Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Rock y luces



Lo que él recuerda son sus piernas bailando al compás de Chuck.  Lo que él recuerda es la energía del ambiente, la sonrisa en su boca y sus ojos cerrados.  Ni sabe como se llamaba, ni siquiera necesitó preguntarle.   Anonadado por sus movimientos, se mimetizó con ella y juntos parecían Johnny y June. 

Luego Elvis los transportó a otro lugar mágico donde nadie había podido llegar.  La música sonaba, ella bailaba, él con sus pasos graciosos la seguía con la mirada y como un adicto se enfocó en esa cintura que iba y venia.

El rock les dio un tiempo para hablarse, pero ellos decidieron besarse y aumentar su locura.  Ella lo agarró de la cabeza suavemente, él tocó su cintura y sus manos acompañaban el ritmo de ese cuerpo lleno de buena vibra.  Los minutos parecían horas y las horas días, los temas pasaban ya sin importar y ellos dos seguían ahí, entre la multitud bailando un vals lleno de pasión.   


Sus cuerpos se pegaban y se separaban. Se tomaban de las manos y se soltaban. Veían los flashes de la noche, las luces locas que los iluminaban y de vez en cuando, se permitían una mirada seductora. Verlos era una manifestación muy hermosa de cómo dos personas conectadas por el ritmo de la música tenian la necesidad de sentirse el uno al otro. O en otras palabras, era magia.

El clímax llegó con “start me up” y fue ahí cuando ella ganó la guerra.  Levantó las manos, se agarró la cabeza y dejó que él la persiga con la mirada.  Sin dudas, el muchacho se rindió ante tanto encanto y sólo supo hacer una sola cosa.  Se acercó lentamente y la besó.  Apagó el fuego con más fuego y ella no se resistió.  

Las luces se prendieron y todo terminó. No hacía falta seguir, se miraron por última vez y sonrieron cómplices del rock.

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