Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

lunes, 29 de julio de 2013

Rebecca



Armó la valija y un martes me dejó.  Su partida no tuvo sentido, o por lo menos yo no lo encontré.  El lunes a la madrugada tuvimos una noche especial, de esas que solíamos tener en escasas ocasiones debido a nuestros deberes con la sociedad.  Comimos algo y fuimos a la cama temprano.  Hicimos el amor despacio y dormimos con calma. Abrazados y ocultándonos del frío bajo nuestras sábanas. La sentí mia, más que cualquier día, me sentí de ella más que en cualquier oportunidad. Jamás se me ocurrió pensar que esa sería la ultima vez.  La calidez de esa noche desapareció casi como si fuera una ilusión.  Cuando abrí los ojos y vi el placard vacío la preocupación me inundó el alma. Bajé las escaleras rápidamente, como un niño esperando buscando sus regalos de navidad, casi sin cambiarme. Ella no estaba. Recorrí con la mirada la pequeña casa hasta que finalmente la vi. Parada frente a la puerta, esperaba un taxi en medio de una llovizna incesante.  Una adrenalina inusual o quizás la angustia recorrió todo mi cuerpo. Fui lo mas rápido que pude a hacía esa puerta. Como un tonto siendo presa de los nervios, me equivocaba en cada llave que ponía y me maldecía sin saber porque portaba tantas llaves.  Cuando finalmente lo logré, sólo pude gritar su nombre y una pregunta - ¿Hasta cuando, Rebecca?Ella me miró con sus ojos verdes llenos de lágrimas. Apagados y oscuros. No obtuve respuesta y mi boca no pudo formular una palabra.  Vi ese auto arrancar e irse cada vez más lejos, mientras la gotas golpeaban cada centímetro de mi alma.

El taxi se la llevó sin que pudiera interceptarla. La angustia en mi pecho creció mientras la desesperación se apoderó de mi a paso lento.  Di con el contestador en cada intentó y dos horas después, me di por vencido, dando por sentado que llamarla y esperar que me conteste, era lo mismo que intentar resucitar un muerto.  Me tiré en mi cama y me hundí en la almohada.  Puse a todo volumen “Peor es nada” de Los Rodriguez, cerré los ojos y me metí de lleno en mis sueños. Me desperté en la madrugada del día siguiente.  La angustia y la desesperación se calmaron, sin embargo un viejo sentimiento volvió a mi.   La tristeza, esa amiga que no queremos tener, llegó para quedarse una vez más.   Busqué alguna explicación o más que explicación, una señal que me de algún indicio de porque la persona que yo amaé se marchó sin suerte alguna. Aunque, debo admitir que, esa  búsqueda lo único que hizo fue recordarme lo grande que es esta casa sin ella.  Me volví a tirar en ese colchón que me resultó mas cómodo que de costumbre. Acostado boca arriba, cerré los ojos y la música empezó a sonar. - Hasta luego amor, hasta luego nuevo amor ... - ♫

Por Javier Romero Ulic

No hay comentarios:

Publicar un comentario