Cuatro ojos de lectura

Historias sin sentido. Pensamientos ilógicos. Palabras banales. Llenando vacíos.

domingo, 17 de abril de 2011

Sonrisas de Jazmín

 Estaba caminando por la calle, las mismas calles que siempre transitaba, era un día común como cualquier otro o al menos eso pensé.  Pasé por la cafetería a la que solíamos ir con amigos y sin querer queriendo la vi.   Tenía el pelo recogido, aros demasiado grandes para sus orejas, unos ojos que parecían luz y una sonrisa que obligaba a sonreír. 

Pase a su lado, la mire (la debía mirar, era un obligación) y ella me miró, había logrado el tan esperado Eyes Contact (técnica utilizada por un viejo amigo mío).  En el cruce de miradas habrán pasado unos cinco segundos y otros cinco más que compartieron nuestras sonrisas, pero parecieron una eternidad, una linda eternidad.  Seguí mi camino con un aire diferente, con buen humor y con felicidad. Impresionante lo que puede lograr la sonrisa de otra persona.

Llegué a mi trabajo, yo era florista.  No era una cosa que me gustase, pero sabía mucho sobre flores. Era algo en lo que realmente era bueno y mi florería era bastante buena también. Tenía mis clientes y algún que otro evento que me permitía hacer un buen dinero.  Mi especialidad eran los jazmines, hacía todo tipo de arreglo y decoración con ellos, a la mayoría de la gente les encantaba por su olor.

Mi vida era simple, trabajaba, tenía un buen grupo de amigos, familia, salud.  No me faltaba nada o tal vez sí pero por ahora no lo necesitaba.  Me encantaba el teatro, como verán, soy algo romántico.  Las comedías y el drama eran mis géneros preferidos, era de ir mucho al teatro y por ahí, solo por ahí, imaginaba escenas en mi mente y las actuaba o las escribía.  A veces me parecía patético y otras veces me divertía.

Era un poco solitario, no me gustaban las fiestas. Navidad, año nuevo y esas cosas las pasaba algo triste. Nunca entendí porque esos días me ponía así.  Como dije era romántico y a la vez no.  Debo decir que en mis 29 años, si bien había estado en varias relaciones, en ninguna realmente había sentido amor. Un poco triste, pero es la verdad.

Todos los jueves iba a mi florería, pasaba por esa cafetería y siempre estaba ella ahí, sonriéndome. Yo sonriéndole. Era inercia, era atracción, era una cosa inexplicable. Sin embargo, no le podía hablar. No le podía decir ni una palabra. Cada jueves que pasaba, más entraba en mi cabeza esa sonrisa.  Más entraba en mi corazón.

¿Una simple sonrisa? me volvía loco, que patético. Ni siquiera sabía su nombre y ya pensaba en un futuro para nosotros.  Estaba loco me decía, muy loco.  Y entre tanta locura, me decidí. El jueves iría al café y trataría de hablarle.  Me preparé y me puse en marcha. Miles de formas para hablarle recorrían mi cabeza, pero ninguna me convencía.  El día esperado llegó. Arribe al café temprano, me senté en donde ella solía sentarse y la espere.  Pasaron un par de horas y no llegó.

Espere otro par, tuve que almorzar porque sino me corrían y cuando terminé, me dije -"estoy loco, como voy a estar a esperando a una mujer que no conozco y ni siquiera me conoce"- me levanté y me fui.  Decidí no pensar más en eso y volver a la realidad, creo que fue toda una ilusión de mi corazón, de creer en algo más que no sea simplemente la rutina de la vida. Creo que en el fondo de mi corazón, necesitaba ilusionarme, necesitaba creer en el amor.

Llegue a la tarde a la florería, un poco decaído pero con el buen humor de siempre.  Me puse a hacer unos arreglos que había dejado a medias y me concentré en el trabajo.  Fue tanta la concentración, que no me di cuenta que ya eran las 10 de la noche. Me puse a acomodar unas cosas y en ese momento, sonaron las campanitas de la puerta.  -Disculpe, ya cerramos el local, vuelva mañana-  dije y no recibí respuesta.  Me di la vuelta y allí estaba ella.  Sonriendo en frente mío y yo sin una palabra que decir.  - Hoy no pude ir a la cafetería, tuve problemas en el trabajo-  dijo y no le respondí nada.

-Es extraño que este aquí, debía encontrarte - siguió hablando, yo solo me limitaba a escuchar.  Desde que te vi por primera vez, sentí algo,  no se que es pero me hace feliz sentirlo.  Verte y sonreír todos los jueves le daba a mi vida un poco más de sentido, es algo tonto, pero es por eso que estoy aquí.  Yo sentía lo mismo, era increíble, no lo podía creer, pensé.  Me saqué el delantal, y le dije ¿Cómo sabías donde trabajaba?, ella sonrió y me dijo "Hoy te vi salir de la cafetería y entrar en esta florería".  Me había seguido pensé y sin dudarlo, la invite a cenar.  Juntos salimos de la florería.  Y le pregunté ¿Cómo te llamas?, ella con una voz dulce y tierna, respondió, “me llamo Jazmín”.

Este es otro cuento espontáneo, espero que les guste.
Como ya es clásico, pido disculpas por los errores ortográficos y de repetición.  Muchas gracias por leer
Atte: Javier Romero Ulic

1 comentario:

  1. No me gusta el jazmín pero sí tus cuentos, por eso comencé a leerlo y no me quedé solo en eso de que no me gusta esa flor.. Hice bien :) Muy buen cuento

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