¿Papá?, ¿Mamá? , ¿Dónde están?, ¿Alguien está ahí?, no me dejen solo. No me dejen solo en la oscuridad, alguien ayúdeme por favor, no quiero estar solo. Mamá, papá ¿donde están? ¿Por qué todo se está quemando? "Debes morir" ¿Quién me habla? ¿Quién está ahí?, ¡auxilio! por favor alguien... por favor. ¡Despierta joven!, ¿Qué te pasó?, abrí los ojos y vi una señora mayor que me transmitía tranquilidad con tan sólo verla. Estaba todo transpirado, nervioso, asustado y el corazón se me salía del cuerpo. Me dolía la cabeza, tenía puesto un pijama a rayas blanco y no entendía nada, no soportaba el dolor.
¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Qué era este lugar? ¿Quién era la señora? ¿Quién era yo?, la señora sin decir nada me trajo el desayuno a la cama. Un té y unas galletas para calmarme, y luego de eso me pidió que descanse y sin esfuerzo me volví a dormir. Me desperté con el sol en lo más alto del cielo, tranquilo, renovado y con mucha energía. Poco a poco, me puse de pie y me levanté, bajé las escaleras de la habitación en donde me encontraba y llegué a lo que parecía el comedor de la casa. "Por fin despertaste" dijo una voz muy dulce, la miré e inmediatamente me vinieron mil preguntas a la cabeza y antes de poder pronunciar alguna palabra, la mujer de cabellos blancos me dijo "tranquilo chico siéntate, voy a contarte todo". Hice caso, ella sirvió el almuerzo y empezamos a hablar.
"Antes que nada debo decirte que no se nada de ti"¿Cómo que no sabe nada de mi? No sé nada de ti, te encontramos tirado en el jardín y te trajimos hasta nuestra casa. Pasó una semana hasta que te despertaste, tu piel tenía algunas señales de quemaduras, que no nos costó curar, pero lo raro es que el traje que llevabas puesto estaba intacto. Te trajimos, te quitamos tu ropa para curarte y pasó otra cosa extraña. Tu pelo negro se hizo castaño, algo que nos sorprendió bastante, se nota que ese traje es mágico o tu lo eres ¿Recuerdas algo? No, respondió el joven. Sólo tuve sueños extraños que consistían en fuego, oscuridad y soledad. Ninguna imagen se podía entender bien.
Los magos como tu, son rechazados en algunos pueblos, tienes suerte que te hayamos encontrado, cualquiera ya te hubiera matado, nosotros tuvimos muchos amigos magos a lo largo de nuestras vidas, es por eso que no te haremos daño. Disculpa mi falta de respeto, me llamo Nora Sinsé ¿Y tú te acuerdas cómo te llamas? Trato, pero por más esfuerzo que haga no logró recordar. Entonces que te parece si te llamamos Enygma, ya que tu nombre es un acertijo. ¿Enygma? Prefiero sin la E. Nygma ¿Qué le parece? Me parece bien, es más rápido de pronunciar. Entonces querido Nygma te quedarás con nosotros hasta que descubras quien eres, practicaras tu magia y nos ayudaras con algunas tareas de la casa porque nosotros ya estamos viejitos. El mago sonrió y aceptó la propuesta de Nora.
Comieron y horas después, un viejito con un rompevientos verde entró a la casa. ¿Nora me guardaste comida? ¿Nora? ¡Si! viejo gruñón, deja de gritar. Bueno Nora estoy viejo y no te escucho, el viejo colgó el rompevientos y se sentó en la mesa, yo estaba lavando los platos cuando me dijo "Mago, veo que despertaste", "Si señor" respondí tímidamente. Es un gusto tenerte en casa, voy a trabajar menos (risas). ¡Julio por pícaro vas a trabajar más ahora! desde el patio se escuchó el grito agudo y furioso de su esposa. Chico , está mujer me tiene loco, todo el tiempo se queja y me pide que trabajé, no entiende que tengo 70 años, me decía el viejo riéndose. Yo no se porque pero ese par de ancianos me hacían feliz, me daban tranquilidad y de alguna forma disfrutaba su compañía.
Luego de un par de meses de tareas domésticas y de charlas con el viejo matrimonio, decidí buscar mi traje e intentar practicar la magia de la que tanto hablaban. Me dijeron que la magia era algo sobrenatural y que muchas personas no creían en ello, que a otras le asustaba y que algunas la querían para usarla a su beneficio. Saqué el traje del placard y en su bolsillo encontré una varita roja con negro, así me habían dicho que se llamaba ese artefacto. No sabía como funcionaba hasta que Don Julio se me acercó. Yo tuve muchos amigos magos que fueron asesinados, ellos me enseñaron que la magia está dentro tuyo, piensa en lo que quieres con fervor, seguridad y decisión, luego con un par de giros de la varita lo que pensaste se hará realidad.
