Hoy fue un día especial en Milano. Un partido, el final de la temporada y la
despedida de muchos jugadores. Entre
ellos, el goleador Filippo Inzaghi.
" Mi querido Milan, te dejo solo porque es la vida y porque ya es
hora" comienza despidiendo el delantero mediante una carta. Este era
su último encuentro, o mejor dicho sus últimos 20 minutos con la camiseta “rossonera”
y la despedida no pudo ser mejor. Seedorf asistió al delantero y este definió
tras la salida del arquero para darle el triunfo al Milán, desatando el delirio
de compañeros, hinchas y hasta dirigentes.
Pippo llegó en 2001 al elenco de Milano y estuvo hasta el día de hoy siendo “Diávolo”. Más de diez años vistiendo la camiseta roja y negra. Mas de diez años gritando goles a mas no poder, solo como el lo sabe hacer. Más de diez años consiguiendo títulos y metiéndose a los hinchas en el bolsillo. Inzaghi fue, es y seguirá siendo un goleador de características singulares. Era de esos que aparecía cuando tenía que aparecer, no era vistoso pero era goleador. Nueve, nueve, como pocos. Hacía lo que tenía que hacer y punto. Hasta tiene una frase que lo define, que la dijo nada más y nada menos que Franz Beckembauer, en tono critico, en la final contra Liverpool “Inzaghi nació un paso adelantado”. Ese día, el Milán se consagró campeón con dos goles de SuperPippo.
No hay nada más que decir, sólo agradecer por lo conseguido
y brindado. Fue una dicha poder ver a
este monstruo del fútbol mundial. Gracias
Pippo, siempre te recordaré y siempre intentaré festejar los goles como vos. Hasta siempre, ídolo.
Por Javier Romero Ulic - @RomeroUlic



