás aquí? Volvió a preguntar.

“Porque te Amo” dijo Abril.  ¿Me amas? preguntó Alejo con sarcasmo. Si, aunque no lo creas, estoy aquí porque te amo. ¿Y cómo sabes que yo siento lo mismo? Cuestionando la respuesta con voz resentida.  “No lo se y no me importa, vine a decirte que yo te amo” contestó la mujer, tan rápido como pudo.  El silencio se hizo presente una vez más en la habitación.  Pasaron unos minutos más sin decir nada, Abril ya no lloraba. Y Alejo estaba confundido no sabía que pensar. Estaba furioso, triste, alegre, todo había vuelto.  El sabía que la amaba pero decírselo era demasiado. Abril no merecía tal información.

Abril lo había abandonado sin explicación alguna y por una razón estupida pensaba él. ¿Miedo al amor? quien puede tenerle miedo al amor se decía, se convencía, dudaba, se volvía a convencer y volvía a dudar. No podía pensar. Necesitaba más respuestas. Entonces volvió a mirar a Abril, quién permanecía callada. Necesito más respuestas dijo, necesito saber por qué lo hiciste, siguió preguntando insistentemente. ¿Qué es eso del miedo al amor?, necesito saberlo.

Abril suspiró y está vez con una voz serena dijo -nadie me quiso como tu, nadie me trató como vos y yo nunca me había sentido tan importante para alguien, y eso Alejo, eso fue lo que me asustó. Ser amada me asustó y por eso decidí hacer lo que cualquier persona hace al tener miedo de algo o alguien, escapé. Fue lo primero que se me ocurrió, me fui lo más lejos tuyo o eso creí. ¿Eso creíste? preguntó otra vez Alejo, como un niño que no entiende nada. Si, eso creí respondió ella sin perder la calma.

 Todo este tiempo estuve en Italia, intentando formar una nueva vida. Al principio me resultó fácil, conseguí un trabajo e hice algunos amigos. Tu recuerdo parecía lejano y mi plan parecía haber funcionado, ya te consideraba “uno más” en mi vida sin embargo pasó el tiempo y mi plan se complicó. Intenté iniciar una relación pero no pude y fue ahí cuando comencé a verte en todos lados, recordarte como nunca lo había hecho, soñarte todos los días y sentirte a mi lado sin que estuvieses ahí. No sabía que me pasaba, intenté olvidarte una vez mas, pero entre más te olvidaba más te recordaba, hasta que un día no pude más.

Me convencieron de que no volviera, de que ya era tarde. Y por un momento dudé en hacer esto cuando te vi con esa chica, pero no soporté la tristeza.  Vine a decirte que sos lo más importante de mi vida y no te quiero perder nunca más (y en ese momento, el amor de Alejo despertó y su corazón empezó a latir tan fuerte que parecía que iba a salir de su cuerpo), quiero estar a tu lado. Tuve que alejarme para comprender que necesito estar cerca de ti,  de que quiero una vida con vos, de que formas parte de mi y que sin ti no soy yo.  Y luego de esas palabras, Alejo se acercó a Abril, la miró fijamente a los ojos y con una frialdad le dijo: "Yo nunca hubiera necesitado estar lejos tuyo, ni mucho menos irme sin explicación para darme cuenta que eras lo más importante en mi vida y que deseaba una vida con vos".

Todo lo que viviste vos, lo pase yo cuando te fuiste. Te soñé, te imaginé, te sufrí, te recordé, te extrañé y te seguí amando a pesar de no saber nada de vos, supongo que eso es amor.  Sin embargo no puedo estar con vos, mi ser no me lo permite, no creo ser capaz de perdonar lo que hiciste y además estoy en buena compañía, una chica que no tiene dudas de quererme y ser querida. Abril lo miró y las lágrimas volvieron a acariciar sus mejillas.  Te voy a pedir que por favor que nunca vuelvas, que nunca me extrañes y sobretodo que nunca pero nunca... Abril no soportó escuchar esas palabras, tiró la silla y salió corriendo en plena lluvia de la casa de Alejo, dejando al hombre que amaba atrás… 

Espero que les guste. Atte: Javier Romero Ulic

Capítulo III: Noches de Abril

Allí estaba yo en frente del Café de Milán, mirando a ese hombre. Mirando a ese hombre que conocía tanto, que amaba tanto, que era todo para mi. Pero algo no me permitía ir, me sentía mal. Me dolía el pecho, sentía mucha tristeza y rechazo hacía el hombre que miraba. Me quede viendo un buen tiempo como ese hombre me esperaba y yo no me podía acercar.  No quería estar más cerca de él, sin embargo no quería lastimarlo. Decidí irme sin ninguna explicación, algún día el entendería o lo más seguro, es que con el tiempo me superé, encuentre otra y sea feliz. Es lo mejor, me voy.
Volví a mi casa, llamé al trabajo para pedir la renuncia. Llamé a una amiga que vivía en Italia y decidí irme para ese país. Siempre había soñado con conocer Europa, dinero no me faltaba y era el lugar ideal, cuánto más lejos mejor. No me permití dudar ni un segundo de mi decisión, yo no quería ese amor, yo no necesitaba tanto amor.  Al día siguiente me fui para el aeropuerto y reservé los boletos para viajar.  Aproveché el corto tiempo que me quedaba en esta ciudad y evitando los lugares que solía frecuentar, visité a unos viejos amigos y a unos familiares.  La semana pasó muy rápido y llegó el día de viajar.

