Empecé mi largo viaje en busca del asesino de los Sinsé, andando de pueblo en pueblo, intentando conseguir alguna información que me guiara a aquel hombre. Nadie conocía a un mago de ojos azules y si lo conocían, ocultaban la información que tenían porque la gente les tenía mucho miedo a los magos. Me decían que no existían los buenos hechiceros y que todos buscaban estafar a la gente con obras de bondad. No les parecía extraño que ese mago haya asesinado a los ancianos, comentaban que en está época suele suceder, y que seguramente los Sinsé debían haber estado en deuda con aquel hombre. Lo que no sabían ellos, era que ese hombre me conocía, sabía quien era yo, sin embargo ese dato no le podía decir a cualquiera porque la gente como yo era mal vista en la mayor parte de la sociedad.
En los pueblos que iba visitando, el bien y el mal estaban divididos, en algunos lugares la paz se hacía presente y en otros el caos era una cosa cotidiana. Me decidí por ayudar a las personas que sufrían algún peligro, utilicé un pañuelo para ocultar mi rostro y desde las sombras usé mi magia para evitar robos, asesinatos y torturas a cambio de un poco de comida y un techo para dormir, no quería aprovecharme pero otra opción no me quedaba. Mi viaje se tornó algo desesperante porque ya eran varios los meses que habían pasado desde la noche en que murieron Don Julio y Nora. Comencé a cansarme y cada día aguantaba menos las constantes pesadillas que tenía, los ojos azules, el fuego, esa risa insoportable, todo me volvía loco. Esos sueños se hacían cada vez más fuertes y más incontrolables, siempre me despertaba asustado y nervioso.
Pasó más de un año desde el comienzo de mi nefasta busqueda de alguna pista que me guíe a la verdad. El otoño se hizo presenté y junto con él, llegué a un pueblo llamado "Lafitá". Un pueblo raro lleno de magos y hechiceras, hecho que me sorprendió bastante. Ya había escuchado algo sobre este lugar pero nunca creí que fuera verdad, me sentí libre luego de mucho tiempo ocultando mi identidad y me tomé el trabajo de hablar con cada persona que se prestaba a una charla. Hace rato no me sentía tan bien conmigo mismo, los magos que vivían ahí eran bastante amigables, el lugar parecía perfecto para mí. Luego de un par de día conociendo el lugar, decidí tomarme un descanso para relajarme, era la primera vez que me permitía descansar en todo este tiempo. Fui a una plaza donde las hojas de otoño no caían y donde el tibio rayo de sol, entre tanto frío, tranquilizaba el alma. Me relajé, me saqué el sombrero y cerré los ojos para disfrutar de la paz que generaba aquella plaza. Me sumergí en mis pensamientos y pareció que habían pasado horas cuando de repente una chica se me acercó.
"¿Le molesta si me siento a su par?" me preguntó. "¿Ah? No, claro que no, es libre de sentarse donde guste" respondí. Es lindo el otoño en esta plaza, ¿no? dijo sin que yo le hablara, "Supongo, no tuve el tiempo de admirar los paisajes" contesté indiferentemente. ¿Es nuevo en la ciudad? me siguió hablando, "Estoy de paso, estoy de viaje en busca de un mago". "Acá hay muchos" dijo ella entre risas. "Sí, lo sé, espero que alguno pueda ayudarme a encontrar al asesino de mi familia" con tranquilidad y desinterés el mago continuo la charla. "¿Asesino?, No creo que alguien sepa algo de asesinos, los últimos murieron hace unos años atrás y desde ese entonces este pueblo a estado en paz" ¿Asesinos magos? Una pequeña gota de curiosidad despertó en el ser de Nygma. "Sí, habían torturado a mucha gente de este pueblo, les robaban y luego los mataban, eran magos que utilizaban la magia negra. Los mejores magos del pueblo juntaron fuerzas y entre todos lograron matarlos, es triste pero según me cuenta mi madre, no había otra forma de detenerlos". "Supongo que hicieron bien, debe haber sido bastante malo vivir en ese momento" le contesté un poco más atento a su historia.
