Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

jueves, 21 de abril de 2011

Capítulo II: El traje y el artefacto

Todo estaba caliente y confuso, no sabía que pasaba y mucho menos donde estaba. No encontraba a nadie, escuchaba gritos y llantos, había gente furiosa, había gente triste.   Todo pasaba muy rápido y sólo podía ver una luz amarilla mezclada con rojo, parecida al color del atardecer, a través del pequeño agujero que me daba aire en esa habitación.  Estaba oscuro, no veía ni mis propias manos,  me habían dicho que por nada del mundo hiciera algún sonido y que escuche lo que escuche jamás salga de esa pieza.

Este es un personaje de Lost Canvas, Nygma sería muy parecido a él.
 Me mantuve quieto, haciendo caso como un niño, oyendo a la gente decir cosas que más tarde entendería.  Lloraba en silencio, en mi corazón sentía tristeza y angustia a pesar de no comprender la situación, en el fondo de mi ser notaba que algo andaba mal.  Me tapaba los oídos  para no escuchar nada y contenía mi llanto para que nadie me oyera, todas las noches en aquel cuarto hacía lo mismo cada vez que alguien entraba a la casa.  No se cansaban de buscar un artefacto que según la descripción de aquellos visitantes, era finito y de un color negro mezclado con rojo.  Decían que esa era la clave de la salvación del pueblo, decían que necesitaban eliminar eso para luego poder vivir en paz.  "La magia no se ha ido" decían desesperados, yo me preguntaba quien o que era la magia cada vez que la nombraban, no entendía nada.

"Eliminamos a todos, no queda ninguno, sólo falta destruir ese artefacto que trajo tanta desgracia a nuestro pueblo" solían decir para darse ánimos y no rendirse.  Debo admitir que por momentos era chistoso ver como se desesperaban buscando el objeto y en otros momentos me mataba la curiosidad de saber porque lo querían destruir.  Luego de un par de meses con los que sobreviví con los pocos alimentos que se hallaban dentro y la escasa agua, me animé a salir.  Espere a que las visitas se fueran y abrí la puerta.  Estaba todo destruido y no quedaba rastro de nada, ni nadie que conociera, todas mis cosas estaban destruidas, no había nada.  Me puse a inspeccionar lo que quedaba de ese lugar en el que había crecido, fui de pieza en pieza buscando algún recuerdo, pasé horas y horas entre los escombros hasta que  algo me llamó la atención.

Me apoyé en mi placard y de repente se abrió.  De él salió un traje de mi talla, impecable y muy bonito, no le había pasado nada. Adentro suyo tenía una nota que decía "Feliz cumpleaños hijo, da tres giros en el aire y sabrás la verdad". No entendí la última parte, y no me había acordado que ese día era mi cumpleaños.  Fue raro pero inmediatamente me lo puse y me fasciné, empecé a jugar y a hacer ruidos, a imitar a mis padres y reír. De alguna forma sentí que estaban conmigo, ellos a veces hacían cosas que yo no entendía y siempre que preguntaba me decían que no tenía edad para saber, pensar en  eso me distrajo y la gente se dio cuenta de que había una persona en la casa.   Me puse nervioso y no supe donde esconderme, en tan sólo segundos entraron hombres con capuchas rojas y antorchas.   Yo no entendía nada de lo que hablaban, salí por la ventana y me empezaron a perseguir. Corría tan rápido como podía pero tarde o temprano me iban a alcanzar.  "Niño maldito ven para acá, te mataremos", cuando escuché esas palabras fue tanto el susto que me cegué, no vi lo que tenía en frente y choqué contra una niña.

La miré asustado pero no me podía levantar, noté que ella no me miraba con odio ni con miedo como las demás personas, me temblaban las piernas y era tan fuerte el golpe que no me permitía reaccionar.  Una señora vino rápido y alejo a aquella niña de mi con mucha velocidad " No toques al último hijo de la magia " dijo la mujer que tenía un pelo negro y una cara muy pálida.  Logré pararme y apoyarme en un árbol, pero los encapuchados estaban rodeándome.  "Debes morir, por el bien del pueblo, debes morir", " Maldito, trajiste la desgracia a la población", " Bastardo, tu y tus padres merecen la muerte”,  "último hijo de la magia, este es el lugar donde dejaras de vivir" me decían en tono agresivo.   Pusieron antorchas a mí alrededor y de repente estaba en un círculo de fuego, me hacía mucho calor y me arrodillé. No podía mantenerme de pie y mucho menos pensar, me saqué aquel saco que seguía impecable y un segundo antes de perder la consciencia vi que en su bolsillo se encontraba un pequeño palito de color rojo y negro.

Lo agarré pero no sabía como utilizarlo. De repente noté como la gente se asustó y comenzó a intensificar el fuego a mí alrededor, tiraron aceite y el fuego me quemaba.  El calor era insoportable, la gente se puso más nerviosa y entre tanto alboroto logré escuchar una frase "Ese es el artefacto, destrúyanlo". Esas palabras me reanimaron, agarré el saco, pensé en la nota que me habían dejado y antes de desmayarme hice girar el artefacto tres veces en el aire.  Me desperté en un jardín muy colorido, sin entender nada y sin saber que era lo que había pasado.  No recordaba quien era, ni como había llegado hasta ahí.  Me sentía cansado, me dolía la cabeza y sin darme cuenta perdí el conocimiento quedándome tirado en aquel jardín de colores...

Espero les guste la continuación de la historia, gracias por leer y por comentarAtte: Javier Romero Ulic

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