Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

viernes, 15 de abril de 2011

Capítulo V: Bajo el sol de Roma

Abril corrió y corrió hasta que la tristeza y el cansancio no le permitieron seguir.   Se sentó en un banquito y se quedó llorando sin hablar, en plena noche.  Entendió que de alguna forma se merecía esto pero jamás imaginó que iba a suceder.  Sus esfuerzos fueron en vano, lo que hizo causó una fuerte desilusión en la persona que mas amaba y aunque para ella haya sido entendible, para Alejo no.  Ella pecó de egoísta, pensó en si misma y no en ellos, Alejo respondió de la misma forma dejando en claro que ya no existía un nosotros.

Sin embargo ya lo había perdido todo y haría todo por recuperarlo.  A pesar de no soportar sus palabras y de salir corriendo, una vez más, Abril no se rindió.  Intentó hablar con Alejo en millones de ocasiones pero nunca pudo contactarlo.  Siempre andaba ocupado, no estaba en casa y en su teléfono siempre atendía el contestador.  Pasaron dos semanas y por fin, Abril entendió que lo mejor que podía hacer esta vez era irse. Si algo deseaba la mujer era su la felicidad de su hombre y por eso decidió marcharse.   Decidió volverse a Italia, ya que su vida era bastante buena, aprovechó el tiempo que le quedaba antes de su partida para ponerse al día con algunas amigas y disfrutar de sus últimos momentos en la ciudad que la vio nacer.  El día de su viaje, decidió dejar una carta en la casa de Alejo, a pesar de no saber nada de el, sentía necesario avisarle de su partida y desearle una feliz vida.

Tiró la carta por debajo de la puerta y tomó un taxi directo al aeropuerto.  El vuelo salía a las 16:45, ella todavía tenia la esperanza de que su hombre apareciera, diciéndole que no se vaya y que juntos serían felices, soñaba con un final de película pero eso, eso no pasó.  El vuelo salió un poco retrasado y con mucha nostalgia vio como su ciudad iba quedando atrás, se limpió las pocas lágrimas que quedaban en sus ojos, entendió que cometió un error y pagó por el,  miro fijo hacia delante y pensó en un futuro mejor para ella.  En Italia, una buena vida la esperaba. Amigos, trabajo y un hombre que con el paso del tiempo podría llegar a querer.  Ya no había nada más que perder, su vida comenzaría de nuevo.

Llegó un día lunes a Roma, con la maldita ilusión de ver a Alejo esperándola, sin embargo esas cosas sólo suceden en las películas, esto era la realidad.  Francesca y Luca, esperaban muy felices por su regreso y con un gran abrazo compartió su tristeza con sus seres más cercanos en esa tierra.  Camino a casa contó un poco de lo que había pasado y ambos amigos coincidieron en que hizo lo mejor que pudo y además entendieron la reacción del hombre.  Llegó a su casa y se acostó, cansada por el viaje, por las emociones, por las despedidas, por la vieja vida, por la nueva vida.

Al día siguiente no dudó en empezar a trabajar y distraerse un poco.  Encontraba distracción en el trabajo,  diversión en sus amigos y un poco de ilusión en Luca.  Todas esas cosas llenaban ese vacío que llevaba dentro y su tristeza solía desaparecer por algunos momentos. No se podía quejar, no le faltaba nada y tenía muchas cosas que otras personas desearían tener.  En sus momentos de soledad o distracción, solía preguntarse sobre la vida de aquel hombre que amó (amaba), sobre su felicidad, sobre que estaría haciendo en estos momentos y recordaba momentos junto a el.  Era  normal, ya que un amor así es difícil de olvidar pero lo llevaba bastante bien.

Intentó llenar su vacío con Luca sin embargo le bastaron un par de meses para darse cuenta que no era para ella y que no generaba nada de lo que alguna vez había generado Alejo.  El rubio italiano comprendió los sentimientos de Abril y se resigno a ser tan solo su mejor amigo.  Transformó su resignación en una de las más fuertes confianzas y estuvo siempre para ella en los momentos en que el recuerdo de Alejo se hacía más fuerte. La aconsejó y le dio fuerzas para no rendirse, un verdadero hombre que supo aceptar su derrota.

