Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

miércoles, 3 de abril de 2013

Vals de plaza



Era de noche y caminaba tranquilo por una ciudad que no poseía muchos habitantes. Muy abrigado, producto de ese frío otoñal, que te avisa que el invierno esta por llegar y con una mirada perdida navegaba por esas calles esperando llegar a mi destino.  La ciudad estaba demasiado tranquila y no había esa clásica contaminación auditivita que tanto la caracterizaba. Ni mucho menos esa gente que vive corriendo y no sabe para donde va. Esas personas que son parte del relleno cotidiano de este lugar en el mundo.  
Era una noche como cualquier otra, volvía de hacer unas tareas y no pensaba en nada.   O quizá reflexionaba sobre mi vida y todas esas cosas que, cuando se está solo y hace frío, uno se pone a pensar.   La caminata era agradable y disfrutaba de cada viento fresco que golpeaba mi cara.  Suspiraba cada vez que me acercaba a mi destino y deseaba pronto estar en casa.  En ese trayecto, me hundí en mis pensamientos hasta que algo llamó mi atención.   Junto a una plaza, había un auto estacionado con la música alta.   Una melodía poco moderna y obviamente lejana a está época.  Por curiosidad me cruce de vereda y a medida que me fui acercando, descubrí algo fascinante.   A la par de ese coche, había una pareja de ancianos.  Quizá exagero con la palabra pero seguro ellos promediaban los 60 años de edad, tal vez un poco más.   El hombre, un poco alto con chaleco y camisa. Era canoso y con medio pelado.  La mujer, de baja estatura y con un pelo castaño que le llegaba hasta las caderas,  tenía perdida su mirada en él y una  sonrisa se dibujaba en su rostro.
Estaban parados hablando y de repente,  el hombre se inclinó  y la invitó a bailar.  Ella lo miró, sonrió y medio avergonzada, medio sorprendida, aceptó.  Él tomó su mano y en forma de vals, se movieron de un lado al otro. Al compás de la música se pusieron a bailar en esa noche que sólo traía tristezas.  Le dieron un poco de color a un día que parecía terminar gris y un poco de calor a las personas que pasaron por ahí. 
Por Javier Romero Ulic - @RomeroUlic

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