Ahí se encontraba Nygma, tirado en el verde pasto viendo las últimas imágenes de su vida a través de sus ojos. Era un lugar lindo para morir pensó mientras con su mano ensangrentada agarraba un diente de león. Ahí estaba el mago apoyado en un árbol, mirando el cielo azul, sintiendo la última brisa que pasaba por su rostro. Ahí estaba el hombre Pensando en que ese lugar era lindo para morir, ya quería irse de ese mundo y llegar al próximo. Imaginaba y se moría de curiosidad por saber que lo esperaba más allá, en ese mundo que nadie puede conocer hasta que abandona este.
Allí estaba Nygma sonriendo dulcemente a esa persona que lo miraba a lo lejos, esa persona que estaba detrás de esa pared de cristal, esa persona a quién el amaba con todo su corazón. Sus ojos la miraban con detenimiento y ternura, su boca dibujaba una sonrisa a pesar de que el rostro de la chica era inundado por lágrimas que brotaban de sus ojos. Ella golpeaba y golpeaba esa pared para poder llegar hasta él y por más esfuerzo que hacía ni un rasguño aparecia en la muralla invisible. Lloraba, gritaba, pronunciaba su nombre, le declaraba su amor, le decía que no la abandoné y él sólo sonreía sin saber que decían las palabras de la chica. El mago se dio cuenta que había perdido el sentido de la audición pero ya poco le importaba.
Respiró hondo y dejó de escuchar el ruido de las plantas. Su mano ensangrentada dejó de sentir aquel diente de león que sostenía. El mago pasaba sus últimos minutos sentado en aquel árbol viendo a su amor llorar, sin poder decir una palabra porque claro, él no se escuchaba. Comenzó a pensar, como hacer para que su amor se tranquilice, buscó en lo más profundo de sus recuerdos para elegir la forma de hacerla ver que él estaba bien y entre pensamientos recordó aquella tarde en aquel jardín abandonado ...
¿Qué hacemos acá? preguntó la chica y él respondió "Este jardín era cuidado por la familia Sinsé, era muy hermoso en su época, sin embargo desde que los Sinsé fallecieron, nadie se hizo cargo y este sitio fue totalmente abandonado". ¿Y cómo sabes esa historia? cuestionó ella con dulzura y curiosidad "Solía venir de chico, de grande y en todas mis edades, este lugar me daba tranquilidad y sobretodo le daba magia a mi magia" ¿Magia a tu magia? “Sí, yo hacía que el jardín se viera más hermoso de lo que era, dime cuál es tu flor favorita y te mostraré". Mi favorita es el Lirio, le contestó ella, el mago sacó su varita y con un par de giros en el aire hizo desaparecer la oscuridad y melancolía de ese jardín. El suelo negro y seco, se llenó de lirios de todos colores y como por arte de magia, valga la redundancia, el lugar cobró vida.
Él la tomo de la mano y la llevó a dar un paseo por el jardín, intercambiaron risas y anécdotas, jugaron con las flores como dos niños, compartieron gustos y discutieron un poco sobre sus diferencias. El cansancio se hizo presente y juntos se recostaron mirando el cielo en pleno jardín. En ese momento, la miró a los ojos muy fijamente y la besó tiernamente, en ese momento el mago se enamoró. Ella devolvió su afecto con una caricia tierna en su mejilla y un posterior beso, contestando amor con amor. Esa tarde quedó en la memoria de aquel mago, que seguía moribundo sentado en un árbol mirando a aquella chica.
Entonces Nygma sacó su varita del bolsillo con su mano temblorosa, levantó ese brazo que apenas podía mover y con un par de giros en el aire hizo crecer lirios, el suelo donde se encontraba el chico comenzó a tornarse violeta y de él brotaron un sin fin de lirios que no pudieron traspasar la muralla. El mago volvió a girar la varita y con mucho esfuerzo su magia atravesó la impenetrable pared de cristal y un pequeño Lirio violeta creció en el suelo donde se encontraba la chica. Ella lo vio inmediatamente, con una dulce tristeza lo agarró y con sus dos manos apoyó la flor sobre su pecho, aquellos ojos verdes dejaron de llorar y acompañados de una sonrisa comenzaron a despedirse del mago ...
Está historia recién comienza, es la historia de un mago, de un amor, de una chica.
Atte: Javier Romero Ulic

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