Pasaron seis meses desde aquel día, Abril se hizo amiga de su tristeza y los sentimientos iban desapareciendo.  Un domingo decidió pasear por la ciudad, visitó los lugares más famosos por tercera o cuarta vez pero con mucha más atención en su historia, su arquitectura y en su fascinante belleza.  Miró a Roma con cariño y tuvo deseos de abrazarla, era la ciudad hecha para ella.  Se sentó en una fuente, no sabía cual era y mucho menos le importaba, pero vio muchas monedas dentro de ella y dedujo que era una de esas fuentes de amor, había leído algo sobre ellas.   Con una sonrisa picarona se aventuró a tirar una moneda imitando a las actrices de película e imaginando que su amor llegaría.   Lo hizo con gracia y muchas sonrisas,  le pareció divertido. Se puso de espaldas, tiró la moneda y escuchó el ruido del agua al caer la moneda, cerró los ojos, deseo que el amor llegará pronto y se volvió a sentar en la fuente.  Es imposible no decir que su corazón y su mente pensaron en Alejo, pero eso ustedes ya lo saben.

Mientras miraba a las personas pasar, comenzó a reflexionar sobre su vida. El giro inesperado que tomó, lo que perdió por tener miedo,  lo mal que le hizo al amor de su vida, lo mucho que lo extrañaba a pesar de querer disimularlo y sobre todo luego del tiempo que pasó.  Sin verlo, sin sentirlo, sin saber de el, lo seguía amando igual, pensó en lo patética que fue en abandonarlo y en lo mucho que le hubiera gustado despedirse de el personalmente.  Por primera vez desde su regreso a Italia, se tomó el tiempo de pensar, de ponerse realmente triste, por primera vez su corazón estaba llorando.  Aunque era una tristeza tranquila y la mantenía bien saber que en algún lugar del corazón de Alejo estaba ella,  ya no había vuelta atrás, la única opción era seguir adelante.  Se sumergió en sus pensamientos, sus recuerdos y se olvidó de Roma por un momento.

De repente sintió que algo golpeó su cabeza, le dolió un poco, miró al suelo y encontró su moneda. ¿Qué hacía su moneda fuera de la fuente? , “Llegué justo cuando tiraste la moneda”.   El corazón de Abril se detuvo por un segundo y de repente comenzó a latir muy rápidamente.   “Si quieres conseguir un gran amor que te quiera deberías tirar un billete de cien euros o algo así, un euro es muy poco” dijo la voz casi riéndose,  mientras la mujer miraba su moneda sin entender nada. ¿Por qué demoraste tanto? preguntó en un tono indiferente la mujer y el respondió con serenidad " Tuve miedo y cuando sentí el temor comprendí que te amaba demasiado"

¿Tuviste miedo y comprendiste? volvió a preguntar, esta vez con un tono sarcástico Abril. "Si, te voy a explicar" dijo el hombre.  No soy tuyo y vos no sos mía, ambos somos libres y nunca sabremos si vamos a terminar nuestras vidas juntos pero tenemos algo que es nuestro y sólo nuestro. ¿Qué es? preguntó curiosa y el chico, con una sonrisa triste respondió "Amor".

Abril se paró y con lágrimas en los ojos fue hasta el hombre que le lanzó la moneda. Le pegó un par de piñas en el pecho y lo abrazo tan fuerte como pudo.    “Roma es bastante linda pero me gusta más Madrid, creo que es más de mi estilo.  Esta ciudad es muy romántica para mi gusto, pero tiene algo tuyo, comprendo porque te viniste hasta aquí”.
“Madrid es más de tu estilo, ¿Eso es lo mejor que tienes para decir?” le preguntó Abril  y el hombre respondió “¿Y que quieres que le diga a una mujer desconocida que me habló en un banco de una plaza?”

                                                                        FIN


Para ustedes:

Debo decir que cuando comencé esta historia, no pensé que iba a generar tanto en mis tan pocos pero queribles seguidores.  Pasaron del amor al odio, del odio al amor. De maldecir a Abril, a sentir pena por ella. Pasaron de ver a un pobre Alejo y a un insensible hombre. Pasaron por cada etapa de una relación, en donde se mostraron todas las cosas que genera el amor: celos, tristeza, odio, pena, alegría, satisfacción, felicidad y muchas cosas más.

En cada capítulo se contó una historia de amor diferente, una historia que tuvo final y un nuevo comienzo.   En cada capítulo, al menos uno de ustedes se sintió cien por ciento identificado con la situación, con el hombre o con la mujer.  En cada capítulo estuvieron ustedes, porque hay un pedazo de sus historias incluidos en esta y  porque sobre todo hay algo de ustedes en Alejo y en Abril.   Pensé mucho el final, quise hacerlo único y diferente pero lamentablemente no pude porque está historia, por lo menos esta,  merecía un final así.  Lamento haber decepcionado a algunos que me sugirieron otro final y lamento a los que les parecerá aburrido y común este final. Les pido mil perdones, pero así debía terminar, luego de tantas idas y vueltas, Alejo y Abril se encontraron el uno al otro como aquel primer día bajo la lluvia de la ciudad y este último día bajo el sol de Roma.

Atte: Javier Romero Ulic 

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