Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Los Archundia merecen morir

Con tan solo 19 años Álvaro Archundia era la figura del equipo campeón de Polo, La Dorada.  El joven talentoso que se destacaba por transformar todo lo que tocaba en gol, era la envidia de todos sus compañeros, en especial de su hermanastro Joel Buenaventura. 
     Joel y Álvaro no se llevaban bien pero dentro de la cancha dejaban sus problemas de lado y se transformaban en algo más que hermanos cuando se ponían la camiseta de La Dorada.  Ambos vivían en la misma casa debido a que la madre de Álvaro se había mudado junto con el padre de Joel, luego de un tiempo de haber salido junto con él.  Lamentablemente para ambos padres la relación de sus hijos no era la mejor, casi no se podían mirar a la cara, discutían por todo y en todo momento, pero mágicamente cuando pisaban el verde césped del Country de La Dorada todo desaparecía o al menos eso creían sus padres.
   En la fiesta del décimo campeonato obtenido por La Dorada, que lo transformó en el equipo más ganador de la historia argentina, ocurrió lo menos pensado.  A la hora de la presentación de la joven figura Archundia, no apareció nadie.  El conductor de la fiesta repitió varias veces el nombre de Álvaro Archundia pero ninguna persona apareció sobre el escenario.  Sus  compañeros y familiares comenzaron a preocuparse incluso Joel hasta que de repente las luces del salón se apagaron por un instante y cuando volvieron, un grito colectivo y estremecedor se hizo dueño y señor de la noche. Álvaro Archundia apareció colgado con sus rostro sonriendo y un cartel pegado a su cuerpo “Los Archundia merecen morir”.   Nadie comprendía nada, hasta su hermanastro estaba shockeado por el acontecimiento ¿Quién podría haber matado a Alvarito con tanto futuro por delante? La fiesta se suspendió y cada integrante de La Dorada fue interrogado por la Policía en busca de respuestas pero sin éxito alguno.
     Este no fue el primer asesinato que sufría la familia Archundia y eso la madre de Alvarito lo sabia. Mintiéndole a la gente que su marido había fallecido a causa de un ataque al corazón, logró ocultar la verdad del primer asesinato. En esos momentos difíciles fue el padre de Joel,  Julio quien era uno de los mejores amigos del asesinado y su ayudante técnico en el equipo de polo La Colorada, fue quien la acompañó sin dejarla sola en un solo momento. Esto terminó forjando una relación entre ambos y enamorando a la madre de Álvaro. 
Sin embargo, está vez era su hijo el que sorpresivamente estaba muerto y todo el mundo lo había visto, Laura ya no podría mentir más y eso que ni siquiera se había resuelto el caso del primer asesinato.  Laura estaba consternada sobre todo por el mensaje en el pecho de su hijo, el cual era el mismo que el de su padre: “Los Archundia merecen morir”.  Pasó el tiempo y al igual que con su marido, la policía no logró encontrar al asesino.  Los años fueron pasando y la muerte de la joven promesa de Polo se fue olvidando hasta quedar en el recuerdo.
    El 17 de Octubre, La Dorada había organizado un pequeño acto en conmemoración al aniversario de la muerte de su más joven promesa, Alvarito Archundia. Ese día la madre del difunto se vistió de negro, preparó el  almuerzo y se sentó a comer con la que se había transformado en su nueva familia, Los buenaventura.  Las conversaciones en la mesa iban y venían como una familia, y uno de los temas más destacados  era  la consagración de Joel como mejor jugador de Polo en Argentina con el menor Hándicap que se podía tener.  Era el orgullo de su padre, quien lo felicitaba ante la mirada de su madrastra.  Pero el inexperto Joel diría algo que cambiaría totalmente a la familia “Gracias Laura, Gracias papá sin la muerte de Álvaro esto no hubiera sido posible”.  Laura se quedó boquiabierta por el comentario tan frío y desubicado de Joel quien la miraba con una sonrisa diabólica. El padre se levantó de la mesa, serio y fue hasta el lavamanos.  La madre había quedado shockeada por esas palabras, su marido levantó un cuchillo y dijo “Joel, por tu culpa ahora tendremos que matar a otro Archundia”, la madre giró para ver la cara de su amante y él con la misma sonrisa diabólica que tenía su hijo dijo “¿Y cómo crees que fui técnico de La Colorada?
   Al aniversario sólo fueron Joel y su padre, y ante la pregunta de la gente por la esposa y madre de los Archundia, ellos con lágrimas en los ojos respondieron que murió por una grave enfermedad.



Javier Romero Ulic

2 comentarios:

  1. Muy bueno, aunque se me complicó un poco bastante la lectura con esa pared con cuadros al fondo :/

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  2. Jajajaja, ya voy a cambiar el fondo ... jajaa

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