Lo que él recuerda son sus piernas bailando al compás de Chuck. Lo que él recuerda es la energía del
ambiente, la sonrisa en su boca y sus ojos cerrados. Ni sabe como se llamaba, ni siquiera necesitó
preguntarle. Anonadado por sus
movimientos, se mimetizó con ella y juntos parecían Johnny y June.
Luego Elvis los transportó a otro lugar mágico donde nadie había
podido llegar. La música sonaba, ella
bailaba, él con sus pasos graciosos la seguía con la mirada y como un adicto se
enfocó en esa cintura que iba y venia.
El rock les dio un tiempo para hablarse, pero ellos
decidieron besarse y aumentar su locura. Ella lo agarró de la cabeza suavemente, él tocó
su cintura y sus manos acompañaban el ritmo de ese cuerpo lleno de buena vibra.
Los minutos parecían horas y las horas días,
los temas pasaban ya sin importar y ellos dos seguían ahí, entre la multitud
bailando un vals lleno de pasión.
Sus cuerpos se pegaban y se separaban. Se tomaban de las
manos y se soltaban. Veían los flashes de la noche, las luces locas que los iluminaban
y de vez en cuando, se permitían una mirada seductora. Verlos era una
manifestación muy hermosa de cómo dos personas conectadas por el ritmo de la
música tenian la necesidad de sentirse el uno al otro. O en otras palabras, era
magia.
El clímax llegó con “start me up” y fue ahí cuando ella ganó
la guerra. Levantó las manos, se agarró
la cabeza y dejó que él la persiga con la mirada. Sin dudas, el muchacho se rindió ante tanto
encanto y sólo supo hacer una sola cosa. Se acercó lentamente y la besó. Apagó el fuego con más fuego y ella no se
resistió.
Las luces se prendieron y todo terminó. No hacía falta
seguir, se miraron por última vez y sonrieron cómplices del rock.

No hay comentarios:
Publicar un comentario