Tomé unos calmantes y dormí todo el viaje. La Azafata logró despertarme y me bajé del avión.  Allí en el aeropuerto de Roma me esperaba mi amiga Francesca.  La rubia seguía igual de sonriente que siempre, me recibió con un fuerte abrazo y me prometió que todo iba a cambiar, me sentía muy feliz.  Francesca vivía sola en su departamento, en Italia los impuestos eran muy caros y yo iba a ser una ayuda en lo económico.  El fin de semana me llevó a conocer la capital italiana y salimos con unos amigos de ella. Todo parecía tan simple y lejano.

El lunes empecé a trabajar, debo decir que a veces todo iba muy rápido sin embargo lo disfrutaba.  Mi amiga tenía un pequeño negocio de dulces. Era un sitio agradable, con el paso del tiempo aprendí a manejarme con el idioma y cada vez me costó menos comunicarme.  Eran buenos tiempos no me había dado cuenta que en estos tres meses que habían pasado, Alejo no se me había cruzado en la mente.  Aunque por ahí me sentía algo triste, todo marchaba bien. “Es lo mejor para mí”, siempre pensaba y mantenía firme esa decisión que a veces, solo a veces, temblaba. 

Pasó el cuarto, quinto y hasta el sexto mes. Mi vida había cambiado por completo .Disfrutaba mis días, me encantaba Italia y su gente y por sobre todas las cosas amaba el spaghetti.  Empecé a conocer a un chico llamado Luca Chiarini, nos llevábamos muy bien, me lo había presentado mi amiga Francesca.  El era cocinero y tenía una pastelería.  Hacia muy ricos dulces.  Nos veíamos en fiestas o reuniones donde compartíamos amigos. Hablábamos de todo un poco y fluidamente ya que el sabía español, entre charlas y risas, un día me invitó a salir y sin dudar dije que sí.

Salimos un Sábado a un restaurante llamado La Vecchia Signora, era un bar temático con colores negros y blancos.  Ambos comimos Spaghetti, ya que para Luca eran los mejores de Italia. Luego fuimos a un Púb a tomar unos tragos italianos y paseamos por la hermosa Roma.  Para ser sincera, la pasé muy bien y no pensé en Alejo nunca. Sin embargo gracias a Luca, el volvió a mi mente.  Me llevó hasta mi casa y empezó a llover, a diferencia de Alejo, Luca detestaba la lluvia. Fuimos hasta la puerta y cuando me quiso despedir, me sentí mal. Rechacé su beso y lo despedí tan rápido como pude.  ¿Por qué me sentía mal? me pregunté.  Me pesaba el pecho y me costaba caminar así que me fui a acostar y sin darme cuenta me quede dormida.

De repente volví a estar parada en el Café Milán viendo una vez más como ese hombre al que amaba me esperaba. Esta vez quería llegar hacía el aunque por más que caminaba y caminaba no lograba llegar.  De pronto, una extraña mujer se sentó en su mesa, tomó su mano y plantó un beso en su boca.  El corazón se me quedó helado, empecé a gritar y a correr pero parecía que nadie me escuchaba.  Transpiraba, me sentía mal, se me salía el corazón, no lo soportaba. Corría y corría en vano, el café parecía muy lejano. Alejo se levantó y se fue con la mujer tomándola de la mano y pasando al lado mío, sin siquiera notarme.  De repente me levantó mi amiga, yo estaba exaltada gritando su nombre y un "no te vayas" desesperado.

A partir de ese momento me sentí vacía, Italia había perdido su color y yo mi sonrisa.  El trabajo se tornó algo tedioso y repetitivo, estaba harta. La única compañía que disfrutaba era la de mi amiga Francesca que me escuchaba día y noche hablar sobre este tipo.  También me despertó muchas veces de sueños que parecían pesadillas, mucha angustia y dolor eran lo único que me dejaban por más lindos que fuesen.   Donde iba veía su cara, su sonrisa, sus gestos y hasta su tristeza. Muchas veces caminaba sola y sentía que él estaba a mi lado mirándome y preguntándome cuando iba a volver.  Nunca me había sentido así, había perdido esa alegría que me caracterizaba pero ¿Qué debía hacer?

Lo consulté una y miles veces con mi amiga y siempre recibía la misma respuesta. El tiempo que pasó fue demasiado, déjalo ser feliz, no vale la pena volver. Sin embargo yo no estaba de acuerdo, mi corazón decía otra cosa.  Fui coleccionando opiniones y en todas encontraba la misma respuesta en diferentes palabras: NO.   Hasta que una noche de Abril, en una de nuestras clásicas reuniones de pizza y cerveza. Luego de un prolongado tiempo de aquella noche nefasta con él, apareció Luca. No se me acercó en toda la noche sin embargo por ahí intercambiábamos risas o chistes.

Cuando la noche estaba a punto de terminar, me dijo " Vuelve con el".  Yo no lo entendí y el siguió "te notó algo triste, seguramente debe ser por el hombre que dejaste en tu país. Cuando salí con vos me di cuenta que a pesar de que no lo decías, lo amabas. Deberías volver".  ¿Y qué te hace pensar eso? le pregunté algo histérica y de mala gana. "Pienso eso al verte sentada sola tomando un vaso de cerveza y mirando al horizonte, cuando estás en una reunión con tus amigos y deberías ir con ellos disfrutar y reír. Respondió con una sonrisa y se fue.  Luca tenía razón, no me podía engañar más. Tenía que volver, debía hacerlo por más que la respuesta sea negativa. Yo debía volver, necesitaba saber de Alejo y por fin me había dado cuenta cuanto lo amaba y de lo estupida que fui al dejarlo. Yo, debía volver.

Este capítulo no estaba pensando, pero me pareció (nos pareció) interesante contar sobre Abril, antes de llegar al final. Atte: Javier Romero Ulic