La chica que llevaba un vestido verde agua y una vincha blanca en su pelo rubio continuo contando la historia. "Todavía recuerdo la última noche de su hijo, yo era casi una niña y estaba jugando por los alrededores del bosque sin darme cuenta que perseguían a aquel niño. Fui a perseguir una mariposa, y un niño me chocó, él quedó tendido en el piso, un poco mareado, lo quise ayudar y rápidamente llegó mi madre y me alejó de él muy asustada. Yo no se porque le tenían miedo, no parecía un chico malo. Tenía unos ojos azules muy oscuros, con una mirada muy penetrante pero llena de tristeza y un pelo negro de la misma tonalidad. Fui a la única que no le dio miedo su mirada". Nygma quedó impactado, su indiferencia se transformó en adrenalina por las palabras de la chica, luego de mucho tiempo había encontrado por fin una pista, el mago de ojos azules era hijo de unos asesinos y había nacido en este pueblo. "¿N-no, n-no sabes más sobre ese mago?" preguntó Nygma sorprendido. "No recuerdo mucho, yo tenía sólo 11 años además mi madre me apartó lo más rápido posible del lugar para salvarme, sólo recuerdo su mirada triste parecida a la tuya. Lo último que logré ver fue fuego y escuché un grito que no llegué a entender. Nunca más se habló de él, lo dieron por muerto, y desde ese entonces este lugar se transformó en el hogar de todos los magos". ¿Parecida a la mia? preguntó muy curioso, "Sí, tu tienes esa mirada de que perdiste a alguien, pero tus ojos son marrones".
"Aquí los magos viven en paz, no son perseguidos ni discriminados por las personas normales, digamos que es nuestro lugar en el mundo, yo adoro este lugar" contó la chica con una sonrisa en su rostro. "¿Tu eres maga?", "No, mi padre era mago pero yo no heredé sus poderes. Vivo aquí porque mi padre era el mago más poderoso del pueblo, él le hizo frente a los asesinos sin embargo entre ambos lograron matarlo. Desde ese momento, ellos impusieron las órdenes en el pueblo hasta que sucedió lo que te conté. Yo tenía tan sólo tres años, ni siquiera recuerdo el rostro de mi padre, sólo lo vi por fotos. Me dijeron que fue un hombre muy valiente y eso me llena de orgullo, mi madre me contó mil historias sobre él, fue todo un héroe, me hubiera gustado conocerlo. Nygma posó su mirada en el rostro de aquella chica que le resultaba muy familiar, le daba una sensación de tranquilidad, algo que no había sentido en mucho tiempo. "El pueblo se llama Lafitá en honor a mi padre, ese era su nombre" terminó de contar la joven con los ojos un poco llorosos.
Nygma estuvo más atento a la chica y comenzó a hablarle como si la conociera de toda la vida, le contó la causa de su viaje y le habló sobre su misterioso origen, él cual desconocía. "Tengo que encontrar a ese mago, tengo que descubrir porque mató a los únicos seres que amé y sobre todo necesito saber porque me conocía, cuando lo encuentre pienso que encontraré la verdad sobre mi pasado". "Es una historia muy triste, ¿Todo este tiempo has viajado sólo?" le preguntó la mujer de pelo dorado. "Sí, hice buenos amigos durante mis viajes" le contestó él rápidamente sin responder a su pregunta. "Igual por momentos debe haber sido triste haber estado solo" siguió la chica. El mago sabía que la joven tenía razón, esas noches interminables de soledad eran lo más pesado de su viaje, andar por su cuenta sin amigos y sin compartir nada con nadie era realmente triste, pero era el camino que había elegido y él lo sabía muy bien, su meta era encontrar al mago a toda costa. .
Nygma decidió buscar profundamente en Lafitá información sobre aquel mago y le pidió ayuda a esa misteriosa señorita. Ella sintió una extraña atracción hacía el mago de ojos marrones, sentía que ya lo había visto en alguna parte, por alguna razón le recordaba a aquel niño de ojos azules. No tenía nada que perder, le daría un poco de acción a su tan pasiva vida y si todo marchaba bien, a pesar del propósito del hombre, ella volvería a ver esos ojos azules. Sin dudar aceptó la propuesta y junto con el mago fue en busca de esos ojos que supieron cautivarla alguna vez. ¿Cómo te llamas? preguntó el hombre de cabello marrón estrechando su mano, "Melodía" respondió la chica con un beso en la mejilla del hombre. "Las señoritas saludamos con un beso, ¿señor...?" dijo la joven cautivada por la mirada del mago. "Nygma, sólo dime Nygma". "¿Qué llevas en la bolsa Nygma?”Preguntó Melodía, "el ultimo regalo de mis padres" contestó el mago, ¿Qué es? siguió curiosamente la joven, "Un traje" respondió con paciencia el mago, "suficientes preguntas Melodía, comencemos nuestro viaje" le dijo a la joven con una sonrisa, agarró su sombrero y luego estiró su brazo, ella lo tomó y juntos, luego de un misterioso encuentro planeado por el destino, iniciaron una nueva aventura.
¿Quién será Melodía y por qué dijo que Nygma posee la misma mirada del asesino de los Sinsé? Nygma se acerca a la verdad de la mano de esa misteriosa chica.
Atte: Javier Romero Ulic
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