Entonces en medio de esas caras desconocidas, cubiertas de
luces y sombras, te vi. Me enamoré y ni
siquiera me pude acercar para saber tu nombre o escuchar tu voz. Ahí estaba yo, tan cerca y tan lejos de ti. Me separaban dos, tres, cuatro vasos de
vodka, o quizás uno o dos de whisky, no lo sé. Pero ahí estaba yo, con la mirada perdida en
tu sonrisa, admirando tu graciosa forma de bailar, tratando de descifrar que
era ese “no se qué” que todos dicen que tenes o que ves cuando te
enamoras. Ahí estaba yo, a tres temas
de distancia tuyo, y a la vez a mil silencios lejos de vos.
Tu sonrisa no la olvido más. Era una de esas sonrisas naturales, que
enamoran pero que a la vez no te das cuenta que lo hacen. Tu sonrisa era perfecta y yo la disfrutaba
mientras sonaba algún tema de rock que en estos momentos no suelo recordar. Miles de caras había y yo me fui a topar con
la tuya, en medio de la oscuridad. De
esa noche en que te conocí, no recuerdo muchas cosas. Recuerdo que no quería ir a ese boliche,
recuerdo que me sentía triste, solo y amargado. También me acuerdo que sólo quería
emborracharme para tomar coraje y hacer algo con otra chica que me gustaba. Porque, debo decirte, que soy cobarde. No lo voy a negar, tímido y cobarde. Pero ese día, quería dejar de serlo, no con
vos (porque claro, no te conocía) sino con otra chica. De esa chica si me acuerdo, tenía muchas cosas
que no me gustaban pero igual yo me convencía de que si era para mi. Esa noche, ni me acerqué a ella. No hace falta explicar porque, simplemente el
destino o quizás yo. Si, yo, yo soy el
culpable de que me pasen las cosas que me pasan, pero nada me importó cuando te
vi.
Te movías muy femeninamente, pero a la vez no. Era algo como forzado, pero a la vez no. Me acuerdo que tu pierna izquierda era mucho
menos hábil que la derecha, bailabas rodeada de tus amigas. Pero vos no eras así,
vos no te destacabas entre esas chicas producidas hasta parecer payasos
andantes. Vos no querías ser como ellas,
vos no estabas para ir y encontrar con quien pasar la noche. Vos estabas ahí para divertirte. No para olvidar penas, o lo difícil que es la
vida como yo. Vos estabas para disfrutar
de las pequeñas cosas y yo, te juro que yo, no se ni porque estaba allí. Pero te
vi ¿no?, te vi y por un momento te sentí mía. Creo que me lanzaste una mirada seductora
acompañada de una sonrisa pícara. O quizá ese pensamiento fue un sueño, un
deseo, una ilusión, realmente no recuerdo nada de esa noche. Excepto tu sonrisa y una vaga imagen tuya en
mi cabeza diciendo – ¿Estás bien?-.