Comencé por algo pequeño como tratar de revivir una flor marchita, esa era mi meta. Aunque no lo crean estuve un año tratando de revivir esa flor, rompí miles de jarrones y ensucié un millón de veces la casa. Los retos de Doña Nora y Don Julio fueron interminables, así como también su apoyo incondicional, ambos comprendían el rechazo de la gente hacía mi porque ellos lo habían sufrido con sus mejores amigos. Yo era un joven solitario, no andaba mucho con la gente, dedicaba mi tiempo a las tareas del hogar y a cuidar el jardín de los Sinsé, ese lugar era mi favorito, sentía tanta serenidad allí. A los 21 años ya era todo un mago, controlaba la magia a mi placer y volví todo más fácil para los Sinsé. Por fin pude darles el descanso que se merecían, ellos eran felices conmigo a su lado. Todo marchaba muy normal en mi vida, lo que más disfrutaba era revivir las flores del viejo jardín para la alegría de doña Nora y el orgullo de Don Julio, ese jardín ya llevaba 50 años ahí y el trabajo del anciano era impecable. Era tan feliz ahí a pesar de que por ahí tenía sueños extraños, no me inquietaba saber de mi pasado, ni de alejarme a de ese lugar. Con 21 años decidí que era hora de usar ese traje, con mi magia hice que fuera de mi talla y me lo puse. Don Julio me regaló un sombrero azul porque según él, un traje no era traje si no se llevaba un sombrero. Le hice caso al anciano y me puse el sombrero, y como un niño empecé a practicar mis poses de magia frente al espejo, estuve horas jugando y riendo hasta que el sueño me venció.
¡No, por favor no nos mates!, ¿no nos recuerdas? Somos los Sinsé, Don Julio y Nora. La casa estaba en llamas, el aire faltaba y los gritos de la señora se hacían cada vez más débiles. “Por favor no nos mates, por favor" rogaba la señora. "Jajajaja" se reía aquel hombre de cabellos negros. Yo los miraba con sufrimiento y por más que quería hacer algo mi cuerpo no se movía, intentaba detener a aquel hombre de ojos azules pero mis gritos, mis movimientos, mis trucos todo era en vano. Ese hombre mató a Don Julio con sólo un movimiento de su varita. Es mago, pensé y no podía detenerlo, me desesperaba, sufría, lloraba. El mago se digirió adonde se encontraba la mujer, "Nooooo Doña Nora, nooooo" grité con todas mis fuerzas derramando lágrimas y la pobre mujer fue atravesada por un rayo de luz blanca que salió de aquella varita.
"Jajajajajaja, ¿viste Nygma? ¿Viste?" De repente ese hombre con pelo negro y ojos azules oscuros me habló, no podía distinguir su cara, sólo veía esos ojos penetrantes y me quedaba inmóvil ¿Cómo sabía mi nombre?, ¿Cómo me conocía? Ni siquiera podía acercarme a él. "Maldita seaaaaaa, hijo de puta, hijo de puta te voy a encontrar" grité con todas mis fuerzas pero su risa tapó mi grito. "jajajajajaja, están muertos Nygma, están muertos". Don Julio y Nora, yacían en el piso de la casa incendiada sin vida , sin ningún tipo de salvación. "Jajajajaja, es nuestro primer triunfo Nygma, jajajaja" No soportaba esa risa, no la soportaba, “Mira Nygma ¿acaso no es hermosa la muerte? Jajajaja” Quería que terminara, era inaguantable, insoportable. "Bastaaaaaa yaaaaa" grité con todas mis fuerzas y la risa se fue. Pude mover mi débil cuerpo y con mi último esfuerzo apagué el fuego, el mago había desaparecido junto con su insoportable risa y yo quedé tendido en el suelo inconsciente.
Me desperté tirado fuera de la casa, lo primero que sentí fue alivio porque había sido un sueño pero luego miré la casa quemada y el terror inundo mi cuerpo. Entre corriendo y gritando “Don Julio, Nora ¿Dónde están?, empecé a revolver los escombros y los encontré. Los cuerpos de ambos yacían sin vida, tirados en el suelo de madera quemado. Me arrodillé ante ellos y las lágrimas brotaron de mis ojos, ¿Quién pudo haber hecho esto? ¿Por qué lo hicieron? ¿Por qué ellos y no yo? “Maldita seaaaaaa, te voy a encontrar, te voy a encontrar maldito” Los levanté, cerré sus ojos y los tapé con una manta blanca. Los llevé hacía afuera y los enterré juntos frente al jardín de lirios que tanto amaban. Arreglé la casa con mi magia y decidí partir de ahí, sin saber adonde ir con la tristeza como bandera, sin entender una vez más que había pasado, con muchas preguntas en mi cabeza y con una sola meta: Encontrar al mago de ojos azules.
La historia toma un giro inesperado, ¿Podrá encontrar Nygma al asesino de los Sinsé?
Atte: Javier Romero Ulic

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